Luis Fernando Díaz (La Laguna, 1962) es uno de los directivos de la Organización Nacional de Ciegos de España (ONCE) que utiliza a diario el transporte público para desplazarse por el área metropolitana de la Isla. Nació en el seno de una familia con cinco hermanos, dos de ellos también ciegos, y en la que Luis Fernando comenzó a perder capacidad visual a muy temprana edad, hasta que, con tan sólo nueve años, se quedó totalmente ciego. Desde entonces, lucha a diario por mejorar la integración en la sociedad de las personas con deficiencias visuales, aunque lamenta que "constantemente hay que demostrarle a la gente que puedes hacer cosas".
-Entre las mejoras que supondría la instalación del tranvía siempre se vendió por parte de las autoridades que era un transporte accesible, ¿de verdad lo es?
-Antes de ponerse en marcha el tranvía, MTSA contactó con la ONCE para pedir consejo sobre diseños de accesibilidad. Son muchas las cosas que se hicieron: la franja para guiarte con el bastón, la orientación en las paradas para deficientes visuales, los mensajes auditivos dentro del tranvía. Se trabajó mucho y se ha ido mejorando. La última aportación ha sido poner la palabra "Abrir" en braille en el botón de las puertas. Son mínimos detalles que facilitan la vida diaria de la persona con dificultades visuales. La megafonía es muy importante porque te dice si el andén es central o no, algo que para nosotros es muy importante. Todas estas cosas se han ido mejorando y somos los usuarios los que debemos de manifestar las mejoras. Siempre han sido receptivos con nuestras peticiones y han intentado mejorar. Es mucha la gente con distintas discapacidades.
-¿Cómo podría mejorar en este aspecto el tranvía?
-Tal y como está ahora se puede utilizar sin mayores dificultades. En horas determinadas, por motivos de seguridad, no abren todas las puertas y el acceso a ellas no siempre es fácil porque el tranvía no frena siempre en el mismo sitio y si te despistas un poco se va y no te da tiempo a subir. La franja en relieve también la han puesto a lo largo de toda la parada, lo que nos facilita el movimiento porque no nos desviamos ni a un lado ni hacia otro. Además, en la parada de Plaza Weyler han puesto un panel informativo en braille sobre las paradas, horarios y demás.
-¿Este esfuerzo lo lleva a cabo también Titsa?
-Titsa tiene que mejorar hasta en el propio diseño de las estaciones, que para nosotros son un auténtico laberinto en el que es complicado orientarse. También hay que pensar en el que coge el transporte público por primera vez porque el que lo coge a diario, aunque sea a fuerza de equivocarse, se termina aprendiendo el recorrido. Dentro de las guaguas, aquellas que tienen megafonía para avisarte de la parada, suenan justo cuando ya pasan por la parada y, claro, no le vas a decir al conductor: ¡Oye, párate que es que no sabía que estaba aquí! De todas formas, los conductores suelen ser muy gentiles, pero tampoco hay que depender de eso. Por otro lado, los contactos con Titsa para mejorar la accesibilidad de personas ciegas ha sido menor.
-Las personas con dificultad visual, ¿realmente usan el transporte público?
-Ahora se usa bastante, sobre todo desde la instalación del tranvía. Aunque es verdad que si necesitas desplazarte a 3 ó 4 kilómetros de La Laguna o Santa Cruz el transporte público no funciona como quisiéramos, pero no sólo para nosotros sino para todo el mundo. Evidentemente, nosotros dependemos o de un familiar que nos lleve o del transporte público. Para nosotros el tranvía ha supuesto un alivio importante, ha sido un antes y un después en nuestra integración.
-¿Les ayuda a llegar a los puntos de venta de cupones?
-Sí, mucho. Hay muchos afiliados que también son gente mayor y que necesitan de un transporte fácilmente accesible. Dese cuenta de que en la Isla hay alrededor de quinientos puntos de venta.
-Sin embargo, la Isla es mucho más que el área metropolitana, ¿existe un agravio comparativo en cuanto a transportes se refiere?
-Desde luego. Si finalmente se construyen los trenes del Norte y el Sur supondrá un gran avance para todos y, desde luego, para las personas ciegas o con graves deficiencias visuales también. Este tipo de transportes guiados son muy fáciles a la hora de aplicarles criterios de accesibilidad. Donde el transporte es pobre nos afecta a nosotros doblemente. Por eso todas las personas con deficiencias visuales preferimos vivir en el centro, donde no necesitamos coche para desplazarnos y tenemos todo a mano.
-¿Se ha mejorado en la accesibilidad a los edificios públicos?
-Dicen que la primera barrera no es la arquitectónica sino la mental, que no crea que es fácil de superar. Cuanto más lejos estén las personas de este problema menos prioritarios serán los criterios de accesibilidad en las ciudades. En lo que sí se ha mejorado, algo que también ha supuesto una larga lucha, ha sido en que los gestores públicos comprendan que ciudadanos somos todos, tanto los que suben por una escalera como los que necesitan una rampa. A veces parece que es incompatible la accesibilidad con un diseño bonito. Parece que para que una ciudad sea bonita debe tener adoquines, mucho mobiliario urbano y da la impresión de que el plan Urban se ha pasado en este aspecto. Al fin y al cabo la calle es para caminar. En sitios apropiados están bien los árboles y los bancos, pero, a veces, hay aceras en las que casi no puedes caminar porque en un lado hay una farola y en el lado contrario un árbol. Luego, están los conos esos que han puesto en los pasos de peatones para que los coches no pasen.
-Sin embargo, poco a poco las ciudades van teniendo más en cuenta a este tipo de colectivos. Santa Cruz, por ejemplo, ha instalado recientemente varios semáforos acústicos.
-Sí, eso es una ayuda. Otros ayuntamientos como el de La Laguna tienen que ir copiando eso. Por ejemplo, para cruzar la avenida de Los Menceyes hay que tener mucho cuidado porque los vehículos van a demasiada velocidad. Además, La Laguna es una ciudad universitaria donde viven muchos estudiantes, algunos con discapacidad. Se ha convertido en la máxima referencia del área metropolitana a la hora de pasear.
-¿Se les tiene en cuenta a la hora de planificar las obras en las ciudades?
-Ahora existen muchas normas en cuanto a vallados y obras, no sólo para personas ciegas sino también pensando en personas mayores. La integración es para todos: para una mujer embarazada, una persona que se parte una pierna o un discapacitado visual.
-La mejora del transporte también redunda en la independencia de las personas ciegas.
-La integración no sólo parte de quien te la da, sino de uno mismo. A veces el tranvía está ahí y no se usa. Sin embargo, hay personas que antes no salían o lo hacían poco y ahora lo hacen mucho más. Los medios de transporte público son los que a nosotros nos dan independencia. También puede ser otra salida la ampliación de nuevas iniciativas como la del taxi compartido que ya se está llevando a cabo en Candelaria, eso es un alivio para el bolsillo. Está claro que las guaguas no pueden llegar a todas partes.
-¿Cómo valoraría, en general, la accesibilidad en la Isla?
-En ciudades como Madrid o Barcelona, el metro está muy bien adaptado aunque también es verdad que allí las obras están por todas partes. Yo creo que Tenerife ha mejorado mucho. La peatonalización de las calles ha mejorado el acceso de personas invidentes a los centros de las ciudades. Eso sí, los adoquines no nos facilitan el trabajo de guiarnos mediante el bastón. Personalmente pienso que los adoquines pueden ser bonitos pero no facilitan la accesibilidad a nadie.
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6/09/2009