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El braille, mucho más que un sistema de lectura para los ciegos (parte II)

El aprendizaje del sistema Braille tiene dos enfoques completamente diferentes: el de los niños ciegos que se inician en este método en el momento de su alfabetización escolar, y el de las personas adultas que recientemente han perdido la visión.
6.- El dominio del alfabeto Braille por los ciegos.


El primero de los casos es muy similar al resto de los niños de su edad, si bien debe añadirse como dificultad adicional la necesidad de adiestrar el tacto para la identificación de los signos al mismo tiempo que progresan en su alfabetización académica. A este respecto, convendría sugerir que los responsables de editar cartillas escolares y libros infantiles aumentasen sensiblemente la inserción de dibujos en relieve y materiales de lectura infantil con contenidos y formatos más atractivos para sus pequeños destinatarios. Puede resultar fundamental para la adquisición del hábito de lectura de quienes el día de mañana serán personas adultas, y les beneficiará haber adquirido la costumbre de leer.

Por lo que se refiere al aprendizaje del sistema Braille por personas adultas, tiene unas especiales connotaciones a las que intentaremos referirnos con mayor detalle:

En la mayor parte de los casos es inadecuado emplear el término "alfabetización", puesto que se trata de personas que sabían leer y escribir antes de su ceguera o que, como ocurre en muchos casos, eran y siguen siendo personas cultas. En último extremo se trataría de personas analfabetas funcionales, por la ausencia o disminución grave del sentido utilizado para esta actividad, pero tal vez debiera emplearse el término "aprendizaje" como más adecuado al de "alfabetización".

En el momento de iniciar el proceso pueden encontrarse con dificultades específicas que les van a exigir un mayor esfuerzo, como por ejemplo su posible infravaloración personal, el temor ante el fracaso o la falta de hábito de estudio.

Además, en el caso del Sistema Braille hay que tener en cuenta también que la velocidad de escritura y de lectura es habitualmente más lenta debido a la falta de información periférica.

Por suerte han pasado los años en que se utilizaba para la enseñanza del Braille a personas adultas las mismas cartillas que se usaban en la escuela para los niños, y se les hacía silabear frases desajustadas del tipo de "mi mama me mima mas", que resultaban un poco llamativas en el caso de individuos adultos o, incluso, de la tercera edad.

Este problema quedó en buena medida resuelto en las Jornadas de Estudio sobre Educación de Personas Adultas convocadas por la ONCE en junio de 1991, a partir de las cuales se publicaron algunos métodos para el aprendizaje del sistema pensados especialmente para el grupo de personas a las que se dirigían.

Anteriormente, en 1969, se había publicado "Alborada", de Blas Garcés Lázaro, que cumplió durante décadas un papel intermedio entre las primeras transcripciones textuales de las cartillas para niños y los materiales más modernos a que nos estamos refiriendo.

En 1993 se publicó Pérgamo Método de Alfabetización para Personas Adultas, elaborado por José Antonio Astasio Toledo, Plácido González Paredes e Ismael Martínez Liébana, que cuenta con una valiosísima Guía Didáctica dirigida a los profesionales de la enseñanza. La obra en sí misma, además de la guía aludida, está formada por tres volúmenes en Braille de fácil manejo, que parte de un primer tomo de prelectura dirigido a la sensibilidad del tacto y el conocimiento profundo del signo generador Braille en sus diferentes componentes y dos volúmenes progresivos en los que, iniciando con las vocales y las consonantes más sencillas en su naturaleza lingüística, pasan por distintos niveles de dificultad y terminan en una selección de textos literarios de la narrativa castellana.

La segunda obra a la que queremos referirnos es Bliseo Método para el Aprendizaje de Código de Lecto-Escritura Braille, de Angeles Sánchez Herrero, cuya tercera edición es de 1999, y está diseñado pensando el adultos ciegos alfabetizados, por lo que, suserada la fase inicial de habituación al tacto, sigue el orden alfabético tradicional en la sucesión de las letras del abecedario, terminando con una serie de lecturas de contenido literario. A este primer volumen le siguen otros tres con entidad propia: Tramo, una colección de sentencias y frases célebres de fácil lectura; Cuento Contigo, una selección de cuentos muy especiales; y un Diccionario Ortográfico, libro que recoge en un solo tomo braille todas las palabras con dificultad ortográfica del español.


7.- El Braille informático.

La llegada de la era de la informática, que ha convertido en entes anacrónicos a quienes hacían del oficio de escribir un medio de ganarse la vida como pendolístas, en contra de lo que muchos pudieran suponer, no ha significado la decadencia del sistema Braille en beneficio de la utilización de síntesis de voz en sustitución de la palabra escrita. Más bien se ha visto reforzado por las posibilidades de las nuevas tecnologías.

Ha encontrado, eso sí, un obstáculo serio que se ha resuelto, me atrevo a decir, de forma sencilla y semejante al modo que hubiese podido emplear Luis Braille en su afán infatigable por descubrir nuevas soluciones a los nuevos retos. A pesar de la increíble versatilidad del signo de seis puntos y 64 símbolos diferentes, las necesidades informáticas exigían la disponibilidad de una tabla de combinaciones sensiblemente superior a las que permitía el Braille, y se hizo necesario añadir dos puntos más a los seis originales con el fin de cubrir adecuadamente los nuevos requerimientos.

El nuevo signo, en dos filas verticales de cuatro puntos cada una en lugar de los tres que tenía el anterior, genera una combinatoria de 256 signos diferentes, suficientes para corresponder con la tabla de signos homologada por la Organización Internacional de estardarización.

Resuelto esto, una vez creado lo que se ha dado en llamar Braille Informático o Braille Informatizado, las posibilidades de imprimir libros, revistas y toda clase de documentos en este sistema han aumentado en tan alta proporción que hubiese sido implanteable hace sólo quince años. Ha permitido, incluso, la fabricación de impresoras braille de uso personal y que muchos centros dispongan de impresoras braille industriales para uso colectivo.

No obstante, los periféricos con salida en braille para la revisión de pantallas de ordenador, hoy por hoy, siguen teniendo unos precios desfavorecedores, que están provocando un retroceso manifiesto en el número de quienes necesitan utilizarlo y no pueden permitírselo económicamente.

Un momento de inflexión para el apoyo del Braille puede ser la celebración prevista Entre los días 16 y 19 de abril del año 2002 en Copenhague (Dinamarca) de un simposium internacional sobre el Sistema Braille en la edad de la informática dirigido a unificar criterios para su digitalización, lo que permitirá el refuerzo del uso de este sistema de lectura y escritura entre los ciegos como el procedimiento más adecuado capaz de proporcionar el máximo grado de información, formación y cultura, y fortalecer su empleo informático para la educación en centros especializados y en régimen integrado.


8.- Conclusiones.

Han transcurrido relativamente pocos años desde la invención del Sistema de escritura para ciegos, sobre todo si comparamos los dos siglos escasos vividos desde entonces con la larga trayectoria de los restantes alfabetos utilizados por la humanidad desde la más remota antigüedad, pero sí ha pasado suficiente tiempo para que puedan analizarse los efectos que su existencia ha significado en la evolución social y cultural de los ciegos.

La razón por la que no se encontró el método adecuado hasta el siglo XIX hay que buscarla en el empeño por descubrir la forma de que los ciegos pudiesen utilizar los mismos signos que el resto de las personas percibía con el sentido de la vista o, en todo caso, descubrir el punto de intersección que permitiese comunicarse a unos y otros con el empleo de algún procedimiento intermedio. Prueba de ello son los muchos sistemas de alfabetos gráficos simplificados para facilitar su identificación en relieve, de los que quedan bastantes muestras en algunas bibliotecas europeas para ciegos.

Un fenómeno de devaluación frecuente del método táctil con claro perjuicio para los afectados, es la elección del código en tinta por parte de los profesionales de la enseñanza en los casos de alumnos con resto visual insuficiente para que le sirva como método de lectoescritura, lo que en algunos caso puede dificultar el ritmo de su formación académica. El sistema Braille debe perder las connotaciones negativas que tiene en los casos de problemas visuales agudos, puesto que el error en la elección del código más acertado puede acarrear consecuencias nefastas en el rendimiento escolar y en la formación profesional de los afectados.

Algunas estadísticas dicen que sólo el diez por ciento de las personas consideradas ciegas o deficientes visuales utilizan el Braille como sistema de lectura necesitando usarlo, y que son algunos menos los que escriben siguiendo este mismo método. En lo que se refiere a la baja lectura puede deberse a algunas de las peculiaridades achacables a la naturaleza del sentido del tacto, pero también a la falta de textos más atractivos para cada edad y la producción apenas testimonial de materiales de carácter práctico, que pudiesen convertirle en un instrumento casi imprescindible para realizar con total autonomía personal un sin fin de actividades de la vida diaria.

Existen, no obstante, apreciables ejemplos de utilización de este alfabeto etiquetando productos farmacéuticos, artículos de alimentación, paneles de mando de ascensores y alguna otra cosa. También existen recetas de cocina en hojas archivables, cintas de tela impresas para diferenciar el color de la ropa personal y etiquetas transparentes para rotular objetos según las necesidades de cada uno, pero es mucho mayor todavía hoy, lo que se podía hacer que lo que se está haciendo. Falta, por dar alguna indicación de relevancia, la marcación táctil de productos de higiene y limpieza y la amplia gama de aparatos electrodomésticos, entre los que algunos representan verdadero riesgo de toxicidad o peligrosidad y, por último, el sector de los billetes y las monedas, que a pesar de los intentos realizados para conseguirlo, todavía siguen fabricándose ignorando el derecho de todos los ciegos y deficientes visuales del mundo de poder manejarlas con soltura y total fiabilidad.

La informática puede significar un importante instrumento en favor de la mayor aceptación y aprovechamiento de las posibilidades del Braille, creando los programas adecuados para el aprendizaje del sistema dirigidos a niños y a adultos, fabricando artículos de pequeño formato y amplia versatilidad con salida de datos en Braille y la urgente consecución de un periférico con caracteres específicos como lector de pantallas a un precio realmente asequible.

Un párrafo separado merece el sector de las impresoras y los tomadores de notas diseñados con el alfabeto para ciegos, cuyos costes distan enormemente de sus equivalentes para personas sin problemas visuales, considerando, incluso, que debieran ser más asequibles que las destinadas al mercado general por dirigirse a un grupo de ciudadanos que los necesitan en mayor medida.

El incremento notable de programas informáticos conversores del texto gráfico en voz sin periféricos de adaptación al que estamos asistiendo en las últimas décadas, podría generar un efecto de retroceso en la alfabetización de los ciegos, debido a la mayor facilidad de interpretar la verbalización sintética en relación con el esfuerzo de la lectura táctil. Al mismo tiempo, los profesionales videntes de las diferentes áreas de la formación, la información y la cultura pueden considerar más ventajosa la inmediatez de los datos en audio, lo que en la práctica representaría la desalfabetización general de los ciegos y, a la larga, la inutilización del Braille.

Finalmente, quiero terminar haciendo una alusión directa a las palabras entrecomilladas con que empezaba estas líneas, salidas directamente del punzón de Luis Braille, a quien muchos creemos que debiera consagrarse el día de su nacimiento como día de celebración mundial por lo mucho que ha supuesto su legado para los ciegos que hemos vivido después de él. El acceso a la comunicación en su sentido más amplio es el acceso al conocimiento, y eso es de importancia vital para que podamos alcanzar el máximo grado de autonomía personal y seamos tratados como iguales. Y nadie duda que la comunicación en su sentido más completo sólo puede conseguirse mediante el uso del sistema de lectoescritura más adecuado a cada individuo como es, en el caso de las personas ciegas o con muy baja visión, el sistema Braille. Debemos de tener esto muy en cuenta los ciegos, y también el resto de las personas que nos rodean. Lo escribió Luis Braille.

 

Referencias

Astasio Toledo, J. A. Pérgamo: método de alfabetización de personas adultas ciegas. Ed. ONCE. 1993.
Birch, Beverley. Louis Braille. Ediciones Sm. Madrid, 1991.
Garcés Lázaro, B. Alborada: cartilla para el aprendizaje de la lectura. Ed. ONCE. 1969.
Roblin, J. Los dedos que leen: vida de Luis Braille. Ed. ONCE. 1971.
Sánchez Herrero, A. Bliseo: método para el aprendizaje del código de lecto-escritura braille. Ed. ONCE. 1989.
Zurita Fanjul, p.: El sistema Braille en el mundo. Revista Integración, n§ 32. Ed. por ONCE. 2000.

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