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Historia del trastorno del espectro autista: desde su denominación hasta su especificidad diagnóstica (Parte II)

El TEA es una categoría nosográfica que ha pasado por diferentes descripciones en su clasificación psiquiátrica-neuro-psicológica. Desde la creación del término autista en 1911 por el psiquiatra Bleuler hasta la actualidad, las descripciones del comportamiento han pasado por las categorías psicológicas de la esquizofrenia, por el cuadro clínico de la psicosisdemencia y por muchas discusiones en el ámbito de la salud mental.

4. El autismo de Asperger

En  1942,  el  pediatra  austríaco  Hans  Asperger  defendió  su  tesis  pos-doctoral con  la descripción de un cuadro similar al de Kanner (aunque sin conocerlo), retomando el concepto de la psiquiatra rusa, Sucharewa, de psicopatía autista (Artigas-Pallarés & Pérez, 2017) pero con características específicas. Su trabajo fue publicado en 1944. En 1981, Lorna Wind, lo retomó y, desde entonces, se lo conoce como Síndrome de Asperger (SA). En 1991, Uta Frith lo tradujo del alemán al inglés, actualizando la terminología.

Esta psicopatía, según Asperger, no era una esquizofrenia, sino un perfil de personalidad3 con  desviación  social.  Retoma  la  tradición  psicopatológica  alemana  en  un  contexto  nazi.  Sus estudios se releen en la óptica revisionista no exenta de dilemas morales (Czech, 2018). Durante su trabajo como pediatra, en Viena, las investigaciones estaban inmersas en el contexto (Lakatos,1974) del paradigma de la superioridad racial para identificar, clasificar, controlar y eliminar al diverso, no puro que, en el ámbito médico, se entiende en términos de discapacidad. Los pacientes con esquizofrenia, con epilepsia hereditaria, con ceguera hereditaria, débiles mentales y otras etiquetas representaban la discapacidad que la higiene, en el modelo nazi, tenía que limpiar para eliminar la genética enferma-inferior y así mejorar, hasta la perfección, la raza. No indicar una discapacidad era un delito penal a las leyes raciales. A los así diagnosticados, los mandaban a la clínica de eugenesia para esterilizarlos o eliminarlos con la eutanasia nazi.

Allí, en dicho contexto, Hans Asperger describió detalladamente este trastorno. Planteó que el autismo no es un retiro secundario del mundo exterior, como en la esquizofrenia bleuleriana, sino una condición originaria y constante, para toda la vida. Su población estaba constituida por un grupo de niños de 6 a 11 años con un buen nivel cognitivo. En la observación y la elección de términos se construyen pacientes con virtudes que no resultarían excluidos o cuyas características funcionales a la ideología no permitirían la eliminación: excepcionales, profesores, científicos, con capacidades especiales, etc. Asperger, en 1938, sostenía que no todo lo que resulta extraño, anormal o raro era inferior. Hay que considerar que muchos niños etiquetados en el régimen del diagnóstico como débiles mentales fueron eliminados en la clínica Am Spiegelgrund y, tal vez, algunos con autismo de bajo funcionamiento o autismo a la Kanner (Sheffer, 2018).

Estos niños no presentaban problemas lingüísticos en los niveles fonológico, morfológico, sintáctico y semántico, pero presentaba alteraciones a nivel pragmático. Los aspectos prosódicos, de Tesis que no se encuentra en los archivos vieneses (Czech, 2018).

 

 En el original, Asperger usa Persönlichkeitsstörung (trastorno de la personalidad, disturbio, perturbación), Frith lo tradujo como autism. modulación, tono, adecuación al contexto comunicativo eran deficitarios, así como las capacidades no  verbales  de  comunicación.  Una  especie  de  lenguaje  mecánico,  protocolar.  Asimismo, presentaban otros aspectos idiosincrásicos, similares a los descriptos por la psicopatología como características del lenguaje esquizoide: tendencia a la abstracción, racionalismo, descuido de la interlocución y sus tiempos, argumentaciones con transposiciones de diferentes niveles de abstracción. Un lenguaje íntegro pero carente de funciones comunicativas interpersonales, como si la consideración de la perspectiva del interlocutor no fuese parte intrínseca de la competencia comunicativa.

 

Asperger observó el cuerpo de los niños: describió las dificultades mímicas, psicomotoras y posturales. El cuerpo era importante en la descripción de Asperger. Estos niños, a los que parecía que les faltara un contacto ocular, “dal~ sie vieles scheinbar nur mit dem ‘peripheren Gesichtsfeld’ sehen, nur ‘yore Rande der Aufmerksamkeit her’ wahrnehmen” (miraban las cosas con un “campo de visión periférico”, trad. mía; Asperger, 1944, pp. 94-95), manifestaban una dificultad en la estructura corpórea de la comunicación. Las manifestaciones de estas torpezas variarían a lo largo de la vida. En edades más avanzadas, se expresarían en actividades grupales o deportes que requiriesen coordinación e integración psicomotora.

Sobre el plano afectivo, se caracterizaban por una dificultad social, de empatía, de sintonización emotiva, de intuición afectiva de los otros: la capacidad de entrar de un modo fluido en los intercambios interpersonales se hacía sólo con un control intelectual, eran “Intelligenzautomaten” (autómatas inteligentes; Asperger, 1944, p. 103). Eran niños disociables, pero no asociables: con la ayuda y educación necesarias podían integrarse al sistema del Volk. Los ‘asociables’ no eran capaces de aprender para volver a la sociedad, en el contexto nazi.

 

Esta dificultad del contacto afectivo y de intercambio con el ambiente se correlaciona con la dimensión de intereses peculiares, preocupaciones fijas e inusuales. Algunos de estos intereses (por ejemplo, por los números) serían precoces, otros, se desarrollarían más tarde y llegarían a asumir rasgos científicos (en mecánica, astronomía, botánica, geografía, la vida de los animales e insectos, etc.). Nuevamente, la elección de estas características era estratégica ya que con niños así no se requería la disciplina terapéutica o la cura pedagógica del régimen.

 

Esta denominada psicopatía autista se haría evidente después de los tres años; sería constitucional y familiar, aunque no hereditaria (la interpretación genética del trastorno, en el contexto de Asperger, conllevaba la intervención del procedimiento disciplinar médico y clínico del nazismo), afectaría sólo a los varones y se diferenciaría de la esquizofrenia. Kanner, sin embargo, sostenía el origen genético (“For here we seem to have pure-culture examples of inborn autistic disturbaces of affective contact” (evidenciado mío, Kanner, 1943, p. 250) y la correlación con el vínculo parental de padres con estudios académicos o universitarios. Los pacientes de Asperger tenían un coeficiente intelectual medio-alto y, a veces, capacidades extraordinarias en áreas restringidas; los de Kanner “cognitives potentialities” (Kanner, 1943, p. 247) e islas de habilidad.

 

La diferencia con el autismo kanneriano es que los pacientes de Asperger no presentan problemas lingüísticos, de hecho, hablan antes de caminar, es decir que desarrollaban un lenguaje no retardado, pero deficitario en sus aspectos comunicativos evidente sólo después del tercer año de vida. El vínculo con el mundo externo es buscado por estos niños, aunque de un modo excéntrico, contrariamente al autismo kanneriano.

 

 

5. Conclusión

El TEA es una categoría nosográfica que ha pasado por diferentes descripciones en su clasificación psiquiátrica-neuro-psicológica. Desde la creación del término autista en 1911 por el psiquiatra Bleuler hasta la actualidad, las descripciones del comportamiento han pasado por las categorías psicológicas de la esquizofrenia, por el cuadro clínico de la psicosis, demencia y por muchas discusiones en el ámbito de la salud mental.

La nosografía actual mantiene la descripción de los síntomas clínicos identificados, en 1943, por Kanner y, en 1944, por Asperger, para la clasificación del trastorno del espectro autista. Ambos estudiosos consideraron al autismo una entidad diferente de otros cuadros sindrómicos conocidos hasta  el  momento.  Así,  el  autismo  asume  entidad  nosográfica  como  condición  diagnóstica existencial y de por vida por la co-incidencia de problemáticas persistentes en la comunicación y, muchas veces, en el lenguaje, en la interacción social, patrones de comportamiento restrictivos y repetitivos, repertorio restringido de intereses y actividades. Características estas que fueron consideradas una tríada (Wing y Gold, 1979) para la construcción del cuadro sindrómico y que sirvieron para las definiciones de los manuales de clasificaciones de enfermedades en sus diferentes ediciones.

 

Referencias

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Anónimo.  (1998).  Las  florecitas  de  San  Francisco  de  Asís.  Madrid:  Biblioteca  de  Autores Cristianos.

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Artigas-Pallarés, J., & Pérez, I. P. (2017). Deconstruyendo a Kanner. Revista de Neurología, 64(1), 9-15. https://doi.org/ 10.33588/rn.64S01.2017008

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