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Resiliencia a las dificultades y estrés psicosocial

La explicación de que ciertos eventos o sucesos que pueden ser muy estresores para unas personas puedan no serlo tanto o incluso no ser nada estresante para otras, está en la manera como se afrontan esos sucesos potencialmente estresores, eventos en los que influyen los diferentes enfoques y perspectivas de interpretación personal así como las diversas competencias y recursos disponibles tanto personales como sociales (familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, etc.). De tal suerte que, afrontamiento y apoyo social configuran un proceso cuyo resultado modula la respuesta de afrontamiento a las dificultades (Coronado-Hijón, 2021).

Resiliencia

La resiliencia, como competencia para sobreponerse a las dificultades y barreras ante la consecución de metas personales, académicas o profesionales, es un tema de reciente interés en el ámbito de las Ciencias Sociales y más en concreto en el de la Psicología y Psicopedagogía Positiva.

En la evolución de la investigación sobre la competencia resiliente, en los momentos iniciales el interés se centró en los factores individuales que pueden actuar como protectores frente al riesgo y la vulnerabilidad para pasar posteriormente el protagonismo investigador a las dinámicas de interacción contextual de los sujetos con su ambiente situacional. Esta evolución, se despliega desde un enfoque ecológico transaccional de la resiliencia, donde el interés ya no está exclusivamente en los factores, sino especialmente en los mecanismos dinamizadores donde se ven envueltos, donde la misma noción de factor de riesgo o de protección, adquiere un carácter ambiguo y cambiante en función de la configuración contextual. Desde este enfoque se plantea la capacidad de resiliencia como un proceso de desarrollo dinámico, transaccional y bidireccional (Coronado-Hijón & Paneque, 2015).

Las investigaciones recientes también han sido responsables del cambio de abordaje institucional preventivo hacia modelos de promoción, comprometidos con la optimización de fortalezas y factores de resiliencia de los sujetos en riesgo.

Desde el campo de las Ciencias Sociales, los estudios sobre la resiliencia surgieron en el ámbito de la psicología infantil -a mitad de la década de los años 70 del siglo XX- con infantes que vivían en contextos con desventaja sociocultural, con la finalidad de explicar cómo algunos niños y niñas eran competentes para superar adversidades y desarrollarse como personas saludables con perfiles de adaptación positiva. Desde este ámbito de la investigación básica se desplazó rápidamente al ámbito aplicado de la Educación Emocional centrado en el aprendizaje de destrezas de resiliencia, entendido como un nuevo paradigma frente al abordaje de la vulnerabilidad y el riesgo que prioriza el enfoque en las fortalezas y su desarrollo, sobre el déficit o dificultad de afrontamiento. (Coronado-Hijón, 2018).

La revisión de resultados de investigaciones realizada el año 2003 por la psicóloga Edith Henderson Grotberg, destacó ocho evidencias:

1. La resiliencia está ligada al desarrollo y el crecimiento humanos, con las consiguientes diferencias en edad.

2. La promoción de factores de resiliencia, así como la implementación y desarrollo de conductas resilientes pueden ser promocionadas por estrategias formativas.

3. El nivel socioeconómico y la resiliencia no tienen una correlación siempre estable.

4. La resiliencia es diferente de los factores de riesgo y los factores de protección por sí solos. El producto no es igual a la suma de sus elementos sino a la interacción entre ellos.

5. La resiliencia puede ser medida como parte del bienestar y la calidad de vida de los sujetos.

6. Las diferencias culturales disminuyen cuando los sujetos se capacitan en un pensamiento más abierto de ideas nuevas y efectivas para su bienestar.

7. Prevención y promoción son las acciones más relevantes en el desarrollo resiliente.

8. La resiliencia es un proceso que vertebra: factores, comportamientos y resultados resilientes.

De la definición de resiliencia como la capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y ser fortalecido o transformado por experiencias de adversidad, realizada por Edith Grotberg, se han ido proponiendo posteriores matizaciones y contextualizaciones surgidas de nuevas líneas de investigación que con un carácter marcadamente psicosocial abarcan todo el ciclo vital de las personas. En esta dirección, Stefan Vanistendael, destacado sociólogo belga, concibe la resiliencia como la capacidad de resistir y proteger la integridad personal cuando está sometida a presiones y adversidades, desarrollando procesos de reconstrucción vital positivos (Coronado-Hijón, 2021).

 

Barreras para la participación

La prevención y la promoción de la competencia resiliente, ha de planificarse desde una visión amplia e inclusiva, evitando cualquier tipo de barreras en la participación psicosocial que la persona encuentre al interactuar y participar en sus contextos de interacción social.

La definición de resiliencia propuesta por Henderson y Milstein, la explica como la capacidad de adaptarse, recuperarse y sobreponerse con éxito a las dificultades y presiones, desarrollando competencia social, académica y profesional. Estas competencias tienen una relevante correlación con las auto expectativas de afrontamiento y logro, que a su vez es el factor personal que mayor índice de correlación mostró con la capacidad de resiliencia en el estudio internacional TIMSS 2011 (Coronado-Hijón, 2017).

 

Afrontamiento resiliente del estrés psicosocial.

En el capítulo 2 del libro “Resiliencia; cómo sobreponerse a las presiones y a la adversidad psicosocial ” (Coronado-Hijón, 2021), se aborda de manera fundamentada, este tipo de afrontamiento desde el modelo psicológico transaccional de afrontamiento de las situaciones estresantes, que entiende el estrés como una reacción psicofisiológica resultante de un proceso cognitivo y emocional entre la persona y determinadas situaciones de exigencia del contexto donde se desenvuelve. Proceso donde es precisamente el tipo de interpretación que realicemos sobre determinadas situaciones, lo que determina su condición más o menos amenazante.

Esta interpretación evaluativa del sujeto se desarrolla en dos fases secuenciales que se despliegan ante situaciones o sucesos potencialmente adversos, ante los cuales realizamos:

En primer lugar, una Evaluación Primaria en la que atribuimos un posible grado estresor a uno o varios eventos contextuales, en relación y como resultados de la interacción y transacción de factores personales con otros propios de la situación determinada:

  • Personales: personalidad, valores, creencias y auto expectativas. 
  • Situacionales: como el grado en que los cambios sean de indeseables, rápidos, inesperados, poco comunes e incontrolados, así como la emoción que generan en cada contexto particular.

Posteriormente, en una Evaluación Secundaria, las personas estimamos y calculamos la accesibilidad y disponibilidad tanto de competencias y estrategias personales de afrontamiento, como de recursos socio comunitarios eficaces para la reducción del riesgo y peligro del evento estresor. 

La explicación de que ciertos eventos o sucesos que pueden ser muy estresores para unas personas puedan no serlo tanto o incluso no ser nada estresante para otras, está en la manera como se afrontan esos sucesos potencialmente estresores, eventos en los que influyen los diferentes enfoques y perspectivas de interpretación personal así como las diversas competencias y recursos disponibles tanto personales como sociales (familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, etc.). De tal suerte que, afrontamiento y apoyo social configuran un proceso cuyo resultado modula la respuesta de afrontamiento a las dificultades (Coronado-Hijón, 2021).

Los tipos de afrontamiento potencialmente adaptativos que se han mostrado más relevantes en los resultados de las investigaciones son aquellos en los que el sujeto: 

  1. Centra su atención y conductas, en la resolución del problema.
  2. Centra respuesta en la gestión efectiva de las emociones surgidas, mediante la primaria aceptación de las emociones generadas y la posterior interpretación de optimista de las auto expectativas de mejora.
  3. Gestiona la búsqueda de apoyo social.

Estos tres tipos de estrategias de afrontamiento no son excluyentes, sino que es deseable su compaginación estratégica, que resultará en soluciones más eficaces.

Por el contrario y en relación con un afrontamiento disfuncional desadaptativo, están las estrategias de rechazo del afrontamiento de las dificultades, mediante actitudes de evitación y negación de la situación.

 

Auto expectativas de eficacia

En el desarrollo social de las personas podemos encontrar, a veces, una serie de problemas de carácter internalizante que disminuyen el grado de motivación hacia la tarea y generan aversión y ansiedad en el afrontamiento y controlabilidad de sucesos con demandas estresantes. Estos problemas tienen que ver con el grado de auto expectativas de logro y atribuciones causales disfuncionales relacionadas con ellas (Coronado-Hijón, 2014).

La persona que, a menudo, se siente fracasado ante la resolución de los sucesos estresores, puede conformar unas bajas auto expectativas de logro, poca persistencia ante las tareas y escasa confianza en su capacidad para superar los problemas, lo cual hace aumentar aún más su indefensión y desesperanza adquirida.

Las respuestas emocionales positivas, como la confianza o el orgullo, son más fáciles de provocar cuando una buena ejecución se atribuye a un factor interno, controlable y estable, como el esfuerzo o el hábito.

            En cuanto a las respuestas conductuales, el grado de estabilidad de nuestras atribuciones influye en nuestras auto expectativas de éxito y por tanto en las conductas de dedicación y motivación para el afrontamiento.

            El problema no está tanto en que alguna vez realicemos un tipo de atribución determinada, sino en la persistencia de un hábito establecido de realizar atribuciones desadaptativas, pudiendo diferenciarse entre patrones atribucionales adaptativos que facilitan la motivación hacia las tareas de afrontamiento y patrones desadaptativos que la inhiben.

El estilo atribucional desadaptativo, resultante de repetidas experiencias de indefensión aprendida, desemboca en una desesperanza aprendida que consiste en sentirse culpable de las dificultades encontradas, atribuyendo su causa a la propia incompetencia o indefensión, a la vez que cuando se producen logros, éstos se consideran debidos a factores externos incontrolables por la persona, como la facilidad de la tarea o la suerte.

Una estrategia útil que podemos usar para la reconversión positiva de nuestras atribuciones causales consiste básicamente en sustituir el patrón atribucional desadaptativo por otro más adaptativo (Coronado-Hijón, 2021), mediante un proceso de:

  1. Identificación de conductas inadecuadas de evitación del afrontamiento.
  2. Localización y evaluación del tipo de atribución que subyace a la tarea.

a) Locus (localización de la causa. interna o externa a la persona).

b) Estabilidad (referente al grado de modificabilidad de la causa).

c) Controlabilidad (referente a nuestro grado de competencia o control sobre la modificación los resultados).

  1. Búsqueda de atribuciones alternativas al estilo explicativo -de los sucesos estresores aversivos- en el que el sujeto atribuye la causa de los fracasos, a factores internos y estables mientras que los éxitos son atribuidos a factores externos y situacionales dando por resultado una baja expectativa de controlabilidad de los sucesos vitales más relevantes en el sujeto, que resultan en indefensión y desesperanza aprendida
  2. Ejecución de conductas de afrontamiento progresivo basado en atribuciones adaptativas.

 

Adaptaciones de acceso psicosocial

Consecuentemente a todo lo expuesto, concluiremos con la necesidad de la resolución de las dificultades y barreras que dificulten una participación social inclusiva mediante la promoción y desarrollo de estrategias adaptativas de acceso psicosocial eficaces. Estas han de centrarse en el afrontamiento y resolución de las dificultades con un enfoque activo y optimista en el afrontamiento que facilite el desarrollo de unas auto expectativas de logro eficaces que pueden y han de ser potenciadas con la búsqueda de apoyo social de personas que coadyuven como tutores de resiliencia, facilitando la promoción y desarrollo de competencias resilientes.

 

Referencias

Coronado-Hijón, A. & Paneque, M. (2015). Resiliencia al fracaso escolar y desventaja sociocultural: un reto para la orientación y la tutoría. En Jiménez, S. y Silva, C. (Coord.) Trauma, contexto y exclusión: promocionando resiliencia. Granada: Grupo Editorial Universitario (GEU). http://hdl.handle.net/11441/33521

Coronado-Hijón, A. (2014). Dificultades en el aprendizaje, inclusión cultural y auto expectativas académicas: una propuesta de Orientación e intervención educativa. En E. Soriano, A. J. González y V. V. Cala (coord.). Retos actuales de educación y salud transcultural Vol. II (237-259). Almería: Universidad de Almería. Disponible en:

https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=703446

Coronado-Hijón, A. (2017). Academic resilience: a transcultural perspective. Procedia-Social and Behavioral Sciences, 237, 594-598. https://doi.org/10.1016/j.sbspro.2017.02.013

Coronado-Hijón, A. (2018). Infancia: vulnerabilidad y resiliencia. Revista Infancia, Educación y Aprendizaje4(2), 10-21. DOI: https://doi.org/10.22370/ieya.2018.4.2.640

Coronado-Hijón, A, (2021). Resiliencia; cómo sobreponerse a las presiones y a la adversidad psicosocial. Editorial Universo de Letras (Grupo Planeta). 

https://reunir.unir.net/handle/123456789/11708

https://www.facebook.com/resiliencia.psicosocial

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