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La Helen Keller recibe a chicos con discapacidades múltiples

Mónica Eichler trabaja desde hace 34 años en la escuela Helen Keller y hace 10 que es la directora. Con una frase describe la profundidad del trabajo que realizan a diario: “Ayudamos a los padres para que puedan aprender a disfrutar de sus hijos tal como son, ese es el desafío”.

En la esquina de Azopardo y Florencio Sánchez, de Godoy Cruz, de lunes a viernes en doble jornada, 30 profesionales, la mayoría docentes terapistas, luchan para rasgar el velo pesado que hay entre el mundo de corriente con el profundo universo de los ciegos. Allí, 40 chicos, incluso varios bebés, hacen su esfuerzo ayudados por especialistas para adquirir el manejo básico de su cuerpo, habilidades sociales y culturales.

Otros 45 niños y adolescentes ciegos son apoyados por especialistas de la Helen Keller en escuelas comunes. Ese es el mayor logro, cuando pueden integrarse y permanecer en el sistema educativo general y alcanzar niveles superiores en las universidades. Hay al menos cinco egresados recientes que están cursando carreras en distintas facultades, como Gisela Ruiz (ver aparte), una jovencita que ya está a punto de superar el cuarto año de la carrera de Psicología.

Para otros, en cambio, la ceguera es el menor de sus problemas. “Atendemos chicos con discapacidades múltiples en los que la ceguera es el menor impedimento, se les suman problemas emocionales, deficiencias motoras e hipoacusia. Con ellos hay que trabajar mucho, pero se logran cosas. Todos los chicos pueden. Vos me preguntarás, ¿todos aprenden a leer y escribir? Algunos nunca lo logran, pero sí son capaces de desenvolverse socialmente, entran en contacto con el resto del mundo, pueden contar, participan en talleres de los tantos que hay en la escuela”, dice Eichler, consciente de la diversidad de problemas y situaciones que deben afrontar todos los días y segura también de que su experiencia le permite hacerlo con paciencia y creatividad.

El edificio escolar es enorme y está poblado de señoritas con delantal rojo, trabajando individualmente o con pequeños grupos de chicos ciegos en diversas estrategias de integración. La imaginación es fundamental para buscar una ruta distinta de llegar a estos alumnos y con la marcha se va creando un contenido curricular para cada uno de ellos.

Son 30 docentes, la mayoría son profesores terapeutas en deficientes visuales, psicólogos, terapistas ocupacionales, del lenguaje, maestros de manualidades, de música, de informática especializada, de educación física, de orientación y movilidad (los especialistas que acompañan a los chicos a la calle y les enseñan a usar el bastón). Varios de ellos se dedican específicamente a lo que se denominan “actividades de la vida diaria (comer, higienizarse, mantener una charla formal, brindar el saludo)”, que se aplican en los casos de discapacidades múltiples.

“El Estado, según los gestores, entiende y a veces no. Aquí necesitamos recurso humano, en muchos casos hasta un docente por chico. En muchas oportunidades, las autoridades no comprenden nuestros números”, cuenta la directora.

Eichler fue una de las precursoras, allá por 1986, de la integración en Mendoza de alumnos ciegos a las escuelas comunes. “Nos decían ¡ustedes están locas, qué pretenden! Sin embargo, ahora, tantos años después, no falta quién diga que conoce a tal o cual escuela donde hay uno o más chicos ciegos cursando normalmente. Eso da satisfacción”, relata.

La Helen Keller es “una gran prestadora de servicios para la educación especial”, así la define su directora. “Es importante que los padres que tiene algún chico con ceguera o disminución visual se acerquen, aquí tenemos todos los medios para ayudarlos”, aclara. El aprendizaje del sistema Braille comienza lo antes posible. Una vez detectada la ceguera, los chicos pueden ser recibidos a los pocos meses de vida, porque la estimulación temprana es fundamental.

“Ayudamos al maestro y contenemos a la familia desde que los nenes son chiquitos. Tenemos un equipo técnico para contener a las familias, sostenerlos, explicarles, tranquilizarlos, porque la angustia al principio es muy grande”, explica.

El sistema Braille no está en todos lados. Se ha incorporado en algunos cajeros automáticos, en cajas de medicamentos y en ciertas publicaciones. Diario UNO fue pionero al sacar Contacto, un suplemento de este tipo.

La diferencia desde hace tiempo la marcan las computadoras. En la Helen Keller hace 15 años que trabajan con gabinete de informática. Es una herramienta básica que ha permitido gran independencia a la hora de la búsqueda de conocimientos con los recursos tecnológicos de audiolibros y lectores de pantalla, que permiten una incorporación a la cultura más plena. “La independencia de los ciegos con la llegada de la tecnología nos facilita el trabajo de la enseñanza y les abre a los chicos un camino que antes era inimaginable”, reflexiona Eichler y sus ojos se llenan de esperanza.



http://www.diariouno.com.ar
21/10/2011

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