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Atención y estimulación temprana en discapacidad auditiva. (Parte I)

Los primeros años de vida constituyen una etapa especialmente crítica ya que en ella se configuran las habilidades perceptivas, motrices, cognitivas, lingüísticas, afectivas y sociales que posibilitarán una equilibrada interacción con el medio. Este período del desarrollo infantil es un proceso dinámico, sumamente completo, que se sustenta en la evolución biológica, psicológica y social.
La comunicación nos permite formular y comprender ideas, planificar y adaptar nuestra conducta y comprender las de otras personas.Es importante considerar que la sordera no afecta exclusivamente el desarrollo de la comunicación y el lenguaje sino que al desarrollo de la persona en forma global.
Atención y estimulación temprana en discapacidad auditiva.

Publicado en Extramuros, revista de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación. Año 4, Nº 4. 2005 pp. 36-42.

Los primeros años de vida constituyen una etapa especialmente crítica ya que en ella se configuran las habilidades perceptivas, motrices, cognitivas, lingüísticas, afectivas y sociales que posibilitarán una equilibrada interacción con el medio. Este período del desarrollo infantil es un proceso dinámico, sumamente completo, que se sustenta en la evolución biológica, psicológica y social. En este sentido, la atención y estimulación tempranas tienen la finalidad de ofrecer a los niños con déficit o con riesgo de padecerlos un conjunto de acciones optimizadoras y compensadoras, que faciliten su adecuada maduración en todos los ámbitos que les permita alcanzar el máximo nivel de desarrollo personal y de integración social. Aquellos niños que presentan una situación de privación sensorial, como ocurre con los niños con pérdida auditiva, necesitan mayormente la atención temprana y nuestra legislación les concede el derecho a disponer de los recursos para su tratamiento, independientemente de su condición social o económica. El objetivo es garantizar el principio de igualdad de oportunidades de un sector de la población especialmente indefenso y vulnerable a los efectos de las discapacidades, como es el caso de la población infantil.
Es importante considerar que la sordera no afecta exclusivamente el desarrollo de la comunicación y el lenguaje sino que al desarrollo de la persona en forma global. El desarrollo cognitivo, socio-afectivo y comunicativo-lingüístico, están íntimamente interrelacionados y se influyen mutuamente. En este sentido, si una persona sorda no dispone de un código que le permita comunicar y representar la realidad su desarrollo cognitivo se verá afectado, ello a su vez interviene de forma negativa en el desarrollo del lenguaje. Del mismo modo, los límites en la comunicación generan inmadurez en el desarrollo social y afectivo, dado que la comunicación es una herramienta básica en toda relación social. La comunicación nos permite formular y comprender ideas, planificar y adaptar nuestra conducta y comprender las de otras personas. Como señala Vygotski (1982) el lenguaje es el instrumento de mediación para la acción, responsable de los procesos de homogeneización y enculturación. En definitiva, si la comunicación falla o es deficiente se verá afectado el desarrollo intelectual, la interacción social, la formación del lenguaje y la afectividad.
Nuestra experiencia con personas sordas nos lleva a tomar en cuenta, antes de implementar cualquier intervención, las características particulares de este grupo y cómo dichas características se integran de forma coherente en un programa de atención y estimulación temprana. Como indican Alonso y Paniagua (1995) la intervención temprana debe orientar sus esfuerzos a estimular la “zona de desarrollo potencial” que queda definida como el espacio entre lo que el niño puede realizar por si mismo y lo que puede alcanzar con ayuda de otros.
En primer lugar, se debe considerar que el niño sordo percibe y experimenta el mundo fundamentalmente a través de la vía visual. La vista se convierte en un sentido guía y asume, complementada por el tacto, la función de percibir la realidad que le rodea. Por ello con las personas sordas es especialmente significativo emplear estrategias visuales que faciliten y complementen la comunicación, esto supone aprovechar todos los canales sensoriales que permitan ampliar la información (restos auditivos, tacto, olfato). Un programa de atención y estimulación temprana del niño sordo debe considerar y planificar el establecimiento de estrategias visuales de información, que lo lleven a un mayor contacto con el entorno en que se mueve.

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