Cuando los seres humanos toman decisiones son capaces de evaluar sus propios pensamientos y elecciones, y detectar sus errores. Pero, ¿qué ocurre en el cerebro de un niño? Hasta ahora, los expertos sugerían que los niños menores de seis años no lograban valorar la toma de sus decisiones debido a una falta de comunicación verbal.
Un experimento pionero en bebés de entre 19 y 20 meses demuestra que en realidad expresan su incertidumbre de manera no verbal. La habilidad de pensar sobre el pensamiento se llama metacognición y ya había sido observada en varias especies de animales.
Los niños con menos de cuatro años proclaman que saben cosas que simplemente no pueden saber. Los bebés, por otra parte, indican algo para hacer preguntas sobre ello y esto no podría ser posible si no entendieran que lo desconocen.
Anteriormente se creía que los niños desarrollaban esta habilidad cuando iban cumpliendo años. Sin embargo, el doctor Sid Kouider, uno de los autores del estudio, y sus compañeros descubrieron qué sucede antes: "Los bebés ya saben cuando no saben algo, y son capaces de señalarlo a sus padres" con el fin de obtener ayuda para solucionar sus problemas.
De acuerdo con un nuevo estudio de Ecole Normal Supérieure de París, Francia, los bebés saben mucho más de lo que parece. Los investigadores del laboratorio de ciencias de la cognición de 'Paris Sciences et Lettres Research University' realizaron un estudio sobre el tema con un experimento que analizaba la metacognición de los bebés sin el uso del lenguaje, es decir, a través de la expresión corporal.
Prueba de memoria
El equipo de Kouider creó una prueba de memoria —no verbal— para determinar si los niños pedirían ayuda para no cometer errores.
Con una muestra de 80 bebés, cada uno debía recordar la localización de un juguete escondido debajo de una de dos cajas colocadas sobre una mesa. Después de un tiempo que variaba de tres a 12 segundos, se pidió a los bebés que señalasen la caja que contenía el juguete.
En algunos casos, los padres o acompañantes podían ayudar al bebé. En otros casos, se les había dado instrucciones de no hacerlo. Cuando los bebés habían visto dónde estaba escondida la pieza fueron capaces de resolver el problema sin recurrir a una fuente exterior en busca de ayuda.
Pero cuando el juguete se ocultó mientras los niños no estaban mirando, es decir que no tenían manera de conocer la ubicación, miraron constantemente a sus padres, que estaban sentados cerca, para resolver el problema.
Estos resultados demuestran que los bebés piden ayuda para evitar señalar la caja incorrecta.
Además, "piden ayuda más a menudo cuando las pruebas son imposibles de resolver, y cuando los plazos de memorización son más largos", según el estudio.
De este modo, los pequeños pueden evaluar sus propias dudas y compartir esta información con los demás para alcanzar sus objetivos.
Los bebés muestran por tanto sensibilidad metacognitiva mucho antes de lo que se pensaba, a pesar de ser incapaces de verbalizarla convenientemente hasta unos años más tarde.
"No solo analizan su entorno físico y social, sino que también pueden examinar sus propios procesos cognitivos", concluye Louise Goupil, otra de las investigadoras.
20 minutos
17/03/2016