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El ocio causa más sordera que la industria pesada.

Dentro de cien años, todos sordos. Aunque parezca mentira, la población tiene más problemas de oído ahora, que vive en una sociedad de servicios, que hace 25 ó 30 años, cuando la economía se movía gracias al empuje de la industria pesada. El actual mundo de ocio está llenando las consultas médicas de pacientes que presentan pérdidas de audición «irreparables» por causas que podían haberse evitado con facilidad. Los más castigados, y los que más se castigan, son los niños.

Las fiestas de los más pequeños se animan con canciones puestas a todo trapo. Los chavales, especialmente los adolescentes, llevan los auriculares tan altos que cualquiera que se cruce con ellos puede acabar tatareando sus canciones. El volumen en el cine también resulta atronador; mucho más en los videojuegos; y los bares, incluso las tiendas de moda, ponen la música a tal nivel que parecen invitar al cliente a marcharse pronto. 'Pruébeselo, pague y deje sitio', parecen decirle.

El mundo es, en definitiva, cada vez más ruidoso. «El oído es el único sentido que nunca descansa. Sigue trabajando, incluso cuando dormimos. Lo terrible es que la gente no entiende el significado de la palabra irreversible; y el daño que provocamos en el sistema auditivo muchas veces lo es». Lo dice Agustín Martínez Ibargüen, profesor de otorrinolaringología y decano de la Facultad de Medicina y Odontología de la UPV, que participará hoy junto al experto en medicina laboral Juan Goiria en el foro Encuentros con la Salud de EL CORREO.

La población, en general, soporta cada vez más ruido, pero son los niños quienes se están convirtiendo en sus auténticas víctimas. Dejan de ser unos bebés y, de repente, pasan de dormirse con la nana de Bramhs a desmelenarse al ritmo del 'Waka-waka' de Shakira. «En una ocasión, tomamos mediciones en dos parques infantiles de Navidad de Vizcaya y el resultado fue alucinante. En un medio laboral está prohibido trabajar con el nivel de ruido que los niños soportan en estos recintos», detallan los especialistas. Un informe del Centro Nacional de la Salud Medioambiental de Estados Unidos concluyó que casi el 15% de los chicos y chicas de 6 a 19 años, uno de cada siete aproximadamente, ya ha perdido audición en, al menos, un oído.

Como una perforadora

La exposición puntual a un ruido elevado no supone una amenaza. El riesgo se corre cuando uno se sitúa de manera continua ante fuentes sonoras que superan los 85 decibelios, más o menos los que emite una película rodada con sonido 'surround' o de alta definición. Niños y jóvenes viven en un ambiente continuo de ruido.

«El asunto no es que un día le lleves al niño a un parque infantil, sino que desde muy pequeños les estamos acostumbrando a asociar el ruido con la fiesta. Ése sí es un problema educativo con repercusiones para la salud», relatan. Juguetes con ruidos estridentes, programas de ordenador con sonido atronador y, lo peor de todo, la tecnología digital, que permite elevar el volumen del equipo sin distorsionar el sonido. El lector de mp3 o mp4 lo aguanta todo, pero el oyente, sin saberlo, se entrena para dejar de serlo. «La graduación del sonido crece de forma logarítmica. Dos no es el doble de uno, sino muchísimo más», describe Martínez Ibargüen. «Hablamos a unos 50 ó 60 decibelios. Si aplaudo, llegamos a los 90 y una perforadora supera los 100». Los reproductores de CD y mp3 a todo volumen también. «Caminamos hacia un mundo de sordos», resumen los dos médicos

http://www.elcorreo.com
14/02/2011

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