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Adquisición temprana del lenguaje de signos y dactilología.(Parte II)

La supuesta simpleza del lenguaje de signos ha sido descartada a través de los estudios que han abordado su estructura fonológica, morfológica, sintáctica y pragmática. Al igual que el lenguaje oral se compone de un número limitado de sonidos, los signos se construyen a partir de la combinación de un número limitado de parámetros, por tanto no es posible cualquier tipo de configuración (Bellugi y Fischer, 1972).
Iconicidad y arbitrariedad del lenguaje de signos.

Acerca de la iconicidad del lenguaje de signos, Marchesi (1984) señala que en el caso de algunos signos es posible relacionar la forma visual en su conjunto con el significado, según el autor esto ha conducido a muchos a afirmar erróneamente que el lenguaje de signos es una colección de gestos escasamente estructurada. Dicha confusión puede deberse a que los primeros signos tienden a ser icónicos, preservando ciertos atributos o acciones asociadas con el referente del significado o también a que más de un tercio de los signos en el vocabulario inicial de los niños sordos es icónico (Petitto, 2000). Para ejemplificar esta iconicidad presentada en los signos, pensemos en el signo CASA (en LSCh ), este signo se articula con ambas manos, con la configuración de la mano en B juntándose con la punta de los dedos, frente al cuerpo formando o representando el techo en “A” típico de las casas (ver figura 1). No obstante, el hecho de que algunos signos tengan estas características no permite afirmar que el lenguaje de signos sea icónico, ya que junto a signos de marcada iconicidad encontramos un mayor número de signos totalmente arbitrarios (ver figura 2).



Figura 2. Ejemplo de arbitrariedad en el signo Después en LSCh



Respecto de la arbitrariedad del lenguaje de signos, Klima y Bellugi (1980) han demostrado que la mayor parte de los signos no puede ser comprendida por personas que desconocen este lenguaje. Argumentan que en el lenguaje de signos coexisten aspectos icónicos y arbitrarios. Esto constituye una paradoja del lenguaje de signos y la doble cara de su expresión. Las propiedades formativas arbitrarias del lenguaje, lo no icónico, es lo que predomina a ciertos niveles en la codificación y el procesamiento de los signos. El cambio histórico disminuye las propiedades icónicas de los signos, por ello algunos signos son más opacos con el tiempo y otros llegan a ser completamente arbitrarios. Las operaciones gramaticales que experimentan los signos pueden oscurecer la iconicidad. De este modo, muchos signos cuyo origen es claramente icónico, van perdiendo su transparencia al incorporarse al sistema lingüístico (Battison, 1978).

La supuesta simpleza del lenguaje de signos ha sido descartada a través de los estudios que han abordado su estructura fonológica, morfológica, sintáctica y pragmática. Al igual que el lenguaje oral se compone de un número limitado de sonidos, los signos se construyen a partir de la combinación de un número limitado de parámetros, por tanto no es posible cualquier tipo de configuración (Bellugi y Fischer, 1972). Asimismo, la falsa premisa de la universalidad del lenguaje de signos, ha quedado evidenciada en el estudio de los distintos lenguajes de signos del mundo. Se ha comprobado que el lenguaje de signos varía de la misma forma en que varían los lenguajes hablados.
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