El nuevo Centro de Estimulación Precoz —CEP— la gran obra de la Hermandad del Buen Fin, será una realidad pronto. En concreto, en cuanto la Gerencia de Urbanismo dé luz verde al proyecto que ha realizado la arquitecto Carmen Hernández Rey —perteneciente a Urbanismo— y que servirá para no sólo ampliar la capacidad tanto de atención como de dependencias, sino también trasladar éstas a las del convento de San Antonio de Padua, sede de la corporación del Miércoles Santo y que está cedido por la Orden de los Franciscanos desde el pasado año por treinta y cinco años en principio.
Tanto José Ramírez Ron, hermano mayor, como Javier Vega de la Peña, presidente del Centro de Estimulación Precoz, se muestran muy ilusionados por el paso que va a dar la corporación en lo referente al Centro. «Ahora mismo atendemos a unos 350 niños entre cero y seis años, de ocho de la mañana a nueve de la noche en dos turnos de trabajo», precisa Vega de la Peña quien especifica que la idea es, cuando estén las nuevas dependencias, «concentrar más los horarios y adaptarlos a los propios niños y sus familias».
El nuevo Centro de Estimulación será, a decir de José Ramírez, «el proyecto definitivo porque es un proyecto total. Y además estaremos en el convento franciscano, donde se encuentra nuestra sede canónica».
La Hermandad del Buen Fin ha aprovechado las distintas dependencias del convento para diseñar un proyecto mucho más adecuado a las necesidades actuales y de futuro. Así, en la planta baja, junto a la entrada de la iglesia, se ubicará la zona de recepción, un aseo para mayores y niños y el ascensor. En la primera planta irá una sala de formación para los padres donde se impartirán cursos orientativos. «Esta es una labor primordial —argumenta el presidente del CEP—, porque hay que saber cómo tratar a los niños en sus casas. Y también un reciclaje a padres cuyos hijos ya no están en el centro, algo que hasta ahora se viene haciendo en la casa de hermandad», como ha informado a ABC de Sevilla el hermano mayor.
La segunda planta —que, al igual que la primera, bordea todo el perímetro de la iglesia— estará destinada al tratamiento de los niños, con un total de diez salas de tratamiento individualizado más una sala de psicomotricidad, además de la dirección del centro y la sala de terapeutas. Y en la tercera planta, los vestuarios del personal.
Actualmente el CEP tiene una plantilla de 12 terapéuticas —se empezó con tres voluntarios y cuatro niños— y por sus dependencias han pasado ya cerca de 2.000 pequeños. «Cuando empezamos con esta aventura hace 32 años —comenta el hermano mayor— no sabíamos qué iba a pasar porque se trataba de una obra social novedosa y que se salía de las típicas bolsas de caridad. Pero asumimos una obligación de futuro y estamos viendo los resultados. Y no olvidemos que se trata de una obra de la Iglesia de Sevilla».
En el momento de la aprobación del proyecto, calcula Javier Vega que «en seis o siete meses pueden estar concluidas las obras». Hasta el domingo, en el Círculo Mercantil, la exposición de la Hermandad del Buen Fin muestra también la labor del Centro de Estimulación Precoz, la gran obra de esta corporación.
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4/04/2014