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La expulsión de un alumno con autismo reaviva el debate sobre los protocolos de integración

El colegio rechazó las alegaciones de la familia y desoyó a Asperga, que se ofreció a poner a su disposición un profesional para reducir un castigo que ve "contraproducente"

Bloquear la puerta del aula, interrumpir la clase a gritos, pintarrajear los pupitres, tirar del pelo a una compañera, encerrarse en el baño, autolesionarse y proferir insultos y golpear a las maestras. Estos comportamientos le han valido a Diego (nombre ficticio) su expulsión de un colegio coruñés durante tres semanas. A primera vista, el castigo puede resultar ajustado a una conducta gravemente perjudicial para la convivencia en el centro, pero suscita dudas si se tiene en cuenta que el alumno expedientado tiene seis años, cursa primero de Primaria, tiene diagnosticado un autismo atípico y ha visto agravados sus problemas de integración a raíz del cambio de nivel educativo.

La expulsión fue recurrida sin éxito por la familia del menor y también por la Asociación Galega de Asperger (Asperga). En sus alegaciones, la madre tachó la decisión de "desproporcionada" y expresó su temor a que produjese "un efecto negativo". "En vez de fomentar su integración, se producirá un acto de rechazo y aislamiento", sostuvo. La progenitora pidió que se sustituyese el castigo por las medidas recogidas en el protocolo para alumnado con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) y lamentó que la dirección no le hubiese informado de lo que supondría incoar el expediente por procedimiento ordinario.

Sus alegaciones fueron rechazadas. Como también lo fueron las propuestas de la Asociación Galega de Asperger (Asperga), que remitió un escrito al colegio para manifestarle su desacuerdo con un castigo "contraproducente" y brindarle su apoyo para su reincorporación parcial. Este colectivo- que ha suscrito con la Consellería de Educación un convenio para colaborar con los centros docentes en el tratamiento del alumnado con TEA- ofreció al colegio un voluntario profesional para apoyar de manera continuada en el centro a Diego.

La respuesta del centro a las alegaciones de la familia y la Asociación Galega de Asperger no se hizo esperar y fue, en ambos casos, escueta. "Se ha seguido rigurosamente el procedimiento corrector, siendo la familia informada en tiempo y forma. Antes de estas medidas se intentaron otras sin éxito", replicó la dirección en respuesta a la madre.

Igual de concisa fue la respuesta a Asperga. "Este centro posee personal con formación específica, aunque no suficiente para afrontar los problemas de escolarización referentes a este alumno". Pese a admitir carecer de recursos suficientes para atender este caso, la dirección declinó el ofrecimiento de colaboración de Asperga y dejó claro que seguiría adelante con el castigo: "Continuaremos escrupulosamente con el procedimiento indicado hasta la finalización del mismo, tal y como la ley nos indica". La dirección evitó en su respuesta facilitar a Asperga la información que le requirió sobre las medidas previas a la expulsión que había tomado el centro.

La dirección del colegio declinó hacer declaraciones a este medio y la Consellería de Educación se limitó a decir que "la expulsión es una decisión del centro, tomada tras escuchar al Equipo de Orientación Específica y conocer los informes médicos que constan del niño".

Ni la madre del menor ni Asperga dudan que la medida fuese legal, pero cuestionan las formas y, especialmente, el efecto correctivo de una expulsión que en opinión de los profesionales de Asperga, podría agravar más los problemas de conducta del muchacho.

La progenitora denuncia además que la medida fue tomada pese a las dudas manifestadas en su informe por uno de los técnicos especialistas de la Xunta y que el aula de su hijo incumple la ratio, extremos que la Consellería de Educación no ha confirmado ni desmentido tras ser consultada por este medio. La Valedora do Pobo ha abierto una investigación tras recibir un escrito de queja de la madre y ha pedido explicaciones a Educación y al colegio.

Más allá del caso en concreto, la medida disciplinaria impuesta a este alumno ha reabierto otra vez el debate sobre la aplicación de los protocolos educativos para alumnado con trastorno del espectro del autismo (TEA) y sobre la existencia o no de suficientes recursos en los centros educativos. A consulta de este diario, la ANPA del colegio explicó que han reclamado sin éxito a la dirección que les facilite el plan de convivencia del centro (obligatorio por ley) y desde Asperga lamentan que en este y otros centros no se haga uso "de herramientas tan útiles" como el protocolo o el convenio entre la Xunta y el colectivo.

Desde Asperga evitan generalizar, pero lamentan que "en muchos caso no se considere la intervención en el ámbito social y emocional" y que se primen las "medidas coercitivas" sobre el "apoyo conductal positivo". El colectivo cree que es preciso incrementar los recursos para lograr una escuela realmente integradora y, sobre todo, un trabajo coordinado entre todos los agentes para la inclusión de los alumnos con necesidades específicas.

Diego se incorpora hoy al centro tras tres semanas de expulsión y tanto Asperga como su familia esperan reconducir la situación. "Espero que demuestren más sensibilidad a partir de ahora", pide la madre.

La Opinión de Coruña
29/11/2016

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