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Salud mental: 30 años espantando la violencia

Médicos Sin Fronteras (MSF), la organización internacional de ayuda humanitaria que trabaja en la atención a emergencias, en salvar vidas, aliviar el sufrimiento y recuperar la dignidad humana, llegó a Colombia hace 30 años. Desde entonces, hemos atendido, principalmente, a poblaciones que viven en medio del conflicto armado. Esta atención, que arrancó en 1985, estaba caracterizada por la realización de actividades médicas asistenciales y de urgencia, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que cada paciente llevaba una bomba de tiempo en su cabeza: entendimos que muchas enfermedades eran la manifestación de un desequilibrio emocional. La imposibilidad de llorar hacia afuera y sólo poder llorar por dentro permitía la aparición de enfermedades como la gastritis, el asma y las migrañas.

En 1999 empezamos a trabajar en Caquetá, un lugar de una guerra sin reglas. Como MSF tratamos de cruzar todas las fronteras creadas por el conflicto en esa zona de campos minados y de infraestructura derribada. Pero también cruzamos fronteras invisibles como el clima, la selva deforestada, las nubes de glifosato y los océanos de fango. Algunas veces también sufrimos directamente los efectos del conflicto con restricciones de acceso por parte de actores armados, así como robos a los materiales del equipo. Sin embargo, cada músculo y pensamiento estaba puesto en la atención de todas las personas atrapadas en el remolino de la guerra.

Íbamos a las zonas más abandonadas por los servicios de salud en varios municipios del departamento, pero también atendíamos a personas desplazadas en los barrios más pobres de la cabecera urbana de Florencia. En ese entonces atendíamos las necesidades en salud más urgentes, pero sabíamos que faltaba algo. Había que rescatar la dignidad de poblaciones enteras dominadas por el miedo y el silencio y eso sólo se podía hacer restableciendo su salud mental.

En julio de 2004 hicimos un diagnóstico de la situación de salud mental en las comunidades urbanas que atendíamos. Esta evaluación mostró una problemática sumergida de trastornos mentales. Recuerdo una tarde en el barrio Ventilador, cuando una mujer recién desplazada me dijo: “No puedo dormir desde que llegué. Cuando me acuesto estoy paralizada de miedo y siempre vuelve a mí la misma imagen. Mi esposo amarrado de los pies, despellejado vivo, dando alaridos, mientras le echaban ácido en la carne viva”. Lo único que atiné a decir fue: “Haremos todo lo posible para ayudarla a salir adelante”.

Con la realización de este diagnóstico entendimos que la población civil inmersa en la violencia cotidiana del conflicto armado se ve obligada a sufrir en soledad las secuelas psicosociales que este provoca. De esta manera logramos tener, por primera vez como MSF en el departamento de Caquetá, una intervención exclusiva para la atención de los problemas mentales. Esta fue una apuesta arriesgada para la organización. Sin embargo, cuando vimos los resultados positivos nuestros restos de escepticismo desaparecieron.

Desde ese momento, y hasta el 2013, se logró la atención de 10.102 pacientes en Caquetá. Igualmente iniciamos atenciones en salud mental a poblaciones de otros departamentos como Norte de Santander, Putumayo, Nariño, Cauca y Valle del Cauca. También hemos intentado concienciar a las autoridades del Gobierno sobre la necesidad de garantizar la atención en salud mental a poblaciones altamente expuestas al conflicto. Hemos dado testimonio y revelado esas “heridas menos visibles” a través de un informe que lleva el mismo nombre.

La violencia es la principal causa de discapacidad y muerte a edades tempranas en Colombia, pero el trauma psicológico que ésta produce es una sombra que nos rodea, es un arma invisible contra la salud de las personas. Pese a esto, hoy la atención en salud mental es uno de los grandes vacíos de la salud pública en Colombia. Sin embargo, las actividades que MSF ha desarrollado en estos 30 años demuestran que es posible brindar una asistencia psicoterapéutica efectiva, aun en áreas rurales y cascos urbanos.

Nuestros pacientes, héroes anónimos, nos invitan a pensar constantemente cómo cambiar la realidad y nos muestran que la violencia es un fantasma que hay que exorcizar.

*Médico de MSF entre 2002 y 2006.

MSF
15/01/2016

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