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ISEP

La profesora que ideó su método para enseñar a tocar el piano a un alumno con autismo

Sonsoles Ruiz fue desarrollando una fórmula de aprendizaje particular para que Jaime expresara su talento musical

En las escuelas y los centros educativos en general, se construyen algunas de las historias más bonitas, excepcionales e inspiradoras. En el día a día, profesores y alumnos son testimonios directos y protagonistas a la vez de vivencias únicas. Experiencias que muchas veces quedan guardadas entre las cuatro paredes de las aulas. Lady Crocs –nombre utilizado para no revelar su identidad–, admirada por una de ellas, utilizó su Twitter para desvelar el caso de su hijo.

Jaime es un alumno de 7 años de un colegio de Zaragoza. Un centro que dispone de un aula especial para los alumnos que sufren el Trastorno del Espectro Autista, como Jaime. A principio de curso, tras haber probado ya varias disciplinas como el violín o la natación, el pequeño se apuntó a clases de extraescolar de piano, una decisión que ha resultado un éxito.

Sonsoles Ruíz fue la encargada de enseñar al pequeño, un joven inquieto pero a la vez organizado, cuenta su madre. Profesora de música desde hace 15 años, Sonsoles nunca había enseñado a tocar a un niño con autismo. “Al principio me daba mucho vértigo pensar cómo le podría enseñar”, explica recordando los primeros pasos del artista. Pero cuando conoció su caso, no dudó un instante: “tiene el mismo derecho a aprender que cualquiera”.

Poco a poco, Sonsoles fue conociendo algunos secretos a la hora de afrontar la tarea de transmitir su conocimiento musical, sorprendida a la vez por los avances de Jaime. Durante una hora a la semana, a lo largo de los últimos ocho meses, el pequeño se sentaba delante del teclado para empezar a dominar el arte del piano. “Me di cuenta que podía aprender yo igual que él”, resume ella sobre el proceso, que define como un aprendizaje mutuo.


Lo más curioso es que Sonsoles fue ideando su propio método con Jaime, improvisando a cada paso la manera en la que le enseñaba a tocar. A pesar de que se tratara de una fase muy inicial, la profesora se vio obligada a plantearse fórmulas alternativas para facilitar su aprendizaje. Y las encontró. “Empezamos numerando los dedos de una mano y luego añadimos la otra. Le puse la mano derecha de un color y la izquierda de otro”, relata.

Aunque Jaime todavía no ha aprendido a leer las notas, los progresos han sido evidentes. Pero no sólo en el terreno musical. Su madre tiene grabado en la cabeza cuando lo vio por primera vez sentado frente al piano. “Se quedó clavado y empezó a tocar. Fue algo mágico”, recuerda. Sonsoles, orgullosa de cómo han repercutido sus clases en el pequeño, no fue consciente de lo que significaba hasta que vio su reacción. “Ahí me di cuenta de lo que hicimos”, reflexiona. Tocar el piano, además, le ha ayudado a mejorar su capacidad de concentración.

Después de pasar un curso junto a él, Sonsoles espera seguir compartiendo momentos en el futuro. “A Jaime le encanta la música y es feliz con ella. Ojalá siga y pueda enseñarle a leer las notas”, expresa. Aunque pueda parecer un logro menor, ver el rostro de su madre fue la mayor satisfacción. Ahora, deberá empaparse de nuevas técnicas y posibilidades con el piano para continuar con la enseñanza. Aquella que ha enriquecido a los dos protagonistas de una historia desarrollada, como tantas otras, entre las cuatro paredes de un aula.

La Vanguradia
7/07/2018

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