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Los alumnos no comprenden lo que leen

Como profesores podemos asegurar que, a pesar de las múltiples aportaciones sobre la comprensión lectora, en la práctica cotidiana seguimos utilizando estrategias tradicionales que no dan los resultados que se esperan.

A través de la observación basada en la experiencia docente, se puede afirmar que los alumnos asocian el proceso de lectura al hastío y al aburrimiento; por un lado, por la poca variedad de los textos y por otro, el desinterés, la falta de comprensión y los hábitos rutinarios que repercuten negativamente no sólo en el aprendizaje, sino en una marcada abulia para leer.

El problema del fracaso de los alumnos en la comprensión de los textos, se debe a que no ponen en juego los mecanismos básicos de aprendizaje mientras leen, no piensan mientras leen y no resuelven problemas mientras leen (Sánchez Miguel, 1993).

Actualmente, la enseñanza de la lectura de comprensión sigue utilizando la repetición de modelos tradicionales en donde la riqueza pedagógica se pierde, se ha observado incluso que algunos docentes, en lo relativo al aprendizaje de la lecto-escritura y a la estimulación de la comprensión de textos, continúan utilizando métodos tradicionales e ineficaces.

El trabajo del profesor debe ser el de ir siempre más allá de lo puramente lingüístico o semántico, de aquí la necesidad de incorporar el contexto sociocultural en la práctica de la comprensión lectora.

Desde el inicio del proceso educativo, se busca formar generaciones de lectores críticos, autónomos, que asuman la responsabilidad de su propio proceso de lectura, que vayan más allá de recordar simplemente lo leído, que sean lectores competentes, que diferencien lo importante en una lectura de lo que no lo es, que sepan hacer inferencias, que correlacionen, que discriminen información; todo lo anterior requiere de un arduo trabajo entre profesores y padres de familia.

A los docentes nos corresponde, que se despierte el deseo y el deleite por la lectura, que los estudiantes sean capaces de enfrentarse a cualquier texto en forma inteligente, proponiendo situaciones de producción que planteen a los alumnos el desafío de componer oralmente textos con destino escrito; ofrecer estrategias prácticas y aplicables en donde la lectura, por ser un proceso constructivo e interactivo entre lector y texto, haga posible la participación de las estructuras cognitivas, los conocimientos y experiencias previas, la competencia lingüística, los valores éticos y la vida afectiva del lector, por mencionar algunas.

Frank Smith, (1990) afirma: "En la lectura, interactúa la información no visual que posee el lector con la información visual que provee el texto", y es a partir de esa relación que se construyen los significados. Es decir, la transacción de información del texto con la del lector es la base de la comprensión de lo que se lee.

El reto es que busquemos erradicar la promoción del aprendizaje memorístico y mecanizado que convierte a las aulas en espacios rígidos, en donde los estudiantes progresivamente van alejándose del campo de la lectura. Hay que favorecer el desarrollo personal y sociocultural, y esto sólo se logra generando sociedades lectoras.

Los niños, desde preescolar, llegan careciendo de modelos de lectura, ya que son muy pocas las familias que ofrecen un ejemplo de cultura lectora. Se ha detectado que de acuerdo a la dinámica familiar, los niños pequeños emplean una gran cantidad de su tiempo frente al televisor, en donde encuentran la información visual ya digerida, haciendo que el desinterés y la apatía hacia la lectura aumenten; además, sus ideas acerca de la lectura son influenciadas negativamente por comentarios de alumnos mayores y adultos, que muestran rechazo hacia la misma.

A nivel primaria, se suma el uso de la computadora y la Internet como factores distractores, puesto que convierte a los niños en receptores pasivos de información; por lo que, al trabajar en el aula, les es difícil cuestionarse y consultar en los textos información para la solución de problemas de su entorno. Limitan su curiosidad e inquietud por la lectura y la investigación. Los padres, por su parte, no contribuyen al fomento de la lectura y brindan poco apoyo a los proyectos escolares al respecto.

Al llegar a la secundaria, los alumnos no poseen los hábitos ni los recursos necesarios para efectuar una buena reflexión y comprender las lecturas que se les presentan, generando un círculo vicioso que le impide lograr una lectura eficaz. Ya no quisiera ahondar en los graves problemas que se tienen en los bachilleratos y la educación superior con los llamados "neófitos funcionales".

Cotidianamente observamos cómo los niños y los jóvenes se van alejando de las situaciones de lectura; perdiendo el contacto, el interés y la curiosidad por ser agentes activos del cambio en su entorno, suscitándose una indiferencia generalizada hacia su cultura y su sociedad

http://www.elsiglodetorreon.com.mx
11/10/2013

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