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“El buen padre ajusta sus ilusiones a las características de su hijo ”

-¿Qué es esto de la atención precoz? -Lo que permite, por ejemplo, que un niño que nace con menos de 1.500 gramos, pueda tener una vida normal, pero la definición canónica, claro está, es más larga. Los profesionales definimos como atención precoz a todas las terapias que intentan favorecer el desarrollo de recién nacidos que nacen con handicaps que si no se tratan acabarán condicionando su vida adulta. Esos handicaps pueden tener origen orgánico, psicológico o social.

-¿Y cómo se metió usted en esto?

-En los sesenta, yo trabajaba con niños que tenían parálisis cerebral y en aquella época, como ahora, cuando un niño nacía con algún tipo de problema, los padres no sabían qué hacer. La atención que se prestaba se limitaba principalmente a la fisioterapia pero una vez, estando yo en París, escuché hablar en unas jornadas a una doctora italiana que trabajaba en la materia y me quedé con una reflexión suya. La doctora, Adelaida Grisoni Coli, decía que nuestra obligación era tratar a estos niños cuanto antes mejor y me di cuenta de que tenía razón. Lo siguiente que hice fue plantarme en Milán para ver cómo trabajaba en su centro, el Instituto Neurológico Carlo Besta.

-Y luego, trasladó el formato a Barcelona.

-En Barcelona fundamos el Centro Piloto Arcángel San Gabriel. Empezamos con un equipo que incluía psicólogos, fisioterapeutas y trabajadores sociales. Queríamos actuar desde varios ámbitos y eso implicaba trabajar con las familias. Lo primero que hacíamos era juntar a madre y niño con el equipo para que aprendieran a relacionarse. Esa fase era la más importante.

-¿Por qué?

-Un niño con parálisis cerebral, prematuro, con autismo, o con déficits auditivos y visuales rompe los esquemas de su familia. Ante un niño que nace con problemas, los padres se bloquean y entonces empieza el peligro, porque el bloqueo hace que el niño no reciba lo que necesita. Y eso influye hasta en el desarrollo anatómico.

-¿Me está diciendo que tiene efectos físicos?

-En los seis primeros meses de vida, el tamaño del cerebro se dobla y eso sucede porque en nuestra especie gran parte del desarrollo neuronal se produce fuera de la matriz. Si un niño no recibe los estímulos que necesita en esa etapa, su cerebro no se desarrolla bien. De ahí la importancia de la atención precoz: pone en manos de los padres de niños con problemas las herramientas necesarias para que el niño reciba lo que necesita. Cuando un niño nace con problemas, la capacidad de improvisación de los padres se reduce casi a cero

-¿Qué es entonces lo que hacen ustedes?

-Enseñamos a superar la situación de bloqueo para que padres e hijos se relacionen como deben. Lo hacemos con ayuda psicológica y enseñanzas prácticas no excesivamente estereotipadas, porque si lo fueran los padres se limitarían a repetir lo que se les cuenta. Debe haber espacio para la creación personal y por eso nos limitamos a facilitar a los padres algo así como unas normas para que se relacionen con sus hijos. Y lo hacemos, además, entendiendo, que su situación no es fácil en absoluto. Hoy hay prematuros viables de 350 gramos de peso y a unos padres que se enfrentan a una situación así no se les puede pedir desde el primer día que asuman a aquella criatura minúscula y llena de tubos que está metida en una incubadora como un hijo propio. La única salida es hacer que participen en los cuidados, porque si los dejas fuera del proceso, no consigues nada.

-Ahora se aconseja que madres y padres cojan a los niños prematuros.

-Lo inventaron en un hospital de Bogotá porque no tenían incubadoras suficientes, pero resultó un método genial porque ayudaba a que los padres de bebés prematuros los asumieran antes como propios. Ese método se llama hoy canguro y consiste en colocar al bebé en el pecho del padre o la madre para que sienta el latir del corazón, el calor y la respiración de los responsables de que él esté en el mundo. Para eso y, también, para que los padres perciban la respiración, los latidos y el calor de su hijo. Estrecha vínculos.

-Ustedes empezaron con niños con parálisis cerebral.

-Sí, pero los protocolos han acabado sirviendo para niños con cualquier tipo de handicap. Hoy se siguen utilizando con niños con parálisis cerebral, pero también valen para bebés prematuros y casos de autismo, déficits auditivos o visuales, malformaciones o trastornos del comportamiento. Aplicándolos, ayudamos a que, dentro de lo posible, el niño supere sus handicaps. El carácter de la persona se forma durante los primeros tres años de vida y, en ese periodo, los seis primeros meses son fundamentales. Todo lo que sucede en esa etapa deja huellas imborrables en la persona, por eso los niños que sufren maltrato durante sus primeros dos años de vida acaban desarrollando patologías. Un niño con déficit auditivo que recibe una estimulación correcta durante sus seis primeros meses acaba siendo menos sordo que otro que no la ha recibido.

-¿Una correcta atención precoz elimina cualquier tipo de handicap?

-Aquí no vale aquello de lo posible lo haremos ahora y lo imposible un poco más tarde. Nuestro objetivo es lograr de cada niño el máximo desarrollo posible que permite su realidad. Hay que aprender a aceptar a los niños como son y no esperar de ellos cosas de las que son incapaces. La biología pone límites.

-¿Hace falta un curso para ser padre?

-Cuando tenía treinta y tantos años, repetía que habría que crear un carnet que autorizase a ser padre, pero hoy sé que me equivocaba, porque la única manera de aprender a ser padre es tener un hijo. La intuición sirve siempre, pero ante niños con deficiencias o alteraciones, hace falta ayuda como la que prestamos nosotros. El problema está en que no hay una relación adecuada entre las unidades de neonatología y los centros de atención precoz. Eso hace que, muchas veces, los niños lleguen tarde a la atención precoz, pero para eso estamos los profesionales: para salvar los obstáculos burocráticos. Por eso son interesantes Jornadas como las que ha organizado en el Arnau de Vilanova el CDIAP del Segrià. Si nos coordinamos bien, nuestra tarea será más fácil de desarrollar.

-¿Y cuál es esa tarea?

-Enseñar a los padres a ajustar sus ilusiones a las características de su hijo. Hacer que aprendan a no esperar de él más de lo que les puede dar y conseguir al tiempo que el niño sea capaz de darles todo lo que le permiten sus características biológicas. Un buen padre hace eso. Nada más y nada menos.



http://www.lamanyana.es
25/06/2009

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