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Dislexia, una cuestión de desconexiones

En muchos casos, recibir un diagnóstico es sinónimo de malas noticias. Sin embargo, para Amanda Torres supuso "toda una liberación". Porque significaba que "no era una vaga", que "no era torpe" que, al contrario de lo que le habían dicho tantas veces, lo suyo no era "cuestión de centrarse y prestar más atención". Lo que a ella le pasaba, y era la primera vez que alguien se daba cuenta, se llamaba dislexia.

"Tenía 18 años y fue porque en ese momento se lo detectaron a mi hermano pequeño. Pensé 'eso es lo que me pasa a mí', eso explica por qué después de tres y cuatro horas delante de un libro, luego saco un dos en el examen", recuerda esta mallorquina que entonces cursaba 2º de Bachillerato.

Torres pensó que el diagnóstico supondría un antes y un después en su formación, pero la realidad es que tuvo que empeñarse mucho -e incluso cambiarse de centro- para que las cosas cambiaran en clase.

"En algunos casos se tomaban el diagnóstico como si les hubiese dicho que tenía anginas", señala Torres. "Al final, conseguí que en clase de inglés o de catalán los exámenes fueran orales y no escritos, pero me costó que algunos profesores entendieran por qué para mí la ortografía es una cuestión tan complicada", remarca esta joven que, derribando muchas barreras, se diplomó en Educación Social.

"La realidad está cambiando, pero parte del profesorado, sobre todo en Secundaria, no está dispuesto o no sabe cómo adaptarse a las necesidades especiales de algunos alumnos", confirma la pedagoga terapéutica Marta García.

De hecho, continúa, la adaptación curricular en estos casos puede ser complicada incluso para los expertos en educación especial "porque no solo hay un perfil en la dislexia y todavía es mucho lo que se desconoce sobre el problema", subraya.

Una investigación publicada en Science esta semana puede contribuir a entender mejor lo que sucede en el cerebro de las personas con dislexia y, por tanto, ayudar a afinar su abordaje en un futuro.

Según este trabajo, liderado por Bart Boets, especialista en Psicología del Desarrollo de la Universidad de Lovaina (Bélgica), las raíces cerebrales de la dislexia podrían ser distintas a las que se pensaban, lo que supone todo un cambio de paradigma.

Las personas con dislexia tienen dificultades para procesar el lenguaje, leer y, en definitiva, para aprender a través de determinadas vías. Esto se debe a un fallo en el proceso a través del cual el lenguaje hablado se transforma en fonemas en el cerebro. Hasta ahora, se pensaba que los disléxicos no hacían una correcta representación mental de los sonidos que escuchaban. Sin embargo, esta nueva investigación apunta a que, en realidad, el problema podría estar en el acceso a estas representaciones que es clave, por ejemplo, a la hora de leer y escribir.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de Boert realizó pruebas de imagen -como resonancias magnéticas funcionales- a 23 individuos adultos con dislexia mientras procesaban distintas palabras. Luego, comparó los resultados con los de otras 22 personas sin el trastorno del neurodesarrollo.

Los patrones de actividad neuronal mostraron que las representaciones fonéticas eran correctas en ambos grupos. Sin embargo, los investigadores se dieron cuenta de en ciertas regiones cerebrales involucradas en el procesamiento del lenguaje había conexiones que sólo fallaban en el cerebro de los disléxicos. Es más, cuanto peor era la conexión, peores eran también las habilidades del paciente a la hora de leer o deletrear.

"Las conclusiones de esta investigación son muy interesantes porque desde hace décadas se pensaba que las personas con dislexia no podían construir bien esas representaciones. En cambio, este trabajo señala que lo que ocurre es que las estructuras encargadas de la codificación de las representaciones fonológicas no se comunican bien o lo hacen de una forma más débil con las estructuras encargadas de acceder a ellas o manipularlas. Era una hipótesis que ya se había señalado, pero que era muy difícil de probar a nivel conductual. Las pruebas de imagen han permitido ahora ver lo que sucede en el cerebro", apunta Marie Lallier, investigadora especialista en ciencias cognitivas del Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje (BCBL).

Con todo, esta experta recuerda que antes de sacar conclusiones definitivas sobre el tema es necesario "replicar estos resultados" y ver si la misma desconexión cerebral ocurre también en el caso de los niños. "Esto es importante porque muchos adultos acaban desarrollando estrategias de compensación que podrían haber influido en los resultados", subraya.

Es una línea importante de investigación, pero no la única, añade Lallier, quien recuerda que "la dislexia es un trastorno muy heterogéneo" y con muchas aristas aún por descubrir. "Por ejemplo se está estudiando mucho también la hipótesis de que en algunos casos existe un problema visual", apunta.

Por su parte Carlos Casas, vocal del comité de Neuropediatría de la Sociedad Española de Neurología (SEN), recuerda que, aunque el "artículo es muy interesante", sus conclusiones no tendrán de momento "ninguna repercusión a nivel clínico".

"De momento, el diagnóstico del problema sigue siendo funcional, con pruebas neuropsicológicas. En un futuro, quizá se encuentre un marcador biológico, una prueba que como sugiere este estudio, permita detectar el problema con mayor exactitud, pero no será algo a corto plazo", concluye

http://www.elmundo.es/salud
9/01/2014

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