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Pirotecnia: un trauma para gente con autismo

La sensibilidad auditiva de las personas con autismo las hace vulnerables a los estruendos de las fiestas.

La explosión de cohetes y fuegos artificiales los alteran, y sus familiares buscan concientizar.

Al contrario de lo que muchos suponen, las personas con autismo perciben todo lo que sucede en el entorno. Por esa razón, controlar los ruidos es sumamente importante para que tengan bienestar. "Sus oídos son muy sensibles. Por eso, generalmente se tapan muy fuerte, tienen crisis de llanto, berrinches o hasta llegan a autolesionarse. Toman una posición agresiva para comunicar que los ruidos les molestan", explicó Jorge Fernando Peñaloza presidente de la Fundación jujeña Son-Risas, que ayuda a personas con autismo.

Por lo general, al llegar esta época del año, los padres toman medidas para proteger a sus hijos de la pirotecnia. "Conozco muchas familias que para las fiestas se van al campo o a algún lugar alejado", comentó Peñaloza. En una ciudad donde los sonidos molestos forman parte de la vida cotidiana, tratar de mitigarlos o de aislarse de ellos se convierte en una necesidad para familias con un miembro que padece autismo.

No hay cifras oficiales en Argentina sobre cuántas personas con autismo hay; los datos llegan desde Estados Unidos, donde todos los años se realizan relevamientos epidemiológicos. Ahí uno de cada 68 niños nace con autismo. Es el segundo presupuesto en salud para tratamientos e investigación, después del cáncer.

#SinLagrimasSinMiedos

Durante las fiestas de fin de año, muchas familias salteñas buscan cómo proteger a las personas con autismo de los efectos nocivos de la pirotecnia. Luis González (40), papá de un chico de 6 años con autismo, en diálogo con El Tribuno contó su experiencia: "Cuando llega fin de año buscamos proteger a nuestro hijo con tapones en los oídos, cerramos puertas y ventanas, porque cada estruendo implica un daño, un sufrimiento para él. Se vive mucha angustia".

A fines de diciembre, el uso de pirotecnia se vuelve masivo y es casi imposible refugiarse del ruido de las explosiones. Mientras afuera el cielo se llena de luces, destellos y estruendos, en algunos hogares se vive una profunda tensión. Además de los daños físicos que pueden producir los fuegos de artificio a quienes los manipulan, también provocan un gran estrés a personas con algún tipo de trastorno, a los ancianos, bebés y a los animales.

Muy perjudicados se ven quienes sufren trastorno del espectro autista (TEA), en su gran mayoría hipersensibles al sonido. Por eso, padres de la asociación TGD (Trastorno Generalizado en Desarrollo) y Padres de TEA de Salta lanzaron una campaña bajo el hashtag #SinLagrimasSinMiedos que promueve disfrutar de las fiestas sin pirotecnia.

La iniciativa se extiende a todo el NOA con el fin de asegurarles a las personas con autismo unas fiestas sin los miedos y las alteraciones que les provocan los estruendos de los explosivos.

eltribuno.info
29/12/2015

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