“Llegué a la música porque el hobbie de mi papá era ser payaso”. Con esta frase, Adriana Bottina rememora su vivencia musical con su padre, su madre y sus hermanos.
José León Bottina trabajaba en el entonces Ministerio de Transporte y en su tiempo libre tenía su ‘Show mágico y musical del payaso Bottina’. “Desde que nací lo vi cantando, bailando, tocando acordeón, piano y guitarra”, afirma la cantante de 34 años, nacida en Palmira, Valle.
Adriana y su hermana Luz Dary acompañaron a su padre en las presentaciones desde los cuatro y cinco años. Allí aprendieron a tocar guitarra y a actuar con él, y con el tiempo bailaron charlestón e hicieron mímica. “La música fue como un juego de niña, igual que cantar en público”, asevera.
Un poco más grandes, empezaron a tomar clases de guitarra y flauta, con un repertorio de música colombiana. Adriana estuvo en la tuna del colegio, en el coro de la iglesia y en obras de teatro.
Antes de graduarse del colegio San Vicente de Paúl, en 1994, participó en la Nota Radioactiva Coca-Cola, que convocaba a jóvenes talentos. “Mi mamá fue la que me animó a concursar. Me dijo: ‘Por qué no hace un demo para que la escuchen’. El que ganara iba a representar a Palmira en el concurso nacional, en el Palacio de Deportes. Gané como solista y grabé mi primer sencillo, Promesas, con Discos Fuentes. Fue muy chistoso, porque estando en el colegio ya sonaba en la radio, y mis compañeras escuchaban la
canción. A mis profesores no les gustaba la idea”, comenta la cantante.
Luego empezó a estudiar música en la Universidad del Valle, pero no terminó por su trabajo como
actriz. Su esposo cantaba en una banda de rock y ahora es su mánager.
Hijo de tigre sale ‘pintao’
Manuela, su hija de un año y cuatro meses, tararea algunas canciones, intenta tocar piano y denota gusto por la guitarra. “Los niños hacen lo que ven hacer en sus padres. Yo llevo a Manuela a algunas de mis presentaciones. Cuando estoy en casa, me comunico con ella a través de la música; cuando vamos al agua, a hacer el almuerzo, a comer frutas, a lavarse las manos. Todo el tiempo estoy entonándole”.
Manuela repite las melodías de su madre. “Manuela imita las notas largas; empezó con la duración y luego con la entonación. Es una niña con muy buen oído. Le hago balbuceo como si estuviera rapeando; aunque no lo hace igual, sí la misma cantidad de veces”.
Adriana define a su hija como una niña histriónica: “Sus manos le ayudan a dibujar la melodía. No sé si va a ser cantante”. En unos años, espera que su hija pueda tomar clases de danza para mejorar la
afinación y el ritmo, y piano porque es algo que siempre deseó aprender.
El impacto sonoro
Leonardo Morales, neurocirujano, psiquiatra, homeópata y musicoterapeuta, afirma que la música es una característica humana. “La reconstruimos, la hacemos, la cultivamos y la amamos. No solo tiene que ver con instrumento musical, también con movimientos corporales y con la voz”.
Según él, la música tiene importantes efectos neurológicos en los niños. En el vientre, los pequeños escuchan los latidos del corazón, la voz y los sonidos que se gestan en el intestino de la madre. Es importante hablarles y ponerles música, ya
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23/01/2012