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Un sistema educativo integrador

Hoy se procura atender la diversidad e igualar oportunidades entre alumnos con y sin discapacidades. Incluso se recurre a la capacitación laboral.

Desde cuarto grado intercambian manuales, lecturas, deberes y, también, algunas confidencias. Florencia tiene un sueño: quiere ser maestra. Mariel, doctora como mamá. Aunque son compañeras de quinto grado, las separa cierta edad. La misma que distancia a Mariel de sus otros compañeros. Y es que, a sus 13, esta futura doctora es una chica con un desfase cognitivo que sigue un programa de integración para alumnos con necesidades especiales.

En Provincia y Ciudad de Buenos Aires, 72.344 chicos cursan algún ciclo de educación especial. Son 13.539 de los estudiantes de la Ciudad (4.808 en proceso de integración) y 58.805 de los de la Provincia (13.858 de ellos comparten aula con alumnos de la común).

Este es un sistema educativo integral e integrado. No un subsistema aislado. Su gran salto fue empezar a sumar filas en la escuela común desde mediados de los 60. Su reto, hoy, engordar la cifra de casi 9 millones y medio de argentinos escolarizados este año con la inclusión de aquellos que, por problemáticas severas, todavía requieren de un espacio especializado. Es decir, el "todos juntos en una sola aula".

No obstante, el trecho por recorrer aún necesita muchos pasos. Y, sobre todo, contundentes. "Para padres y ciudadanos comunes, escuchar hablar de necesidades educativas especiales (NEE) a veces desata connotaciones negativas y, en ocasiones, de marginalidad", lamenta la directora del área en la Ciudad, Silvia Dubrovsky.

Aún hoy, la "especial" reclama otra mirada. Una que haga mayor énfasis en la integración. Aquella de las escuelas inclusivas, que termine de erradicar una definición ya arcaica: la del modelo, de décadas atrás, de la "anormalidad".

Los últimos esfuerzos de las áreas de Educación Especial del Gobierno de la Ciudad y del de la Provincia van en esa línea. En ambas instancias aseveran que siempre es posible educar. Pero, a veces anclado en el pasado, el sistema educativo privilegia la formación grupal sobre la individual: una carta sin la que es difícil ganarle la partida a la discapacidad.

Pero ¿se puede educar para integrar? A eso apuestan los responsables del área en Ciudad y Provincia. En esa batalla, lo más importante es la construcción del proyecto individual del alumno: un plan pedagógico "a la carta", que garantiza mejores resultados cuanto antes se diseña y aplica.

Desde la dirección de Educación Especial de la Provincia, su directora, Alicia Dimeglio, sostiene que "se procura que un día, excepto casos severos, todos sean parte de un único sistema".

Los gabinetes de orientación cumplen esa primera fase asisten cial. Evalúan al chico y orientan a la familia. Su aporte es una cantera de información para el equipo transdiciplinar del gabinete y tiene fuerte incidencia en el desarrollo del niño y su entorno. Pero los padres no siempre asumen que sus hijos tienen dificultades para encarar la escolaridad común.

La desinformación agudiza el dolor por reconocer a un hijo discapacitado. Por eso, "primero hay que difundir y sensibilizar, que los padres compartan el proyecto", aconseja la directora del área en la Provincia. El susto llega también al identificar minusvalía con ostracismo educativo: la marginalidad de antaño. Sin embargo, hoy se insiste en "atender la diversidad e igualar oportunidades", agrega.

La escuela inclusiva es el espacio donde caben ambos perfiles y el maestro integrador —y su metodología específica—, el apoyo para que en un único ámbito todos alcancen resultados similares.

También el sistema de necesidades especiales prepara a los alumnos en el área laboral y lo hace en paralelo a la educación formal. En siete centros de Ciudad de Buenos Aires y 192 de la Provincia, más de 10.000 estudiantes aprenden un oficio y realizan pasantías rentadas con posible contratación.

En ocasiones, hasta la propia escuela se convierte en empleador. Es el caso de la marca Dulcinea, que produce manjares artesanales en San Pedro. La cooperativa fue impulsada por docentes y padres de la escuela especial 502 y sus empleados son sus alumnos. "La meta es la integración a través del trabajo", confirma Dimeglio.

Clarin
13/04/2006

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