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Tres de cada diez alumnos del primario y secundario no interpretan lo que leen

La relación entre las nuevas generaciones humanas y la lectura no está dentro de las más amistosas. Con las excepciones que impiden hacer una generalización del asunto, la realidad muestra que la mayoría de los alumnos del nivel primario y secundario tienen problemas para abordar un texto. ¿Qué se entiende por abordar? Como premisa básica, leer de corrido, respetando signos de puntuación y normas de acentuación; y en un nivel más complejo -pero atado al ítem anterior-, comprender lo que dice ese enunciado que tiene ante sus ojos.

Por caso, en la universidad e instituciones de nivel terciario resaltan que uno de los principales déficit con que llegan los alumnos tras finalizar la secundaria es la incapacidad de entender lo que dice un artículo académico. Pueden tener carencias en conceptos de Matemática o de Química. Tal vez de Biología. Pero la gravedad que conlleva la gran dificultad que arrastran en comprensión de textos radica en que no se trata de una asignatura, sino de una competencia que atraviesa todas las áreas del conocimiento.

Consultadas por DEMOCRACIA, docentes con una vasta trayectoria en la enseñanza de lo que hoy se denomina “Prácticas del Lenguaje” (la antigua “Lengua”) reconocen el problema, admiten que es “grave”, y coinciden en varios aspectos respecto de las causas. Enfatizan que “los adolescentes no leen”, apuntan que el hábito de la lectura ya no se inculca en los hogares “porque los adultos tampoco lo tienen” y hablan de “años” de abandono de prácticas escolares básicas. En ese contexto, acuerdan que la posible solución llevará mucho tiempo.



“El nivel es muy bajo”



“El nivel de lectura y de comprensión lectora es muy bajo. Un treinta por ciento del alumnado silabea o deletrea, le cuesta descifrar la palabra o tiene esa lectura vacilante que va y vuelve, entonces eso dificulta demasiado la comprensión. Pero en general, aunque lean de corrido, les cuesta entender los mensajes. Hay un grupo que está en el nivel que corresponde, pero es minoritario, está en el orden del diez por ciento”, dijo María del Carmen Peroni, que este año se retiró de la profesión.

Con una trayectoria superior a las tres décadas en la disciplina, Peroni dio cuenta de la insatisfacción que reflejan chicos y adolescentes ante cada una de las propuestas que se les brinda para enriquecer su bagaje intelectual.

“Para ellos la escuela es aburrida y esa concepción influye para que se haya desterrado la cultura del esfuerzo”, continuó.

Más adelante expresó que la mayoría de los estudiantes muestran una actitud similar a la que se manifiesta cuando están expuestos a un sacrificio mayúsculo: “Lo que nosotros les pedimos es algo terrible: tiene que leer, tiene que estudiar... entonces no lo hacen y listo, total en alguna instancia van a aprobar. `Y bueno, después recuperaré´, es el pensamiento dominante”



“Ni hablar de lectura comprensiva”



Otra referente en el oficio de cultivar el buen uso del lenguaje es Nora Insausti, quien a lo largo de su extensa carrera transitó por numerosos establecimientos de la ciudad y hoy asegura que, como nunca, se agrava cada vez más la tendencia hacia el empobrecimiento de las capacidades para dilucidar el contenido semántico –o sea, el sentido- del material de lectura, ya sea teórico, una novela o un cuento.

“Hay muchos que van al secundario y hasta silabean cuando se les pide que lean, así que ni hablar de lectura comprensiva. Entonces no pueden llevar a cabo un análisis. De todos modos, depende de la dificultad que les presente el escrito. Por ejemplo, un texto académico es chino para ellos, porque no captan el tecnicismo. Esa problemática se observa en siete de cada diez pasos”, afirmó.

Insausti ofreció otro parámetro a tener en cuenta: la escasez de vocabulario que exhiben los chicos y chicas de la actualidad, falencia que tiene su raíz en el poco contacto con los libros. “Antes tenían un léxico aproximado de 15.000 palabras; hoy esa cifra se ha achicado una cuarta parte, deben rondar en el orden de las 4.000 palabras”, estimó.



“Se cambió el eje de la escuela”



Nora Insausti opinó que el déficit en la enseñanza no se circunscribe a un aspecto -como la comprensión de textos, por caso- sino a un problema de gestión que con el tiempo cambió el rol de la escuela.

“El gran proyecto de la institución debería ser enseñar a leer y escribir, pero la construcción de conocimiento se vio corrida” como centro de su misión.

Dice que eso ocurrió cuando los colegios “pasaron a ser lugares de contención”, y en ese contexto afirmó que “hay una promoción importante del facilismo. Hablamos de cultura del trabajo, pero cada vez exigimos menos esfuerzo”.

Nora indicó que “si bien hay cosas buenas (en la elaboración de los nuevos lineamientos desde el nivel central), me parece que la resolución de esos lineamientos, su puesta en práctica, no está bien”. En ese sentido, apuntó: “Sí, la escuela pública debe ser para todos. Ahora, ¿qué entendemos por todos? Me parece bien que se trabaje más para incluir en la escuela a los sectores desfavorecidos, pero si se pierde a la clase media se pierde la heterogeneidad que siempre la caracterizó. Y las capas medias abandonan las escuelas públicas cada vez más”

http://www.diariodemocracia.com
28/06/2012

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