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Alumnos disléxicos y brillantes.

"Somos disléxicos y tenemos las mismas capacidades que cualquier otra persona, sólo necesitamos otras herramientas para desarrollarlas". Francesc Llorens, Judit de Nova, Marc Gerona y Maria Codina, todos de 18 años, han conseguido llegar a la universidad, o estar a las puertas de ella, pese a este trastorno del aprendizaje. El camino ha sido duro, pero han alcanzado su objetivo y, ya adultos, esperan que su experiencia sirva para que otros estudiantes con dislexia puedan decidir por sí mismos su trayectoria.

Francesc, Judit y Marc estrenaron el tribunal especial para disléxicos que se abrió en la última convocatoria de selectividad. Por primera vez, estos alumnos disponían de más tiempo para realizar los exámenes y no se les contaban las repeticiones de faltas de ortografía atribuidas al trastorno, entre otras cuestiones. Fueron sus madres las que, a base de insistir, lograron que la oficina de las pruebas de acceso a la universidad establecieran unas condiciones especiales para ellos.

"Pedimos igualdad de oportunidades, pero también de obligaciones, no queremos que nos regalen nada ni que nos traten entre algodones, sólo trabajar con unas condiciones justas, igual que al que es miope se le permite llevar gafas", insisten los cuatro. La prueba específica de selectividad fue una victoria en esta carrera por la igualdad de oportunidades de la que hablan. En la educación obligatoria ellos y sus familias han tenido que librar otras batallas para avanzar y acabar su escolaridad con éxito. La primera, que reconozcan su trastorno, lo entiendan y les den las herramientas adecuadas para poder estudiar. La capacidad intelectual de los disléxicos es como la de cualquier otra persona. Aún así, tienen dificultades con el código escrito. Descifran las palabras de forma más lenta, cambian letras o sílabas de sitio, les cuesta secuenciar la información... A muchos alumnos les ocurre algo parecido: los profesores confunden este trastorno del aprendizaje con la falta de ganas por estudiar, o con la poca capacidad del alumno. Francesc, que estudia Marketing y Dirección Comercial en la Universitat Abat Oliva, recuerda cómo, en primaria, algunos compañeros de clase se burlaban de él porque iba más retrasado en lectura. Le diagnosticaron dislexia y a partir de ahí su madre buscó nuevos métodos de aprendizaje. A Marc los profesores le decían que era muy travieso, que no prestaba atención, que no se esforzaba y, ya en la ESO, que mejor no hiciera bachillerato. Ahora estudia Administración y Dirección de Empresas en la Universitat Internacional de Catalunya. Maria, que cursa segundo de bachillerato en el instituto público Icària de Barcelona, tuvo que repetir en primaria porque sus profesores pensaron que, al ser disléxica, le iba a ir bien... Los cuatro han encontrado profesores sensibles que les han ayudado, pero también muchos otros con falta de formación para tratarles. Con todo, lo más importante para seguir adelante y alcanzar el éxito escolar, dicen, ha sido el apoyo de sus familias, que han contribuido a buscar recursos pedagógicos.

Gran parte de los estudiantes disléxicos se desmotivan al ver que no avanzan como los demás si no tienen un seguimiento adecuado y acaban tirando la toalla. Ahora Ensenyament ha puesto en marcha un protocolo de detección precoz de la dislexia en la escuela, pero estos cuatro jóvenes reclaman además que se dote a los centros de medios con los que sí cuentan otros países. A Francesc, por ejemplo, le cambió la vida cuando en 1.º de ESO empezó a utilizar un programa informático que lee con él cualquier texto.

Ahora que se acerca el final del primer trimestre, Marc, Francesc y Judit han demostrado que con una forma de estudiar concreta (más tiempo para escribir, pruebas orales o lectores informáticos) llegan donde todos los demás. Eso sí, han tenido que elegir universidad en función de la que más predispuesta estaba a aceptar su dislexia. Maria se prepara para le selectividad de junio, va a por una carrera científica.

http://www.lavanguardia.com
31/12/2011

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