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La mente de los niños también se enferma.

Empecemos con un dato: los niños y adolescentes representan el 45% de la población y, según el psiquiatra Guillermo Rivera, uno de cada cinco tiene algún trastorno mental o de comportamiento. Hasta hace poco se creía que los problemas mentales aparecían en la edad adulta.

Los indicios que se mostraban durante la niñez y la adolescencia eran —y aún lo son— generalmente ignorados. “Se porta mal”; “no hace caso a nadie”; “todo lo destruye”; “no puede concentrarse”; “no duerme este pelau”; “come demasiado”. Todo eso se trata de corregir a punta de disciplina, y además mal entendida. Así se enmascaran problemas como trastornos conductuales y emocionales, desórdenes de ansiedad, tics, trastornos del aprendizaje y el comportamiento, abuso de alcohol y sustancias, depresión y suicidio.

Rosario Martínez, presidenta del capítulo de psiquiatría infantil de la Sociedad Boliviana de Psiquiatría, también comenta que se suele creer que los niños no padecen problemas mentales que parecen propios de adultos. “Lamentablemente, lo poco que se ha escrito sobre el tema no es de mucha ayuda, así que los simposios y encuentros son importantes”, sostiene.

Se cree que no se deprimen porque son chiquitos —dice la psicóloga Marion K. Schulmeyer—, pero lo hacen, y piensan que la salida es matarse. ‘Si dejo de vivir, no siento más’. Es un riesgo”. Hay, desde luego, factores que predisponen la aparición de estos problemas. Los estudios muestran que una familia en crisis, por ejemplo, es uno de esos factores. Aunque lo mejor es tener una familia intacta y no conflictiva, las separaciones ocurrirán siempre. Una familia intacta y conflictiva es más perjudicial que una familia separada y sin conflictos. “Lo que más hace daño a los niños es presenciar esos problemas, porque genera varias condiciones en ellos.

Cuando son muy niños, hasta los seis años, se perciben como culpables de cualquier problema, porque tienen pensamientos egocéntricos. Les cuesta ver que los demás (los padres) tengan otros motivos para separarse que no sean los hijos. Hay que ayudarlos a entender que ellos no son culpables de la separación”, afirma la psicóloga.

En las situaciones de conflicto, además de las ideas de muerte, se forma un cuadro de depresión y aparecen problemas de agresividad con los compañeros. Es lo que se llama ‘conductas externalizadas’. Otros —completa la experta— se quedan calladitos, se pueden deprimir o sentir mucha ansiedad.

El termómetro más importante para detectar estos problemas es el colegio. El rendimiento escolar baja y en la adolescencia aparece el abuso de sustancias. En los varones puede iniciarse el alcoholismo, uso de drogas, agresividad y, en los peores casos, delincuencia. “En las chicas tiende a haber más depresión, angustia y conducta promiscua. Las consecuencias son embarazos no deseados y, en el futuro, no tendrá madurez para mentener bien a una familia. Los niños con padres violentos se identifican con el agresor y algunas niñas reproducen el papel de víctimas. Por eso es importante empoderar al niño, ayudarlo a entender la realidad, es decir, la conducta de sus padres”, aconseja.

Lo peligroso es que, como explica Rosario Martínez, los padres explican estos procesos con frases como “está en la adolescencia” o “su padre era así”. Todas estas frases las ha escuchado Rosario Martínez.

No es necesario que la familia esté en proceso de separación para que aparezcan los síntomas, porque los padres pueden estar dentro de la casa pero mentalmente preocupados por el trabajo, por la comida del día siguiente, por lo escaso de los salarios… en suma, viviendo una realidad ajena a la de los hijos, que están prácticamente en el abandono. “Por eso buscan apoyo en otros adolescentes, que es como si dos ciegos traten de ayudarse”, comenta. La consecuencia, según detalla, es la de adultos que no podrán insertarse en la realidad adecuadamente, y no tendrán las herramientas para superar problemas.

FALTA PENSAR EN AULAS

En Santa Cruz hay preocupación por el tema y los profesionales adquirieron mucha experiencia, pero son pocos los que tienen una formación específica en psiquiatría infantil o en psicología infantil, como asegura Guillermo Rivera. Por eso recurrieron a expertos extranjeros y realizaron, hace tres semanas, el primer Simposio sobre Salud Mental Infantil. Estuvo presente, por ejemplo, Laura Viola, psiquiatra infantil y jefa de posgrado de una universidad en Uruguay. Su labor académica y profesional la ha convertido en la voz más autorizada sobre el tema en su país. El venezolano Edgard Belford, presidente de la Asociación de Psiquiatras de América Latina (APAL), también estuvo presente y alrededor de 200 inscritos aprovecharon sus conocimientos.

Como señalan los expertos, faltan lugares de formación y también, una mayor democratización de los servicios psiquiátricos y psicológicos. En Brasil y Chile se han instalado estos servicios en las postas de salud para que los pacientes no hagan grandes desplazamientos. Eso también ha ayudado —afirma Rivera— a superar el estigma de que la atención de estos especialistas es sólo para ‘locos’.

La dimensión del tema es grande. Hay decenas de detalles que se ignoran; por ejemplo: si una gestante tiene problemas de depresión y ansiedad, el niño tendrá menos peso al nacer y hay posibilidades de que sea más impulsivo. En los países desarrollados, un 10% de las personas requiere que su salud mental sea asistida; mientras que en los subdesarrollados, hasta un 40% necesita apoyo profesional. “No sólo hay que ocuparse de lo físico: leche, vacunas o frutas, sino también de las raíces. Hay que ocuparse de la salud emocional”, sugiere Rivera.

Sin embargo, hay trabajos que se están haciendo. En el hospital Japonés empezó hace dos meses un estudio que ya ha detectado la presencia de un 15% de casos de depresión; en La Paz, un neuropediatra de la Caja Nacional está llevando a cabo otro estudio sobre hiperactividad y en Santa Cruz, un grupo de médicos, con Alcira Schlusselberg a la cabeza, estudió el llamado TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad) en 25 colegios cruceños y encontró que hasta el 5% de los niños presentaba los síntomas.

En Sucre, según cuenta María Eugenia López, psiquiatra del Instituto Pedagógico Ciudad Joven San Juan de Dios, se hizo un estudio en el que 50 familias fueron evaluadas durante dos años. Todas habían tenido experiencias de migración. Como consecuencia de esta desintegración familiar, los migrantes presentaron depresión y estrés postraumático. Los niños y adolescentes tuvieron manifestaciones de intranquilidad, angustia, aislamiento y baja autoestima. “No se llevaban bien con los familiares, no querían asistir a sus fiestitas y algunos tenían baja autoestima”, explica.

El grupo de Sucre realizó terapias de abordaje para concienciar y ubicar a las familias en su ámbito social. Según la profesional, a la gente que ha migrado no se le dice que está deprimido, porque existe aún una barrera para comprender claramente el significado. Lo que ha resultado útil son los grupos terapéuticos. Se trató así, por ejemplo, la sintomatología de niños deprimidos (que se muestra ya desde los dos y cuatro años), que empiezan a orinar, a tartamudear o a llorar constantemente.

El diagnóstico es importante. “Es muy útil que nos llame la atención el pediatra o el médico familiar. Incluso los pediatras que leen pueden iniciar el tratamiento”, dice Rosario Martínez, aunque aclara que el diagnóstico diferencial le compete al psiquiatra que trata con niños, puesto que la patología no se presenta de la misma forma que en el adulto, que puede verbalizar sus ideas: “Me quiero morir”, “Estoy aburrido de la vida”, “Desearía descansar”, etc.

Incluso pueden escapar del hogar, en cambio el niño no puede hacerlo y, al no poder verbalizar, entonces somatiza. “Empieza a tener diarreas, estreñimiento, vómitos y dolor de cabeza”, explica. Con apoyos diagnósticos, los médicos pueden detectar incluso niños con síndrome bipolar, que se caracteriza por cambios de humor. “El niño bipolar es irritable y caprichoso.

Si un niño sin el problema obtiene lo que quiere, la rabieta pasa, pero el bipolar continúa”, explica Rivera. Si bien hay una base genética cerebral en esta condición, que los médicos consideran seria, hay una excelente respuesta a los medicamentos. Afortunadamente son cada vez más los padres que aceptan el uso de medicación en sus hijos. Así, se están utilizando antidepresivos que ya han evitado suicidios. Hemipramina y fluxetina en niños; citalopram y escitalopram en adolescentes. Para el déficit de atención se utiliza ritalina. El problema está en los adultos, que responden con rechazo cuando se los envía a la consulta psiquiátrica.

Pese a los esfuerzos, aún hay asimetrías. En La Paz hay 30 psiquiatras y en Santa Cruz sólo cinco; en el hospital materno infantil de La Paz, que tiene 80 camas, sólo hay una psicóloga y el servicio de psiquiatría infantil existe desde hace apenas cuatro años. Por eso no es raro que una terapeuta ocupacional formada en Chile, como Laura Carandino, tenga varios cuestionamientos a los procedimientos actuales. Ella es especialista en niños y específicamente en integración sensorial y en el modelo de ocupación humana y neurodesarrollo, conocido como Bobath. “Lo que se suele hacer son manualidades, y la terapia ocupacional no es eso”, dice, como primera observación. Por ejemplo, con Carlitos, de seis años, realiza diferentes juegos repetitivos que lo ayudan a concentrarse. Todos los juegos tienen movimiento. Pero hay otros recursos, como las dramatizaciones, las reproducciones de la vida real y el llamado juego de roles.

Su segunda observación está dirigida al trabajo en equipo, que todavía no se cumple a cabalidad. “No basta con llamar por teléfono y preguntar al otro especialista qué está haciendo”, advierte. Si no hay una planificación clara, los padres recibirán mensajes contradictorios y abandonarán el tratamiento. Además, está el costo: cada sesión con una terapeuta ocupacional cuesta Bs 40, aproximadamente, sin contar con el trabajo del fonoaudiólogo, psicólogo y psiquiatra.

Indudablemente, hay un avance respecto a lo que ocurría hace una década. Pero no se puede esperar que pase otra para ponerse a la par de los países vecinos.

"No es contagioso, no duele, no causa escozor ni lesiones internas(Renato Amonzabel. dermatólogo) "







El Centro de Salud Mental forma psiquiatras desde hace tres años

El Centro de Salud Mental existe desde hace 38 años. Empezó atendiendo a adultos y sigue haciéndolo. Además de esta labor, se ha dedicado a la formación de especialistas. Hay cinco residentes en este momento que están bajo la supervisión de profesionales, como Ronald Jiménez y Elba Soto, que, a su vez, son docentes de su especialidad en carreras de Medicina.



La tarea de formación se cumple desde hace tres años. Además, en este lugar se erigió el único pabellón para atender a niños y adolescentes con problemas de salud mental. El mes pasado cumplió dos años de trabajo. Fue construido con aportes de la ONG Cooperadores Amigonianos de Hellín, apoyados por la Comunidad Castilla La Mancha.

El aporte llegó a $us 400 mil. El año pasado atendió a 5.400 personas; un 18% era de menores de 18 años. El centro hace lo posible por evitar que estos menores se conviertan en adultos con actitud inestable y con un inadecuado control de sus impulsos. Una de las dificultades con las que lidian es que se suele colocar una ‘etiqueta’ a los niños con problemas.

Se les suele estereotipar como las ovejas negras de la familia o como niños difíciles. Por si fuera poco, algunos padres se resisten al uso de medicamentos, porque consideran que se lo está drogando. Actualmente, se está tratando a seis personas menores de cinco años, a 21 de seis a 10, a 16 de seis a 15 y a seis de 16 a 18 años.



Para buscar ayuda

opción: psicoeducación

El Centro de Salud Mental tiene un programa de psicoeducación que provee una combinación de servicios de educación sobre enfermedades mentales, servicios de apoyo a la familia, intervención en crisis y adiestramiento en solución de problemas.



CUÁNDO ASISTIR

Hay diferentes fechas. El costo de la inversión es de Bs 15. Éste es el cronograma: trastorno bipolar, 12, 19 y 26 de septiembre; depresión, los días 10, 17, 24 y 31 de octubre; esquizofrenia, los días 7, 14, 21 y 28 de noviembre. El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) será tratado el 7, 14, 21 y 28 de noviembre. Pacientes y familiares pueden asistir en las fechas indicadas, de 10:00 a 12:00. Más informes en el 3524141 y el 3521925 (Santa Cruz).



tests

Una de las pruebas que se aplica en los casos del trastorno y déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es la llamada escala de Conners. Con anotaciones que incluyen ‘nunca’, ‘algunas veces’, ‘bastantes veces’ y ‘muchas veces’, se relacionan 20 descripciones como ‘Deja por terminar tareas que empieza’; discute y pelea por cosas irrelevantes’; ‘acepta mal las interpretaciones del profesor’; ‘no es bien aceptado en el grupo’; ‘es impulsivo e irritable’. Los valores indican hiperactividad, déficit de atención y trastornos de conducta.

http://www.lostiempos.com
1/10/2009

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