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Un espejo digital de emociones para niños con autismo

Es un juego de reglas simples. Se descarga EmoPLAY. Se activa el programa en el escritorio de Windows. Se elige una de las tres emociones que aparecen en pantalla: alegría, tristeza, enfado. La pantalla muestra un rostro de dibujo sencillo y explica, en texto y voz, los rasgos básicos con los que se expresa la emoción elegida. La webcam se activa, el usuario se sitúa frente a ella e intenta repetir con su rostro el gesto que acaba de ver. Si tiene éxito, un pequeño muñeco y una música alegre aparecen para celebrar el acierto. Así de sencillo... o quizá no tanto para las personas sujetas a las disfunciones emocionales que provocan síndromes como el del trastorno del espectro autista (TEA); personas cuya relación más elemental con sus semejantes y con el entorno depende del aprendizaje y el adiestramiento en los códigos básicos de la comunicación emocional.

Justamente eso es lo que, desde hoy y de forma sencilla y gratuita, facilita EmoPLAY, una «herramienta digital que permite entrenar el reconocimiento de varias emociones a través de las expresiones faciales» con una eficiencia inédita hasta la fecha en instrumentos con esta finalidad.

EmoPLAY ha sido hoy presentado en la sede de la Fundación CTIC en el Parque Científico y Tecnológico (PCYT) de Gijón, desde donde se ha desarrollado un proyecto que consiguió seducir a la Fundación Orange para ser acogido en su Convocatoria de Soluciones Tecnológicas para personas con TEA, Ya está en Windows, y pronto estará disponible para Mac, IOs, Android y Linux.

Así, Orange ha financiado durante el último año un proceso de investigación y desarrollo que ha sacado adelante un equipo multidisciplinar coordinado desde el departamento de Bienestar y Envejecimiento Activo de CTIC, cuya responsable es Jimena Pascual. A la cabeza de su parte tecnológica ha estado la ingeniera en Telecomunicaciones María Saornil, que ha trabajado en estrecha relación con el Grupo de Investigación sobre Discapacidad (GID) de la facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo, representado en la presentación por la doctora Pilar Chanca.

Máxima fiabilidadLa conclusión de ese trabajo no puede ser más satisfactoria, según han remarcado el presidente de CTIC, Pablo Priesca, y el director de la Fundación Orange, Manuel Gimeno. «No hemos encontrado ninguna aplicación en el mundo que haga algo similar», asegura Jimena Pascual, que destaca que, frente al grado de fiabilidad en el reconocimiento de expresiones faciales de algoritmos similares -un máximo del 80 por ciento- el desarrollado desde Gijón alcanza «el 90 por ciento»: «Todo un éxito».

La responsable del departamento de Bienestar y Envejecimiento Activo de CTIC puntualiza que la herramienta no pretende «sustituir ninguna terapia», pero sí aportar herramientas que «eviten al máximo el fracaso y la frustración» que puede provocar al usuario la falta de «fiabilidad» de un programa con demasiados fallos a la hora de reconocer sus expresiones faciales. Con ese objetivo, el programa ha partido de una primera fase de selección de emociones, para luego definir sus rasgos específicos y los contextos en los que se manifiestan, y finalmente desarrollar los algoritmos de imagen.

Además del refuerzo positivo que estimula a quien se mire en este espejo digital, que admite regulaciones de la dificultad para abarcar más casos, se ha provisto a EmoPLAY de «un botón del pánico» que sirva para administrar manualmente ese refuerzo incluso cuando el niño o adolescente no consiga superar la prueba del algoritmo. Se trata, también de reconocer y reforzar el esfuerzo para estimular nuevos intentos y evitar una frustración que provoque el rechazo.

EmoPLAY admite también configuraciones que lo adaptan más a la particularidad de cada usuario, como la inclusión de imágenes propias para asociar las emociones a situaciones que resulten más familiares al niño o niña; algo de esencial importancia en una situación en la que el reconocimiento del contexto y su percepción como algo cotidiano y amigable es básico para estimular el contacto de la persona con TES con el medio.Por su parte, el realizado por el equipo multidisciplinar de EmoPLAY ha tenido su mejor reconocimiento en el hecho de que más de treinta asociaciones de personas autistas hayan aceptado el programa.

De ellas -algunas, en países como Argentina- han provenido los 75 niños que han contribuido a refinar el algoritmo en una segunda fase del programa de testeo, que se inició con la participación de otros 185 escolares de centros asturianos sin trastornos conocidos.La eficiencia de EmoPLAY se complementa también con su potencial de «sensibilización» hacia la sociedad; un elemento que, según ha destacado Manuel Gimeno, cobra especial relevancia ante un síndrome que «está creciendo de manera tremenda».

El director de la Fundación Orange ha hecho suya la frase de un personaje del escritor argentino César Aira, recientemente fallecido, para describir la respuesta que están intentando impulsar desde la entidad: «La tecnología es un puente entre la intención y la realidad; en nuestro caso, entre la intención de dar soluciones y las soluciones reales» de las que ya forma parte EmoPLAY.

La voz de Asturias
28/01/2017

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