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Estimulación de la motricidad fina en niños (Parte VII)

Se comparte la experiencia adquirida en el primer año de vida donde el lactante en compañía del adulto empieza a conocer el mundo que les rodea manipulando los objetos, jugando un papel decisivo en el desarrollo de la motricidad fina, al realizar movimientos de los pequeños músculos de la mano y el establecimiento de una relación óculo-manual, coordinación esencial para el dominio de acciones con instrumentos y se sientan las bases para el desarrollo de la actividad lúdica.
Yaniris Noa Osorio | 15/06/2009
Epígrafe 2

Referentes teóricos que sustentan la preparación de los promotores para la orientación a los ejecutores en la estimulación de la motricidad fina
La labor educacional en Cuba, tiene como reto fundamental: Educar para la vida, para la felicidad, lo que obliga a buscar nuevas vías que potencien este anhelo y gocen de una mejor preparación, lo que incidirá en el desarrollo armónico e integral de un ser humano que dependerá en gran medida de cómo fue educado y atendido en su infancia temprana.

La niña y el niño nacen en un medio social y época determinados, su medio más específico está condicionado por la cultura de su entorno, por las condiciones de vida y educación en las cuales viven y se desarrollan.

Este medio no es una condición externa simple en el desarrollo humano; sino verdadera fuente para el desarrollo, ya que en él están contenidos todos los valores, resultados materiales y espirituales del género humano, que el niño ha de hacer suyos en el proceso de apropiación de la cultura.

Los recién nacidos tienen al nacer miles de millones de células cerebrales o neuronas, entre las cuales se establecen conexiones, llamadas sinapsis, que se multiplican rápidamente, al entrar en contacto el neonato con la estimulación exterior, y que alcanzan el increíble número de mil billones.

Estas sinapsis dan lugar a estructuras funcionales en el cerebro, que van a constituir la base fisiológica de las formaciones psicológicas que permiten configurar las condiciones para el aprendizaje. No sería posible la creación de estos miles de millones de conexiones nerviosas si el cerebro estuviera ya cargado de dichas interconexiones neuronales, si no tuviera la posibilidad de la plasticidad, concepto que es básico en la concepción de la estimulación en las primeras edades.

El sistema nervioso del niño en la edad temprana es muy frágil, su actividad nerviosa superior es muy inestable, y en la actividad analítica – sintética de la corteza cerebral los procesos excitatorios predominan marcadamente sobre los inhibitorios. Esto hace que el niño sea muy propenso a la fatiga, pues aún sus neuronas no poseen una alta capacidad de trabajo y requieren de un tiempo prudencial para su recuperación funcional.

El acelerado y creciente desarrollo que han alcanzado las neurociencias, a través de sus más recientes descubrimientos relacionados con las inmensas posibilidades de desarrollo que posee el cerebro humano en los primeros momentos y años de la vida, unido a la preocupación de psicólogos y pedagogos por la necesaria atención de las niñas y niños, han motivado a especialistas de diferentes latitudes encargados de la formación y desarrollo de las nuevas generaciones a una reflexión más profunda y diferenciada sobre este tema.

El hecho de compatibilizar la atención a la familia y la atención profesional de las niñas y niños, determina la labor que deben desempeñar los agentes extrafamiliares, constituyendo otra de las problemáticas existentes en el terreno de la estimulación y que depende de las condiciones territoriales, económicas, socioculturales y políticas.

J. E. Pestalozzi es considerado como precursor de la educación infantil por la vía no institucional, donde reconoció el papel de la madre en la educación de sus hijas e hijos.

Juan Jacobo Rousseau, en el "LIBRO PRIMERO" dedicado a la educación del niño en etapa preescolar, critica los exagerados cuidados a que eran sometidos los niños desde el nacimiento por las madres o las nodrizas, lo cual limitaban los movimientos de los pequeños. Muchas de esas medidas eran producto de prejuicios de la época, que según él no impulsan al desarrollo de los movimientos, sino a retardarlos, y decía "La inacción y el aprieto en que retienen los miembros de un niño, no pueden menos de perjudicar a la circulación de la sangre y las hormonas, de estorbar que se fortalezca o crezca la criatura y de alterar su constitución." [2]

Criterios de tan destacados pedagogos como A. Comenius, F. Froebel, M. Montessori, A. Makarenko y otros muchos más aseveran lo antes expuesto, añadiendo que esta insustituible y valiosa influencia de la familia se expande y enriquece cuando recibe una orientación especial en beneficio del desarrollo del infante. Considerando que la necesidad de complementar los aportes de la familia con los del saber profesional, es una realidad que va tomando más fuerza en el ámbito y el estudio del desarrollo humano.

De ahí que es necesario retomar los fundamentos teóricos del enfoque socio – histórico cultural iniciado por L.S. Vigotski , seguido por Leontiev, Nina F. Talizina, entre otros autores cubanos como Josefina López y Ana María Silveiro, llevan a pensar en la teoría de la Zona de desarrollo próximo porque es la que enuncia en qué dirección trabajar con las niñas y niños, qué necesitan, y además valorar cómo preparar adecuadamente a los que ejecutan esta actividad, en función de la tarea que le corresponde.

Esta teoría constituye un valioso instrumento para el accionar en la práctica por todos los que desempeñan la misión de educar y fundamentalmente los que laboran en la edad temprana.

Vigotski, señaló además que toda la acción psíquica es inicialmente una relación interpsicológica que se da en el plano externo, con los adultos y el medio social que rodea al niño, y que luego deviene en una formación intrapsicológica, propia e individual, en la medida en que se realiza el proceso de interiorización.

Obviamente esto implica la consideración de las particularidades más generales del desarrollo de los niños de estas edades, pues en la medida que estas se conozcan, asimismo podrá encauzarse la acción educativa que promueva este desarrollo. Y determinar en qué medida unos factores y otros, constitucionales o ambientales, inciden en los momentos cruciales del desarrollo y que son definitorios para alcanzar un sano desarrollo de la personalidad.

El desarrollo de la percepción visual ocurre desde los primeros días de nacido del niño y está muy relacionado con acciones prácticas y externas, según A. V. Zaparozhets. La práctica no se limita al movimiento de los ojos o de los dedos ante el objeto que se percibe, sino que está muy vinculada a diferentes acciones de orientación e investigación, que sirven como forma de comprobación práctica visual de la imagen que surge.

En esta acción sobre el mundo exterior mediada por el adulto, en el proceso de la actividad y la comunicación, se sucede un proceso de interiorización en el que lo externo, lo social, deviene interno, mental, individual.

Ante un siglo que comienza con grandes demandas para los pobladores del planeta, donde las competencias intelectuales y humanas se acrecientan, se impone una estimulación temprana de cada nuevo ser y por ende el máximo aprovechamiento de las potencialidades que poseen las niñas y niños de 0 - 3 años.

Se determinó retomar el concepto que sobre la estimulación temprana han definido varios investigadores:

El análisis realizado por diferentes autores, fundamentalmente, Josefina López, destaca que: "Es la que se organiza a través de programas para su aplicación en los períodos sensitivos del desarrollo; que va a tener un efecto inmediato en la rapidez y sensibilidad del cerebro y como consecuencia, en las cualidades y funciones psíquicas concomitantes, si las condiciones son favorables y estimulantes tendrá repercusiones inmediatas e irreversibles en todo el desarrollo en sentido positivo[3]

La autora considera que estimulación temprana es el conjunto de acciones que se ejecutan con los pequeños desde el mismo momento de su nacimiento, es el intercambio que se establece con sus coetáneos a través de la utilización de los juguetes, objetos y con un lenguaje adecuado a la edad, de manera tal que le permita al niño el estímulo creciente, oportuno y se desarrolle integralmente en correspondencia con su etapa evolutiva.

Coincide a su vez con Josefina López, al referirse a que "los programas de estimulación temprana no solamente resuelven el déficit o carencia en el momento, sino que tienen efectos educativos de larga duración, lo cual está dado, por supuesto, por su aplicación en el momento necesario, por realizarse en los períodos sensitivos[4]

Esta estimulación, como se ha dicho, ha de ser adecuada, sistemática, continua, gradual, diferenciada, bien dirigida cualitativamente. Y por supuesto, ha de incluir todo aquello que es indispensable al desarrollo del niño y de la niña, en la esfera sensoperceptual, afectiva, cognoscitiva, lo motor, la formación de hábitos y organización de la conducta, lo sociomoral, lo motivacional, en fin, constituir un verdadero programa de estimulación científicamente concebido, culturalmente pertinente, en correspondencia con los objetivos sociales.

Los aspectos que se tomen en consideración para el desarrollo de la estimulación temprana están en estrecha relación con lo que ha de ser esperable en cada momento del desarrollo, y han de partir de sus determinantes, no pudiendo consistir en una simple relación de áreas o dimensiones a estimular. Por ejemplo, se sabe que durante el primer año de vida, sus determinantes del desarrollo son la consecución de la marcha independiente, la formación de las primeras palabras, y la realización de las primeras acciones con los objetos.

Estos determinantes, o aspectos más significativos, marcan el desarrollo de la vida, a través de toda su extensión temporal, y caracterizan el contenido de la estimulación a impartir, de esta manera no puede concebirse un programa de estimulación que no contemple estos determinantes, dedicando la mayor parte de sus actividades a estimular a los mismos. Por supuesto, esto no quiere decir que otros aspectos del desarrollo en el período no sean estimulados, pero decididamente, no tiene la importancia capital de los determinantes, que son los que marcan o señalan los logros fundamentales a alcanzar.

Por lo tanto, dosificar la estimulación es un asunto de extrema importancia para la salud del niño, y cuando se excede la resistencia de sus células nerviosas, sobreviene la fatiga y puede causarse gran daño al menor. En este sentido se han analizado programas de estimulación que no hacen la menor alusión al tiempo promedio por unidad de estimulación, y en otros, plantean intervalo sencillamente exhaustivo.

Las investigaciones realizadas en Cuba, sobre régimen de vida, capacidad de trabajo y rendimiento del niño, respectivamente, así como otras hechas en la antigua URSS, revelan datos importantes al respecto. En este sentido se plantea que en los niños del primer año de vida, las actividades estimulatorias por unidad de estimulación no deben exceder de dos a tres minutos, uno a dos años no debe exceder de 7 a 8 minutos, y que en el tercer año de vida, es decir, de los dos a los tres años, no más de 10 minutos. Cualquier exceso por encima no obtiene resultados positivos, y puede causar un efecto muy nocivo y perjudicial para la niña o el niño, por sobrecarga de excitación que excede la capacidad funcional de sus neuronas.

Esto no quiere decir que solamente al lactante en el día se le pueda estimular esos dos o tres minutos, sino que por unidad de estimulación, es decir, tiempo de la actividad estimulatoria en cada momento, no ha de exceder dicho margen. Luego se puede esperar la recuperación funcional del sistema nervioso y realizar otra unidad de estimulación, y así en el curso del día, aprovechando los momentos positivos de la vigilia.

En la edad temprana, no se puede dejar de destacar la importancia de las acciones perceptivas y de la adecuada formación de representaciones, para comprender esa parte de la realidad que se pretende hacer conocer aprovechando al máximo la vigencia del período sensitivo de la percepción y el lenguaje. Estos se interrelacionan y se complementan en su desarrollo y formación como cualidades psíquicas; pues la mayoría de las palabras que la niña y el niño aprende, están relacionadas con los objetos, sus características, sus acciones y relaciones.

Se coincide en plantear que aunque la toma de conciencia de esta necesidad es cada vez más plural, unido a una orientación adecuada a la familia, por parte de las ejecutoras y a estas por los promotores, para el cabal desempeño de esta labor, toma cada día una extraordinaria importancia, siendo de interés la estimulación de la motricidad fina, en la que aún existen dificultades en cuanto a cómo planificarla, organizarla y materializarla a través de las actividades que se ejecutan.

Dentro de la estimulación del desarrollo está presente la motricidad fina: movimientos fundamentales de los pequeños músculos de la mano y el establecimiento de una relación óculo-manual, coordinación esencial para el dominio de acciones, instrumentos, así como para el desarrollo de las habilidades intelectuales.

La autora toma como referencia el concepto dado por Olga Franco García sobre motricidad fina: Propiedad que poseen los centros nerviosos de los dedos para provocar su contracción muscular. Motricidad de la musculatura esquelética de los dedos. [5]

El desarrollo motor fino comienza en los primeros meses, cuando el bebe descubre sus manos y poco a poco a través de experimentar y trabajar con ellas, empieza a darle un mayor manejo, al colocarles los juguetes más alejados él trata de dirigirse a ellos y alcanzarlos. Una vez que logra coordinar la vista con la mano, empezará a trabajar el agarre, el cual lo hará inicialmente con toda la palma de la mano, lo que necesitaría objetos grandes, de esta manera va independizando más sus deditos.

El desarrollo de las funciones de la mano se aprecia desde los 4 meses aproximadamente y termina con la consecuencia del trípode manual (postura que adoptan los dedos pulgar, índice y medio para sostener el lápiz) entre los 4 y 5 años; en las manos se encuentra la base de la independencia, le permite actuar sobre el mundo exterior.

Se comparte la experiencia adquirida en el primer año de vida donde el lactante en compañía del adulto empieza a conocer el mundo que les rodea manipulando los objetos, jugando un papel decisivo en el desarrollo de la motricidad fina, al realizar movimientos de los pequeños músculos de la mano y el establecimiento de una relación óculo-manual, coordinación esencial para el dominio de acciones con instrumentos y se sientan las bases para el desarrollo de la actividad lúdica.

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