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"Subir un 6.000 con ciegos te enseña que el límite está en la mente"

El padre del Teniente Coronel Rafael Ayora (La Seu d"Urgell, 1964) ya era militar especializado en montaña. Y Rafael y sus dos hermanos varones siguieron los pasos del progenitor haciendo carrera militar, los tres con la especialización de Alta Montaña. Ayora estuvo en Sarajevo y en el hundimiento del Prestige, pero actualmente es jefe en Betera (Valencia) de la Sección de Operaciones Especiales. Además, pertenece al Grupo Militar de Alta Montaña (GMAM) entre cuyas tareas está acompañar a grandes cimas como el Kilimanjaro o el Mont Blanc a personas ciegas, sordas o con dificultades motrices. El militar conoce muy bien el mundo de la ceguera ya que su hijo tiene una deficiencia visual.

Para la gente de la calle ¿Qué es el Grupo Militar de Alta Montaña?

Se creó en el año 1985 con la finalidad de promover las expediciones de alta montaña y cualificar técnicamente a los mandos que llegan con la titulación de Diploma Superior de montaña. Luego tiene otras funciones secundarias como la promoción del deporte, los programas de colaboración o los proyectos científicos.



Entonces, no sólo es un grupo militar. Su labor es más amplia ¿no?

El grupo es militar porque para ser miembro tienes que ser de las fuerzas armadas, del ejército de tierra. Pero todas nuestras expediciones tienen un componente o bien científico, de investigación, de colaboración social. Los primeros con los que empezamos a colaborar y con los que seguimos mayoritariamente colaborando son ciegos y deficientes visuales.



Han acompañado a la cima a personas ciegas, sordas o con dificultades motrices ¿éste es un reto mayor?

El reto es para ellos. Para nosotros es una doble satisfacción y también doble responsabilidad. Cuando guías a una persona en montaña tienes la responsabilidad de ser su garante técnico. Si esa persona, además, tiene dificultad o una limitación física o visual tú se la tienes que suplir.



¿Han recibido algún tipo de formación para trabajar con estas personas?

En la primera colaboración, en 1985, lo primero que hicimos fue formarnos. Nos pusieron una máscara durante 48 horas y fuimos ciegos desde para andar, hasta para ir al baño o comer. Así te das cuenta de lo que es ser ciego. Porque, además, en las expediciones no eres su compañero durante las 10-12 horas de la escalada, sino las 24 horas del día. Desde que lo recoges en el aeropuerto hasta que lo dejas con su familia.



¿Y han probado subir la montaña con los ojos tapados?

Sí. También soy profesor de esquí de ciegos y cuando te pones las gafas por primera vez y pierdes las referencias no te queda más que lo que percibes con los pies. Te pones en su piel. No ven, pero todo el resto lo tiene súper desarrollado.



Y tienen a sus espaldas unos cuantos 6.000 ¿Cuál fue el más bonito?

Ha habido muchas expediciones bonitas, pero quizá la primera es la que más te marca. Tuve la suerte de romper el techo de los 6.000 con ellos. Lo habían intentado varias veces sin conseguirlo. En el año 2003 nos fuimos al volcán Paranicota, entre Chile y Bolivia, y ascendimos sus 6.400 metros. Era la primera vez que el grupo lograba romper la cota de los 6.000 y eso significó muchísimo. También fue bonito el Damavand, en Irán. Es el volcán más alto de Asia y era la primera vez que iban chicos y chicas. Y ahora estamos gestionando la posibilidad de hacer algún 8 mil.



¿Cuál es la labor concreta del GMAM en estos casos?

Antes de salir hacemos el análisis de la expedición, estudiamos todas las propuestas que recibimos, analizamos la viabilidad y la seguridad de esa montaña y damos o no el Ok. Ya en alta montaña, el grupo proporciona el guiado de los ciegos o deficientes visuales mediante una barra direccional que lleva el guía y a la que van cogidos los escaladores ciegos.



Supongo que hay que tener unas aptitudes… No todo el mundo vale…

Hace falta una gran humanidad. Sinceramente, hay quien ha ido alguna vez y que ha vuelto diciendo que ha sido una experiencia pero que lo ha pasado mal. Nuestras ascensiones con ellos son menos complejas pero tienen otras dificultades: son 24 horas de expedición. Y llega un momento en que las relaciones forjan unos lazos increíbles. Yo guío a un chico que se llama Antonio y la confianza que tenemos es tal que un día que lo operaban en Madrid en vez de entrar en la operación alguien de su familia, me pidió que entrara yo.



¿Usted ha aprendido a escuchar y a oler la montaña como hacen ellos?

En alta montaña cuando llegas a la cima has hecho la mitad del trayecto. Arriba tienes la gratificación de la visión, pero ellos no lo ven y lo primero que te preguntan cuando llegan a la cima es: "¿qué se ve?". Tú se lo describes y ellos se hacen su imagen en la mente. Y muchas veces la montaña huele: huele a niebla, por ejemplo. A mi me han dado lecciones desde el primer momento. Recuerdo que en Damavand los chicos se emocionaron y a mi eso me tocó el corazón. He visto compañeros que son auténticos mármoles, tíos duros que han hecho 8miles, llorando como una magdalena. Y es que piensas: ¡¿Cómo es posible que esta chica haya sido capaz de llegar hasta aquí con el esfuerzo que a mi me ha costado?! Te enseñan que el único límite que hay es la mente.



¿La gente debería tener menos miedo a sus limitaciones?

La única limitación de verdad la da la propia persona y ellos nos lo demuestran todos los días. Si se proponen hacer algo, lo hacen. Y son muy conscientes de sus capacidades. No existen barreras para ellos.



Y ¿hay más barreras en la montaña o en la ciudad?

Arquitectónicas probablemente haya más en la ciudad. Pero la montaña no se puede preparar ni se pueden hacer rebajes para salvar los desniveles. Si hay una pared y la ruta va por ahí, tienes que pasar por ahí, no lo puedes rebajar… sería desvirtuar la montaña.



Usted sabe por experiencia personal lo que es una deficiencia visual.

Sí. Tengo un hijo deficiente visual. Pero yo empecé a colaborar con la ONCE antes. En España hay más de un millón de personas con deficiencia visual y hay tres categorías: B1, B2 y B3. Mi hijo está en la B2, que son los que tienen, como máximo un 10% de visión con gafas. Tiene 14 años y está en el equipo nacional de tecnificación de esquí alpino y preseleccionado para Vancouver 2010. Y en la rama de montaña está empezando porque todavía es un niño y la montaña es dura.

http://www.lavanguardia.es
9/12/2008

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