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La infancia somatiza la ansiedad por el confinamiento

La interrupción de los procesos de psicomotricidad y de socialización, la posibilidad de desarrollar déficit de vitamina D y obesidad son algunos de los problemas que puede causar el encierro en niños y niñas, según el pediatra Gonzalo Cabrera

La capacidad de adaptación de la infancia a cualquier circunstancia es muy amplia, pero no infinita. De hecho, el confinamiento provoca diferentes efectos perniciosos sobre su salud. Uno de ellos, el de la ansiedad producida por el encierro y la incertidumbre, se manifiesta físicamente de muchas maneras, según explica el vocal de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria, Gonzalo Cabrera.

«La ansiedad provoca somatizaciones en los niños que de esa forma expresan con su cuerpo lo que no pueden expresar con palabras», explica el médico que también achaca a este trastorno la posibilidad de que «aparezcan malas conductas, pesadillas y terrores nocturnos, dolores de barriga y tos psicogénica».

En realidad, según Cabrera, estas reacciones surgen por la incertidumbre y por el «temor a la muerte de familiares y, en especial, de los abuelos». Algo que se acentúa aún más cuando han perdido a un pariente y no han podido despedirse y tener un duelo convencional.

Otro de los perjuicios del confinamiento sobre el desarrollo infantil se vincula directamente con su relación con el entorno; en el caso de los más pequeños necesitan movimiento y juego; mientras que los menores de más de 8 o 9 años requieren socializar con «otros niños, con sus pares. Sobre todo los adolescentes que viven un proceso en el que la familia empieza a ser sustituida por el grupo», explica el pediatra que recuerda que los niños y niñas llevan 34 días sin salir, que podrían ampliarse al menos otros 10 días más.

«En otros países sí dejan salir a los niños un ratito, como en Italia, Francia o Suiza. Hay quienes dicen que en España se está tratando mejor a los perros que a los hijos», añade sobre el rigor del confinamiento en los pequeños.

Respecto a los repercusiones nutricionales, Cabrera apunta que el confinamiento fomentará la obesidad infantil. «Se calcula que durante la reclusión los adultos aumentarán su peso un 5%, a los niños les ocurrirá algo similar», apunta el médico que también recalca otra consecuencia del encierro: el déficit de vitamina D; la que se obtiene por la luz solar. «No solo es importante para los huesos sino para las defensas inespecíficas, que son las más primitivas y rudimentarias, pero que cumplen un papel importante en un primer contacto con los organismos. Los niños van a ser deficitarios en vitamina D», apunta.

El peligro de sufrir intoxicaciones y accidentes domésticos por permanecer tanto tiempo en espacios no siempre adaptados a los pequeños como colegios y guarderías y en los que pueden entrar en contacto con medicamentos y productos de limpieza es otro de los riesgos que plantea el confinamiento. «Los padres están estresados atendiendo el trabajo y los hijos. Es muy complicado combinar ambas cosas, sobre todo para las familias monoparentales y monomarentales», comenta Cabrera que también añade la brecha educacional que genera la falta de herramientas digitales en muchas familias canarias.

Trucos para sobrellevarlo

Los padres y madres cuentan con varias herramientas para intentar paliar el efecto de la reclusión sobre los más pequeños. Según explica Gonzalo Cabrera, una de las más útiles es la rutina. Establecer horarios y tareas fijas es elemental para su bienestar. «La rutina les da seguridad. Cuando son pequeños, prefieren que escojamos por ellos», explica el pediatra que recomienda cambiar estas pautas los fines de semana, ofreciéndoles más juego, televisión, ejercicio y actividades educativas, como ayudar a cocinar. También aconseja dejar que se aburran. «No es malo porque origina una reacción: activa la creatividad. Los niños deben buscarse la forma de divertirse ellos mismos», afirma el doctor. Por otro lado, Cabrera opina que no se debe sobreexponer a los niños a la información sobre la epidemia para evitar lo que denomina «infoxicación». Esa saturación informativa puede crear ansiedad y los padres y madres deben «transmitir calma a los hijos. Si estamos abrumados habrá que explicárselo y recuperar la calma. Es contagiosa, pero el miedo lo es más», dice.

Canarias 7
21/04/2020

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