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Pocos padres saben lenguaje de señas.

Muy temprano en la mañana, uno a uno llegan los padres de familia de los niños y adolescentes del centro Fiscal de Audición y Lenguaje Enriqueta

Santillán. Van a dejar a sus hijos que tienen discapacidad auditiva y asisten a la reunión en la que les van a explicar la importancia de aprender el lenguaje de señas para poder comunicarse diariamente con sus vástagos.

La charla comienza y al frente de la sala se ubica una de las maestras del centro. Saluda, da la bienvenida y les explica a los presentes sobre el objetivo de la reunión. Las madres y padres se regresan a ver extrañados y después de unos minutos una mujer se levanta inquieta porque no entiende nada. Todo se lo han dicho en lenguaje de señas.

Es allí cuando Susana Mayorga, coordinadora del área de lenguaje de la institución, habla y les explica a los presentes que esa sensación de incertidumbre que sintieron, por unos pocos minutos, es igual a la que viven diariamente los niños y adolescentes con discapacidad auditiva. “Ellos no oyen, no entienden lo que les están diciendo y viven aislados porque no pueden comunicarse con su entorno familiar y social”, especifica.

La profesional pregunta a los asistentes qué palabras conocen en señas y los pocos que saben empiezan a mover las manos. “Quédate quieto”, “come”, “anda a dormir” y “no molestes”, son sus frases.

Y ahí Mayorga identifica un problema. Ninguno de los progenitores es capaz de preguntar a sus hijos sobre su situación y sentimientos.

La misma sensación tiene, Jaime Páez, rector del instituto, quien conoce a muy pocos padres de sus alumnos que se interesan por aprender lenguaje de señas y los que lo hacen, en su mayoría, “son obligados por la institución para mantener a sus hijos en las diferentes unidades educativas”.

Desde su experiencia Páez señala que de sus 210 alumnos, apenas el 30% de los padres acepta la instrucción y la mayoría son madres que se han interesado en aprender este lenguaje.

“Los niños que tienen sordera viven aislados, ya que no entienden lo que dicen a su alrededor y nadie los entiende a ellos. Esta falta de comunicación hace que su avance terapéutico y educacional sea lento y que no avance debido a la carencia de estímulo”, afirma el rector.

Antonia Ayala es abuela de un niño de seis años con discapacidad auditiva total.

Él tenía todas sus facultades hasta los dos años cuando por un accidente dejó de oír.

Durante este tiempo ella nunca ha aprendido señas, pero dice entender “algo, algo” a su nieto y puede satisfacer sus necesidades básicas. De hecho, nadie en su familia conoce el idioma del niño Marlon Esteven Pantoja y a decir de la abuela se debe a la falta de tiempo para asistir a los cursos.

Pero también se nota su despreocupación. “No me serviría para nada comunicarme con Marlon. Tenemos que trabajar y no hay tiempo para aprender lenguaje de señas. Además, haciendo un esfuerzo sí entendemos, aunque el niño no pueda hablar”, indica para intentar justificarse.

El centro Enriqueta Santillán inició un proceso para que la sociedad aprenda cómo comunicarse con los sordos

Pero para Xavier Torres, vicepresidente del Consejo Nacional de Discapacidades (Conadis), no existen excusas válidas pues señala que las personas con discapacidad auditiva, que en el Ecuador son 213.000, no pueden desarrollarse con plenitud y normalidad debido, precisamente, a la exclusión a la que se los somete por el lenguaje.

“Los niños no pueden entrar a escuelas regulares ya que los profesores desconocen el lenguaje de señas; en las calles, locales comerciales y buses nadie los entiende y dentro de su familia son excluidos porque sus padres y hermanos no se dan tiempo de aprender”, reclama.

Incluso Torres sostiene que aprender el lenguaje de señas debería ser una prioridad para todos los funcionarios públicos. “Así como piden que sepan otro idioma para acceder a ciertos cargos, creo que deberían incentivarlos a que aprendan el lenguaje visual, en especial funcionarios que atienden directamente a las personas”.

Una iniciativa para esa enseñanza la impulsa la vicerrectora del Centro Enriqueta Santillán, Marcia Villacís. Ella cuenta que esta institución ha iniciado un proceso para que la sociedad en general aprenda cómo comunicarse con las personas con discapacidad auditiva.

Su primer acercamiento fue con los miembros de la Policía Nacional de la Revisión de Tránsito del Sur.

Con ellos se hizo un curso al que asistieron 30 policías para que aprendan señales básicas. Después, firmaron un acuerdo para que reciban capacitación en lenguaje de señas, pero especializadas en su labor diaria.

Así también, las enfermeras del Centro de Salud de la Mena 2, han sido capacitadas y empezarán un curso continuo el próximo mes.

Teresa Borja, trabajadora del Centro de Salud, reconoce que a la consulta llegan padres con niños no oyentes y se dificulta el diagnóstico porque ni los médicos ni los progenitores pueden preguntarles qué sienten, qué sospechan o qué les duele.

Para ella, dentro de las universidades deberían enseñarse el lenguaje de señas a médicos y funcionarios de salud para que la atención mejore.



“Aprender lenguaje de señas es una necesidad y deberían abrirse cursos para toda la sociedad”.

http://www.telegrafo.com.ec
12/05/2010

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