Los trámites de última hora para el inicio escolar incluyeron la visita de un inspector de la Consellería de Educación, durante la jornada de ayer, a los centros Varela Buxán, de Cercio, y Joaquín Loriga, de Prado. El técnico se desplazó hasta estos colegios para solucionar los problemas relativos al transporte escolar para alumnos del centro de Cercio, así como la matriculación del pequeño de O Corpiño con síndrome de West que se inicia en educación infantil del colegio Joaquín Loriga.
En su primera visita, en torno a las 10.30 horas, acudió al centro de Cercio para reunirse con el equipo directivo y representantes del ANPA. En esta sesión se determinó que, finalmente, los doce niños de Lalín que cursarán sus estudios en este centro dispondrán de transporte escolar hasta el recinto educativo. Esta decisión afecta a pequeños de tres y cuatro años, además de a algunos de segundo, cuarto, quinto y sexto de primaria.
Por otro lado, el pequeño de O Corpiño que padece una patología de síndrome de West podrá iniciar hoy, con total normalidad, sus estudios en educación infantil del colegio Joaquín Loriga. Un responsable de Educación mantuvo ayer una reunión con los padres del pequeño lalinense, en torno a las 12.30 horas, para llegar a una solución en lo referente a las atenciones que precisaba el menor para su vida diaria. Como han informado desde la Consellería de Educación, el niño contará con una cuidadora en el centro. Sin embargo, la persona delegada para esta función no podrá incorporarse durante la presente jornadada a su tarea, aunque, según han anunciado, comenzará a realizar su labor junto al niño en los próximos días. Desde la administración autonómica se informa de que, en caso de que este escolar no se habitúe, podría modificarse su situación para lograr su adaptación en el centro.
El protocolo inicial para casos como éste, que implica a niños con necesidades especiales, determina que por cada cinco pequeños de un mismo centro que precisen de este servicio se destinará al colegio un terapeuta pedagógico, incluyendo un profesor de lenguaje por cada quince alumnos con necesidades de este tipo, según han informado a esta Redacción representantes de Educación.
Los padres del niño, de tres años de edad, también comunicaron, con gran alivio, esta decisión de los responsables educativos admitiendo que su hijo podrá disfrutar, finalmente, de los servicios de una cuidadora. Sus esfuerzos por alcanzar una solución al conflicto que beneficie al niño permitirán su integración en un aula con alumnos que no comparten su patología. Para tomar esta decisión, los progenitores consultaron a personal de la unidad de psicología a la que acude el pequeño, quienes determinaron que esta situación podría beneficiar la adaptación de su hijo.
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22/10/2009