Lleva aguardando quince meses, pero el dinero no acaba de llegar. En abril del 2009, Belén Sixto Alén, vecina de Cambre, recibió la documentación que acreditaba que su petición de prestación por cuidar de su hijo estaba aprobada. Pero todavía no ha recibido nada. El hijo de Belén, Brais, tiene dos años y medio. Con solo unos días le diagnosticaron un tipo de meningitis muy virulento. Logró sobrevivir, pero las secuelas son importantes y precisa una atención constante. Tiene un implante coclear para poder oír y una válvula instalada en la cabeza que le ayuda a drenar líquido.
Primero le diagnosticaron un nivel de dependencia en grado dos, pero luego un segundo informe lo elevó hasta el tres, nivel dos. Las consultas al médico y las jornadas de rehabilitación para recuperar desarrollo muscular impiden que Belén pueda trabajar para obtener otro tipo de ingresos. «Puede ser que no haya dinero, pero que a veces lo gastan en cosas superfluas. Que lo dediquen a lo que realmente es preciso», explica, consciente de que cuando cobre percibirá también «algunos atrasos».
Cuando dejó de trabajar, Belén comenzó a percibir el paro y luego, durante seis meses, obtuvo la prestación que ofrece el Gobierno central a aquellos que ya han agotado la ayuda por desempleo. «Pero hace unos dos meses que se acabó y ahora ya no recibo nada. Aunque busque trabajo, dónde lo voy a encontrar cuando les diga que tengo que faltar unos días a la semana. ¿Va a pagar un empresario a alguien por no trabajar?», plantea.
Para Belén el esfuerzo es continuo, pero merece la pena porque Brais evoluciona bien. «Ha de ir a rehabilitación y también va al logopeda al colectivo de sordos, aunque está supervisado por el personal del Materno», apunta.
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23/09/2010