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“No existen los «disléxicos» sino niños que tienen dislexia”

l viernes pasado el neurólogo infantil y licenciado en ciencias de la educación Roberto Paterno visitó la ciudad para disertar sobre dislexia, una de las causas más frecuente de fracaso escolar y que, sin embargo, no se conoce demasiado. La actividad, que fue organizada por la asociación civil Aprendamos y se desarrolló en el Ateneo del hospital Orlando Alassia, estuvo dirigida a profesionales de la salud y la educación que trabajan sobre la temática.

En diálogo con Diario UNO el profesional profundizó sobre este trastorno del neurodesarrollo y explicó por qué es imprescindible que sea detectado y tratado a tiempo. “La dislexia es una dificultad que afecta la lectura, la escritura y el aprendizaje, entre otros aspectos de la vida cotidiana, y aunque puede diagnosticarse en los primeros años de vida, la mayoría llega tarde al consultorio de los profesionales que la tratan”, comenzó a explicar el profesional y siguió: “Un niño disléxico es un pequeño que teniendo un nivel de inteligencia promedio y habiendo sido expuesto al nivel de la educación formal durante un período de dos años como mínimo aún no logra aprender como lo hacen sus pares lo que refiere a lectoescritura”.

En ese sentido, el experto explicó que “cuando un niño presenta este tipo de dificultades hay que hacer una especie de diagnóstico para poder determinar si lo que presenta es o no un cuadro de dislexia, porque no todo niño que tiene problemas con la lectoescritura se enmarca en un cuadro de dislexia; puede tener un retraso lector o ser un problema secundario a otro problema de base, como ser déficit de atención o de memoria. Es decir, lo más importante es distinguir el caso para hacer una marcada prevención”.

En esa línea, el neurólogo infantil detalló que “lo más probable es que la docente envíe al niño a un centro especializado para que se proceda a hacer una evaluación en principio y poder ver exactamente de qué cuadro se trata, para a partir de ahí implementar un mecanismo de orden terapéutico referido al propio chico, al acompañamiento de la familia y también con indicaciones claras para el docente”.

—Cuando uno busca información sobre dislexia suele ver imágenes como una letra al revés, por ejemplo. ¿Siempre es así?

—El problema de dislexia no tiene que ver con la percepción, por lo menos en lo que se está estudiando por el momento, donde se está apoyando más la idea de que tiene relación con áreas cognitivas sobre todo en lo que llamamos el procesamiento fonémico, es decir que el niño no capta en una lengua tan transparente como es el español que cada uno de los grafemas representa un sonido y viceversa. Se enmarca más como un problema del neurolenguaje que como una dificultad visoespacial. Es decir que no todo niño escribe en espejo, ni todo niño que escribe así tiene dislexia, porque puede hacerlo solo al inicio de la escritura y luego ya no.

—Se habla de un tratamiento que deben seguir. ¿Puede entonces decirse que es un trastorno reversible?

—En general a los padres no les interesa tanto saber el diagnóstico del niño sino más bien el pronóstico, es decir si va a avanzar y cómo. En ese contexto hay cinco variables que se pueden tener en cuenta a la hora de hacer un diagnóstico del niño. Una de ellas es el grado de gravedad, lo que no quiere decir que un niño que tenga un resultado grave no podrá seguir con el orden escolar, pero sí hay que saber que se le deberá suministrar lo que llamamos apoyos o prótesis para que el mismo pueda evolucionar. Uno de ellos es que alguien le lea, o que el docente le permita hacer las evaluaciones en forma oral, ya que como dijimos los niños con dislexia en realidad adquieren conocimientos pero tienen muchos problemas al momento de expresarlos. Por tanto como la lectoescritura es instrumental para otros aprendizajes, si no se trata a tiempo poco a poco se va transformando en un problema general.

—¿Hablamos de niños porque es abarcativo solo a ellos?

—No, es algo que es persistente a lo largo de toda la vida. Pero hacemos siempre hincapié en los chicos porque de acuerdo a lo que se haya hecho en los primeros años es la historia que tendrá la persona. Con esto lo que quiero decir es que es algo que puede persistir en la adolescencia y aún en la vida adulta, sobre todo en una lengua como el español se puede manifestar como una especie de lentitud para la lectura, y al tardarse tanto en decodificar lo que dice la persona no entiende lo que está leyendo. Igualmente hay que decir que hay profesionales que tuvieron esta dificultad y lo pudieron superar. La cuestión es el momento en que se advierte.

—¿Hay algún ejercicio práctico que los padres puedan realizar en sus casas para ayudar a los niños?

—Primero hay que tener en cuenta que no existen “disléxicos”, existe un niño que tiene dislexia. Entonces hay que hacer una especie de programa personal para cada niño y la entidad educativa es la que debe hacer una guía personal para esos papás. Lo que sí puede dar uno como general son una especie de señales respecto de cómo actúa un niño con este trastorno. Por ejemplo son pequeños que no tienen por sí mismos ningún tipo de acercamiento a la lectoescritura porque comienzan a manifestar un rechazo hacia ella; ya desde pequeños les cuesta mucho decir su nombre; tienen problemas con las rimas, los días de la semana, los meses.

“Ahora –aclaró–, en lo que refiere al propio accionar de los padres respecto al niño, no es algo que aliento porque la dislexia es personal y en tanto ni siquiera se puede hablar de subgrupos sino de personas con historias particularizadas. Hay que ver cuándo se detectó el problema; si hay antecedentes en la familia; si los padres le dieron importancia al problema del niño de forma inmediata o no; si el pediatra lo derivó a quien correspondía o dilató ese paso; si el chico en edad preescolar mostraba características faltándole lo que llamamos conciencia fonémica al no saber, por ejemplo, dividir en sílabas. Por eso especialmente hay que derivar el despistaje temprano hacia los profesionales, docentes y pediatras”.

Es en esta línea y haciendo foco en lo que a tratamiento representa, el neurólogo infantil manifestó: “Desde hace muchos años que atiendo niños con trastornos del neurodesarrollo y en el caso de los pequeños que tienen dislexia hay que decir que el avance del tratamiento debería ser con una frecuencia muy seguida pero en el corto tiempo. Por ejemplo, hacer cuatro sesiones a la semana durante tres meses es mejor que una sesión de 45 minutos por semana en cinco años, pero por supuesto esto es en general, cada chico debe ser tratado en lo particular”.

La entidad local

La asociación civil Aprendamos comenzó a gestarse en junio de 2007 de la mano de un grupo de vecinos de Santo Tomé, padres de niños y adolescentes con diagnóstico de dislexia, que tenían el objetivo de compartir experiencias y aunar esfuerzos para que se conozcan los alcances de ese trastorno.

Gracias a su esfuerzo y el apoyo de profesionales, privados y organismos del Estado, la entidad hoy cuenta con sede propia en esa ciudad, en Iriondo 1.859. Además, y producto de su trabajo, desde 2013 se instauró en la provincia el día 10 de mayo como Día de la Dislexia; en tanto en la semana en la que está comprendido dicho día, se desarrolla la Semana de Concientización sobre la Dislexia.

http://www.unosantafe.com.ar
25/09/2014

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