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Logopedia y salud mental

No se puede concebir a la logopedia de manera aislada de la salud mental puesto que los trastornos de la comunicación pueden influir en el bienestar emocional de la persona y las alteraciones en la salud mental pueden impactar en el desarrollo, uso y rehabilitación del lenguaje, habla y deglución.

Enfrentarse a un trastorno del habla o del lenguaje puede causar importantes efectos psicológicos; luchar para comunicarse con los demás puede llevar a una frustración, por lo que es común que la persona experimente aislamiento social debido a su dificultad para comunicarse. Un trastorno del habla puede derivar una serie de comportamientos problemáticos, especialmente en los jóvenes.

La terapia psicológica y la logopedia en conjunto brindan beneficios más significativos.

Aparentemente la psicoterapia resultaría poco eficaz debido a que requiere que el paciente se comunique con el terapeuta; pero son precisamente las dificultades en la comunicación las que afectan la salud mental. A menudo los trastornos del habla o del lenguaje pueden retrasar los hitos del desarrollo si no se tratan. En el caso de los niños, es poco probable que comprendan que los trastornos del habla conducen a un sentimiento de aislamiento social, lo que puede llevar a la interiorización de ese sentimiento, y a su vez genera una baja autoestima, dificultades para ver las señales sociales o pensar en la causa y el efecto.

La logopedia puede ayudar a mejorar la salud mental al identificar cualquier problema del lenguaje y al abordarlo eficazmente.

En el caso de los adultos con trastornos del habla, además del aislamiento social pueden experimentar ansiedad por el trabajo y si los problemas de la infancia no se atendieron la salud mental puede estar más comprometida.

Los logopedas no trabajan directamente los problemas de salud mental, pero si pueden derribar barreras de comunicación que frenan su proceso de sanación ayudando a aliviar el estrés y la ansiedad que esto conlleva. La logopedia ayuda además a personas con deterioro cognitivo y dificultades para tragar, ya sea que surjan de afecciones neurológicas, traumatismos craneoencefálicos, accidentes cerebrovasculares o enfermedades degenerativas como el Parkinson o el Alzheimer; afecciones que, sin importar su origen, pueden experimentar frustración, aislamiento social e incluso depresión.

La capacidad de comunicarse de forma funcional es un factor clave para la participación social, la construcción de la identidad y la regulación emocional.

Los síntomas emocionales asociados a los trastornos del lenguaje o del habla no siempre constituyen un diagnóstico de salud mental, pero influyen de manera directa en el proceso terapéutico y en la adherencia al tratamiento.

Los profesionales de la logopedia deben contar con competencias para identificar señales de alerta emocional y adaptar su intervención a las necesidades del paciente, sin invadir ámbitos que les corresponden a otros profesionales.

El trabajo conjunto entre logopedas y psicólogos permite:

  • Establecer objetivos terapéuticos realistas
  • Evitar intervenciones fragmentadas
  • Mejorar la adherencia al tratamiento
  • Favorecer el bienestar integral del paciente

Reconocer la relación bidireccional entre la logopedia y la salud mental resulta fundamental para una intervención clínica eficaz.

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