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Una ciudad sin visión para la ceguera

La escuela Luis Braille, a la que concurren niños ciegos y discapacitados visuales, acaba de cumplir 94 años. LA GACETA festejó ese nuevo aniversario del establecimiento de un modo operativo: recorrió parte de la ciudad acompañando a tres alumnos y a un profesor de esa institución, para vivir en primera persona cómo se las arregla en Tucumán una persona que ha perdido la visión, o que ha nacido sin ese sentido. A lo largo de ese recorrido fueron reiterándose reclamos de los que nuestro diario se ha hecho eco en numerosas oportunidades, con persistencia.

Munidos de sus respectivos bastones blancos, apenas salieron de la escuela, los no videntes tropezaron con las primeras barreras ya en el entorno del establecimiento: veredas rotas; postes de la luz en el lugar inadecuado; bolsas de basura que no sólo dejan expuestos a todos los vecinos al riesgo ambiental, sino que, además, entorpecen la circulación; pavimento en mal estado; elementos constructivos y aleros y ventanas instalados por fuera de la norma; obras de reparación de diversos servicios públicos sin la debida señalización. No se detuvo la atención en la casi nula señalización para personas ciegas en las distintas reparticiones públicas de la provincia, incluidos los hospitales.

En una charla con nuestro diario, los no videntes no sólo fueron enumerando las "trampas" físicas que les depara la ciudad de Tucumán. Todos, en el grupo, coincidieron en que la ciudadanía, en general, no es consciente de cómo vive la ciudad una persona que no puede ver. Por ello, reclamaron que se conviertan en estrategias permanentes acciones de concientización como las que se organizan todos los años en ocasión del "Día del bastón blanco". Lo que ellos plantean es que la concientización sobre la ciudadanía -particulares, arquitectos e ingenieros que diseñan las obras, responsables de planeamiento urbano y personal que opera servicios públicos, entre otros- son una herramienta fundamental para la administración municipal. Un ciudadano consciente de las necesidades de sus semejantes ya planifica y ejecuta atendiendo a esas demandas.

En la producción que desarrolló LA GACETA, funcionarios municipales anticiparon una agenda para las personas invidentes; entre ellas cartelería para las calles en sistema braille, así como la invitación a los vecinos a que reparen las veredas. Los jóvenes que recorrieron parte de la ciudad con periodistas de nuestro diario reclamaron, a su vez, que sean reparados los tres semáforos para ciegos que están instalados en distintos puntos del centro tucumano.

Todas las cuestiones antes planteadas son, por así decirlo, el piso mínimo desde el cual debería partir una política municipal, cívica y provincial sustentable para las personas con discapacidad; en este caso en particular, para invidentes. En Tucumán, las estrategias de señalización para personas ciegas en las distintas reparticiones públicas, incluidos los hospitales, es casi nula.

Si miramos a nuestro alrededor, en países como México hay experiencias inclusivas, participativas, como los paseos en bicicleta en tándem para no videntes, con guías especialmente entrenados. Estrategias de esa índole son un salto virtuoso en el reconocimiento de los derechos de los otros: es el salto de la mera supervivencia a la búsqueda de una mejor calidad de vida para las personas más vulnerables

http://www.lagaceta.com.ar
13/06/2013

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