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Estudio revela que trastorno de lenguaje tendría origen genético

Se calcula que la cantidad de niños con Trastornos Específicos de Lenguaje (TEL) que vive en la Isla Juan Fernández duplica a los menores que habitan en otros lugares geográficos. Ello podría deberse a que en poblaciones pequeñas y aisladas las personas, por motivos obvios, tienden a casarse entre ellos, lo que produce un mayor grado consanguinidad de los habitantes.

Así lo dio a conocer la fonoaudióloga de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Pía Villanueva, quien ha viajado en cinco ocasiones a la isla. “El año 2000 nos informaron que muchos niños presentaban problemas de lenguaje, eso nos motivó a indagar en el tema”, plantea.

Apoyados por un fondo de investigación (DI) de la Casa de Bello hicieron una evaluación masiva de la población infantil, que incluyó estudios fonoaudiológicos y odontológicos. “Detectamos alteraciones leves de pronunciación que fueron atendidas en dicha oportunidad y que estaban determinadas por anomalías dentomaxilares que no habían sido tratadas precozmente y que fueron solucionadas por un dentista. Sin embargo, los hallazgos más significativos se centraron en el área del lenguaje, ya que su desarrollo era más lento”, explica la fonoaudióloga.

Debido al TEL estos menores tienen dificultades para aprender a leer y escribir, así como adquirir un segundo idioma, además de las matemáticas. “Cuando no es tratado a tiempo provoca trastornos de aprendizaje que muchas veces pasan desapercibidos hasta que el niño ingresa al colegio, por ello lo importante es ayudarlos a tiempo, antes de que produzca alteraciones cognitivas”, señala Pía Villanueva.

Los habitantes de Juan Fernández, por su parte, están entusiasmados con el proyecto porque saben que si existiera evidencia genética eso impulsaría a las autoridades de gobierno a destinar un fonoaudiólogo a la isla para prevenir el trastorno. “No podemos decirle a la gente que no se case entre ellos pero sí es viable contar con un especialista que realice programas de estimulación de lenguaje entre los habitantes”, plantea la académica.

Por ahora Pía Villanueva cada vez que va a la isla lleva a cabo talleres educativos con la población y efectúa charlas a los docentes locales. “Enseño a profesores y parvularios algunas técnicas de prevención de daño vocal y pautas de estimulación para que las apliquen con los niños. Lo mismo ocurre con los padres a quienes les ayudamos a detectar y corregir malos hábitos orales, como el uso de chupete y mamadera hasta etapas avanzadas, y les damos a conocer algunas medidas de prevención auditiva”, comenta.

Sin embargo, aclara, con aplicaciones esporádicas no es posible ofrecer tratamientos para estimular la memoria, el vocabulario o la gramática, por eso es necesario el apoyo continuo a la población.

Chile.com
23/11/2006

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