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Mapas cerebrales Nuevos descubrimientos

Con 100 000 millones de neuronas, los caminos de la razón se buscan en mapas que se dibujan con las nuevas técnicas de imagen, como la resonancia magnética y la tomografía de emisión de positrones. Los escaners escudriñan hasta lo más remoto del comportamiento cerebral. Un estudio reciente del Instituto Nacional de Salud Mental, en Estados Unidos, ha logrado ilustrar la maduración del cerebro. La información que llega a través de los cinco sentidos es la primera en establecer circuitos para procesarla. Le sigue el proceso para la ubicación de los fenómenos espaciales. Las áreas donde esto se realiza están en los lóbulos prefrontales.

Investigadores de la Universidad de Yale, han descubierto un modelo informático que parece simular el funcionamiento de la memoria reciente. Se trata de circuitos elementales y no demasiado complejos. Como analogía, lo comparan con el experimento matemático de los seis grados, el número de pasos o etapas, que bastan para que dos personas se pongan en contacto en cualquier parte del mundo, sin que conozcan su dirección. A este modelo de la memoria reciente, lo han llamado “el pequeño mundo”. Funciona para recordar asuntos como los números telefónicos. También se encuentra localizado en los lóbulos prefrontales, donde radica el aprendizaje, la planeación y otras funciones cognitivas superiores.

Esta región del cerebro trabaja con el sistema de estabilidad doble para el almacenamiento de la memoria. Si se permite un flujo electroquímico, los estímulos son registrados. Si esto no ocurre, las neuronas permanecen en reposo. La doctora Sara Solla, de la Universidad de Northwestern, trabaja sobre el modelo y ya lo aplica en redes neuronales simples.

Jordan Peterson, de la Universidad de Harvard, sostiene que los procesos de la creatividad empiezan después de la respuesta inmediata a la memoria reciente. Después de este filtro, las personas curiosas dejan pasar un mayor número de estímulos para ser almacenados, “digeridos” y aplicados en el abanico creativo que va del arte a las ciencias. Sin embargo y de acuerdo con alguna literatura, esta cantidad además de ser selectiva y discriminatoria no tiene por qué ser vasta.

Cuando el doctor Watson conoce a Sherlock Holmes en el laboratorio de un hospital londinense, el detective está ocupado en el descubrimiento de una sustancia que sirve para detectar gotas mínimas de sangre, recientes o antiguas. El hecho era novedoso en 1897, pero el doctor se asombró de que Holmes, un hombre del siglo XIX, ignorara la teoría copernicana, que la tierra gira en torno al sol. Cuando Watson se lo explica, Holmes le dice que tratará de olvidarlo. A la luz de las neurociencias, este cerebro “podaba” lo que no le resultaba útil para su peculiar creatividad. Watson realiza un rudimentario mapa neuronal holmesiano: 1) Conocimientos de literatura: ninguno. 2) Filosofía: ninguno. 3) Astronomía: ninguno. 4) Política: escasos. 5) Botánica: desiguales. Al día en lo que atañe a la belladona, el opio y los venenos en general. Nulos en lo que corresponde a la jardinería. 6) Geología: prácticos. De una ojeada distingue los suelos y a que parte de Londres corresponden. 7) Química: profundos. 8) Anatomía: exactos, pero poco sistemáticos. 9) Literatura sensacionalista: inmensos. Conoce al detalle cada hecho macabro del siglo. 10) Toca bien el violín. 11) Experto boxeador y esgrimista. 12) Familiarizado con los aspectos prácticos de la ley inglesa.

Este mapa era producto del aprendizaje. Podar y almacenar son términos de uso común en las neurociencias, que explican en cierta forma la creatividad, como se explica Holmes a sí mismo, al repudiar el conocimiento heliocéntrico:

“Considero que el cerebro de cada cual es como una pequeña pieza vacía que vamos amueblando con elementos de nuestra elección. Un necio echa mano de cuanto encuentra a su paso, de modo que el conocimiento que pudiera serle útil, o no encuentra cabida, o en el mejor de los casos, se halla tan revuelto con las demás cosas que resulta difícil dar con él. El operario hábil selecciona con sumo cuidado el contenido de ese vaso disponible que es su cabeza. Sólo de herramientas útiles se compondrá su arsenal, pero estas serán abundantes y estarán en perfecto estado. Constituye un grave error el suponer que las paredes de la pequeña habitación son elásticas o capaces de dilatarse indefinidamente. A partir de cierto punto, cada nuevo añadido desplaza necesariamente a otro que ya poseíamos. Resulta por tanto de inestimable importancia vigilar que los hechos inútiles no arrebaten los espacios útiles”.

Fuente:CNI


2/06/2004

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