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El método de la revolucionaria Montessori ya lo predijo: así sería su vuelta al cole tras la Covid

El niño es el maestro es una biografía que relata las luces y sombras de la icónica educadora donde arroja claves sobre qué hacer con los críos en tiempos de pandemia.


Fue la primera mujer médico en Italia. Miembro de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Roma. Doctora en Filosofía. Feminista pionera. Estudió la relación entre el abandono infantil y la posterior delincuencia. Trabajó con niños vulnerables, precarios, distintos a la norma, algunos realmente enfermos. Rompió todo lo concebido como mujer y como profesional y creó un método educativo revolucionario que cuestionaba las grandes estructuras de la sociedad: María Montessori no necesita presentación, pero por si acaso.

Su apellido es una eminencia. Su figura tiene una resonancia bestial en pleno año 2020: en muchas partes del mundo se siguen sus directrices, y eso que su actitud polemista y beligerante le granjeó amigos también en cualquier rincón. Molestó a todos, pero, mientras lo hacía, no dejó de cambiar la concepción del niño en Occidente. Ella puso al crío en el centro de la pedagogía, del pensamiento común y de la cultura y le dio una dignidad nueva, una respetabilidad inédita, una consideración de ser humano al que mirar en horizontal y no en vertical.

Decía que los adultos tratan a los niños como cachorros. Un buen ejemplo de ello es que, al conocerles, les hacen mimos, les tocan la cabeza. Si eso mismo se lo hicieran a un adulto, sería muy intrusivo, sería una agresión. En el fondo, señalaba, eso era una señal de que los adultos se sienten autorizados para manejar a los niños, para invadir su espacio. Ella nunca los tocaba: se sentaba y los miraba. Esperaba que ellos se acercaran a ella.

Por supuesto, no era una santa: era controladora, obsesiva. Sentía que era la única en poder hacer lo que hacía. Se veía como una elegida por dios -tanto fue así que entregó a su hijo a una cuidadora hasta que tuvo 15 años para desarrollarse laboralmente-. Además, en su afán mercenario por sacar sus ideas adelante se vio dispuesta a colaborar con cualquiera, hasta con el fascismo. Allí donde la apoyasen y financiasen, estaba ella. No tenía ideología: era ambiciosa, brillante, dispuesta a escalar. Ahora se cumplen 150 años de su nacimiento y una estupenda biografía recoge la vida y las sombras de esta visionaria: El niño es el maestro (Lumen), escrito por la periodista Cristina De Stefano.


Maria Montessori.

Maria Montessori.

CULTURA

El método de la revolucionaria Montessori ya lo predijo: así sería su vuelta al cole tras la Covid

'El niño es el maestro' es una biografía que relata las luces y sombras de la icónica educadora donde arroja claves sobre qué hacer con los críos en tiempos de pandemia.

28 agosto, 2020 02:23

EDUCACIÓN FEMINISMO INFANCIA NIÑOS

Lorena G. Maldonado@lorenagm7

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Fue la primera mujer médico en Italia. Miembro de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Roma. Doctora en Filosofía. Feminista pionera. Estudió la relación entre el abandono infantil y la posterior delincuencia. Trabajó con niños vulnerables, precarios, distintos a la norma, algunos realmente enfermos. Rompió todo lo concebido como mujer y como profesional y creó un método educativo revolucionario que cuestionaba las grandes estructuras de la sociedad: María Montessori no necesita presentación, pero por si acaso.

Su apellido es una eminencia. Su figura tiene una resonancia bestial en pleno año 2020: en muchas partes del mundo se siguen sus directrices, y eso que su actitud polemista y beligerante le granjeó amigos también en cualquier rincón. Molestó a todos, pero, mientras lo hacía, no dejó de cambiar la concepción del niño en Occidente. Ella puso al crío en el centro de la pedagogía, del pensamiento común y de la cultura y le dio una dignidad nueva, una respetabilidad inédita, una consideración de ser humano al que mirar en horizontal y no en vertical.


Decía que los adultos tratan a los niños como cachorros. Un buen ejemplo de ello es que, al conocerles, les hacen mimos, les tocan la cabeza. Si eso mismo se lo hicieran a un adulto, sería muy intrusivo, sería una agresión. En el fondo, señalaba, eso era una señal de que los adultos se sienten autorizados para manejar a los niños, para invadir su espacio. Ella nunca los tocaba: se sentaba y los miraba. Esperaba que ellos se acercaran a ella.


Por supuesto, no era una santa: era controladora, obsesiva. Sentía que era la única en poder hacer lo que hacía. Se veía como una elegida por dios -tanto fue así que entregó a su hijo a una cuidadora hasta que tuvo 15 años para desarrollarse laboralmente-. Además, en su afán mercenario por sacar sus ideas adelante se vio dispuesta a colaborar con cualquiera, hasta con el fascismo. Allí donde la apoyasen y financiasen, estaba ella. No tenía ideología: era ambiciosa, brillante, dispuesta a escalar. Ahora se cumplen 150 años de su nacimiento y una estupenda biografía recoge la vida y las sombras de esta visionaria: El niño es el maestro (Lumen), escrito por la periodista Cristina De Stefano.

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Su gran intención era que el niño se librase del adulto: darle autonomía, libertad, capacidad de hacer las cosas por sí solo y no ayudarle si realmente no lo necesitaba Su gran enemigo era el paternalismo, el tratar al crío como si fuese imbécil.

En este sentido, si cuestionaba tan profundamente la figura de autoridad, ¿podemos decir que Montessori era anarquista? Responde la experta a este periódico: “Es una pregunta eterna: Montessori y la libertad. Los anarquistas apreciaban mucho su trabajo al principio, pero después la acusaron de ser demasiado autoritaria. Ella creía en la libertad como algo que nace desde dentro del niño, no algo que se pueda imponer desde el exterior. Su visión de la libertad no era ‘dejemos que los niños hagan lo que les dé la gana’: era libertaria dentro de una organización muy clara y precisa”.

Y continúa: “Era ordenada, muy científica. Había demostrado que cuando el niño se encontraba dentro de una serie de condiciones se convertía en alguien libremente ordenado o libremente tranquilo. Sin embargo, para los autoritarios ella era demasiado liberal”, relata. Para ella, la educación era una manera de “mirar al niño”. “Ella invitaba a los profesores a observar al niño. Eso requiere un gran trabajo por parte del maestro, por eso es tan difícil que se implemente completamente en la escuela su método. Requiere de observación científica, casi de psicoanálisis. Cada niño tiene su manera de estar en clase”.

P: ¿Eso quiere decir que sólo se puede aplicar su trabajo en grupos reducidos? Justo una de las grandes problemáticas que aparecen ahora con la educación en la era de la Covid-19.

R: Paradójicamente, no hacen falta clases reducidas. Si tienes un profesor Montessori, puedes tener cincuenta niños solos con un adulto que no intervenga mucho. La clase Montessori puede ser numerosa si se trabaja bien y desde el principio de la educación del crío. Yo lo he visto. Otra de las reglas Montessori, por ejemplo, es que se usa un solo ejemplar para toda la clase, hay muy poco material didáctico, porque ella quería que los niños aprendieran a esperar para utilizar el material. Por tanto, aplicar el método puede ser muy barato. No es nada exclusivo ni de las élites, o no debe serlo. Te hace incluso ahorrar dinero, porque el material es eterno. Una cosa más: las clases podían ser de distintas edades, ella confiaba en mezclar a niños de seis con los de ocho, por ejemplo, como en las familias.

¿Quiénes eran sus detractores? ¿De qué espectro ideológico, digamos? ¿Realmente su educación podía ser transversal?

Ella dividió a la gente: o bien la amaban, o bien la detestaban. Generó peregrinajes: iban de todas partes del mundo para verla. Los católicos la criticaron mucho, a pesar de que era católica; y los socialistas también -aunque al principio la ayudaron y le dieron soporte-, porque decían que sus escuelas eran para ricos; y los fascistas… la animaron y la repudiaron porque la veían demasiado libertina. Era muy compleja.

Su mensaje era radical pero muy sencillo: el niño es el que se convertirá él mismo en un hombre. Los académicos la odiaban, los profesores de Pedagogía, porque entró en su terreno de forma muy violenta, muy abrupta, tirándoles todo lo que habían dicho hasta entonces a la basura. Y los científicos, porque aunque ella también lo era, una parte de su mensaje era algo espiritual, con ciertas visiones. Hablaba del alma del niño, del niño que realiza algo que está escrito en sí mismo. Retaba a todo el mundo.

¿Cree que hoy Montessori estaría a favor de la educación no presencial, en este contexto de pandemia? ¿Se puede enseñar a distancia?

Según todo lo que he leído y estudiado sobre ella, es cierto que su método era muy práctico, se valoraba la interacción, pero, a la vez, y esto es lo crucial, una educación Montessori aplicada desde el principio sería muy útil en estos tiempos, porque educa a niños muy activos que saben ser autónomos y trabajar por su cuenta. Claro que la didáctica a distancia es un desastre, es una complicación para una escuela normal, pero la Montessori cría niños que saben utilizar su material, que saben ejercer su libertad con responsabilidad. Un niño así puede estudiar en su casa y aprender a mucha más velocidad que un alumno que ha trabajado de una forma mucho más pasiva, más centrada en las órdenes del profesor.

¿Qué más recomendaría ella hoy?

Esta crisis ha demostrado que la escuela no está entre las prioridades de los Gobiernos: se piensa antes en abrir las discotecas que en estudiar las posibilidades de un colegio. Yo espero que esta crisis ayude a transformar de manera positiva las escuelas. Por ejemplo, en Italia y en Francia se habla mucho de llevar a los niños fuera de clase, de enseñarles la naturaleza, porque tenerlos encerrados es un crimen. Hay que repensar los espacios de la escuela: eso sería lo deseable para Montessori hoy. Las escuelas no deben ser lugares donde aparcar a los niños mientras los padres están en la oficina.

¿Qué responsabilidad le otorgaría Montessori a los padres hoy, que se habla tanto de la conciliación y de la posibilidad de que ellos tengan que encargarse de ellos también en el horario lectivo -especialmente si hay confinamiento-?

Desde el principio, en las escuelas Montessori se involucra mucho a los padres. Esa fue una idea muy moderna suya, porque en 1900 obviamente no se hacía, aunque ahora nos parezca más normal. Ella inculcó eso de que los padres llevasen a los niños al colegio, de que hablasen con los profesores… pero a la vez Montessori es una gran crítica de la familia, porque piensa que puede ser muy opresiva; que puede proyectar encima del niño sus frustraciones y sus ambiciones propias.

Invita a los padres y madres a aguantarse un poco más, a tener cuidado con lo que inculcan, porque en sus hijos proyectan algo de sí mismos, especialmente poque están involucrados a nivel sentimental. Ella creía en una posición contenida del adulto frente al niño. Creía en el niño socializado con el mundo, con unos y otros, con niños y adultos, no bajo el yugo de ninguna gran autoridad.

El Español
30/08/2020

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