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Arteterapia: Comunicación no verbal. "El papel de la empatía en un caso de afasia" (Parte I)

Los problemas de lenguaje tienen muchas formas. Cada tipo de afasia tiene sus características; dependiendo de una o de otra el paciente tendrá diferentes dificutades. En este artículo se aborda un caso clínico de afasia, y se expone cómo el paciente fue adaptándose a la arteterapia, encontrando una relación de ayuda y acompañamiento a través de las producciones artísticas, generando la posibilidad de crear otro lenguaje, uno silencioso lleno de simbolismo.

  1. INTRODUCCIÓN
  2. Se presenta un caso clínico de afasia  que describe la intervención arteterapéutica dentro de una residencia  Socio-Sanitaria, en Gran Canaria, donde mayoritariamente residían personas mayores aunque también admitían personas jóvenes con dificultades físicas y psíquicas, siendo el número de estos pacientes escaso en el Centro. La residencia se componía de 5 plantas. En cada una ellas se ubicaban  a los residentes por la gravedad de su enfermedad. Cada planta tenía su particularidad en el tipo de trabajo que se realizaba con los pacientes.

    En mi comienzo, empecé a trabajar con talleres creativos  pero poco a poco se fue introduciendo el trabajo de arteterapia en cada planta. Aunque no tenía el encuadre adecuado en algunas de ellas, sí se consiguió un espacio, el aula de terapia ocupacional, para trabajar cada viernes arteterapia con los residentes válidos, como el centro los clasificaba.

    Un espacio para arteterapia

    Es importante situar este punto para presentar el caso clínico de afasia y de cómo ya estaba establecido un encuadre para el trabajo arteterapéutico con este grupo de residentes, cuya edad media era de 80 años. Algunos presentaban patologías como Alzheimer, y el resto, los síntomas físicos de la vejez teniendo todas sus facultades psíquicas, pero emocionalmente se sentían deprimidos por estar allí. Así que el espacio de arteterapia era para este grupo un estimulante para poder expresar lo que sentían convirtiéndose con el tiempo en su espacio de confidencialidad, ya que a diferencia del trabajo en las otras plantas, solo estábamos presentes el grupo, sus obras y yo.

    La llegada de un nuevo residente al grupo.

    Las sesiones de arteterapia fueron interrumpidas durante dos meses por mi ausencia en el trabajo, pero mi contacto con la trabajadora social era constante. Esta compañera empieza hablarme de la incorporación de un nuevo paciente a este grupo, con una característica muy especial, tiene afasia. Se llama R. y tiene 45 años. Ella, en la realización del trabajo para la integración del paciente al centro, comunica a él y a sus familiares la existencia del espacio de arteterapia. El resto de las actividades estaban pensadas para personas mayores. Para este caso, la trabajadora social depositó unas expectativas en el trabajo artístico, ya que la mayoría de los participantes en el taller de arteterapia eran residentes que no tenían lenguaje por el grado de demencia, ictus, Alzheimer y Parkinson, observándose como progresivamente habían cambios favorables en su comportamiento, siendo la obra artística un canal de comunicación para ellos.

    La ausencia de lenguaje por una afasia.

    Hay una gran diferencia por la ausencia de lenguaje en una persona con una edad avanzada con una enfermedad degenerativa, a una persona que por un accidente se queda sin lenguaje.

    “Se habla de afasia cuando una persona ha perdido total o parcialmente la capacidad para comunicarse, es decir, para expresar y/o comprender lo que el otro dice. Es una alteración que afecta al lenguaje adquirido (el lenguaje adquirido hace referencia al lenguaje oral que ya está desarrollado en una persona adulta) debido a una lesión cerebral, (causada por traumatismo, accidente cerebro vascular o tumor) que es observable por las dificultades que aparecen en la expresión, comprensión, lectura, escritura etc.” (G. de las Heras Mínguez 2010 ).

    Los problemas del lenguaje tienen muchas formas. La variedad de los posibles efectos refleja la complejidad de la función del lenguaje. Cada tipo de afasia (Broca, Wernicke, Conducción, Global, Sensorial Transcortical, Anómica, Motora Transcortical y Transcortical Mixta) tiene sus características (Fernández y López-Higes 2005). Dependiendo de una o de otra el paciente tendrá diferentes dificultades como por ejemplo el modo de expresar, comprender, articular las palabras, etc.

    Historia clínica y personal de R.

    La información clínica de R. se obtiene escasamente y con muchas limitaciones debido a la falta de comunicación del equipo médico del centro para poder conocer con exactitud  qué tipo de afasia sufre R. Gracias a la intervención de la Trabajadora Social, la información que se obtiene es que R. sufrió un accidente laboral en una caída de pocos metros, causándole un traumatismo craneoencefálico que desencadenó una afasia y parálisis en el lado derecho de su cuerpo.

    Hacía ya tres años de su accidente, por tanto, la familia decidió ingresarlo en la residencia, pues los informes médicos manifestaban que llegado a este punto, R. ya no podría avanzar más cognitivamente y no sería capaz de expresar emociones, teniendo en cuenta que había recibido rehabilitación y logopedia.

    Por otro lado, R, está casado y es padre de dos niñas de entre 6 y 10 años.

    El primer encuentro con R.

    Recuerdo mi primer día de trabajo. La Trabajadora Social estaba deseosa de que conociera a R. y que él conociera a la profesional que llevaba el taller de arteterapia.

    Nunca olvidaré mi primer encuentro con él. Estaba sonriente, parecía mucho más joven y como si lo hubiera ensayado, me extiende la mano y dice: “H-O-L-A  S-O-O-N-I-I-I-A”,  feliz  por conseguir decir mi nombre.

    He de decir que mi reacción interna fue estar frente a un espejo. Mi Yo se reflejó en él, “Un Yo especular que se refleja en el espejo del otro y que me es devuelto”. (Lacan). Cuan significativo iba a resultar este momento para mi papel como profesional en la intervención de arteterapia con él y también en lo personal.

    En el caso de R. su imagen subjetiva estaba fracturada, y en mi caso hubo una identificación emocional desestructurando toda mi objetividad con el caso en ese primer encuentro.

    ¿Y en qué lugar se coloca el terapeuta ante un caso ligado a lo personal?

    La importancia que el encuadre tiene en nuestro trabajo con los pacientes es importantísimo pero ¿y el encuadre para el terapeuta? En mi caso fue elemental ya que me permitió centrar todo mi conocimiento y objetividad como profesional para trabajar con R. y sentirme en un lugar seguro, abstrayéndome de mi realidad personal, permitiéndome encontrar una estructura de lenguaje para comunicarme con él.

     

  3. INICIO DE INTERVENCIÓN. PROCESO DE OBSERVACIÓN.
  4. En el inicio del proceso de intervención con R. juega un papel importante la empatía para acercarme y entender su realidad subjetiva, pero también para  hallar una distancia óptima y no sobre identificarme con él.

    Observando a R. veo a una persona con ganas de avanzar en pequeños retos con su cuerpo. Sin embargo su ficha médica dice que no avanzará más. Se quedará en ese punto para siempre y no podrá expresar emociones específicas, pues no habla y no entiende. Esto no es congruente con lo que estoy observando durante días en él durante las actividades de animación. Esa distancia me permitía ver desde otra perspectiva, sin dejar de preguntarme ¿y sus recuerdos? ¿Y su familia? ¿Y donde encuentra su identidad en un grupo de mayores? De alguna manera me ponía en su lugar.

    La empatía se entiende en el sentido de la acción o actitud de ponerse en el lugar del otro. No obstante diferentes autores dentro del psicoanálisis contribuyeron al estudio de ésta.

    El psicoanalista y médico vienés Heinz Kohut (1913-1981) en sus escritos sobre la empatía aportó dos definiciones muy significativas para definirla. Una era la abstracta y otra era la clínica. En su definición abstracta, en su ensayo de 1959, Kohut define la empatía como “…introspección vicaria, ya que sólo mediante la introspección en nuestra propia experiencia podemos aprender cómo se debe de sentir otra persona en una circunstancia psicológica similar. No quiere esto decir que nuestra experiencia sea la misma del otro, sino sólo que la similaridad de las experiencias nos permiten aproximarnos a la experiencia del otro”. Posteriormente en su obra propone la definición clínica en lo que afirma; “Es la capacidad de pensar y sentir el mundo interno de otra persona”.

    “La empatía sería lo que permitiría a un individuo sentir la experiencia del otro sin perder la capacidad de evaluar objetivamente los estados mentales de ese otro. Simplemente se trata de una observación cercana a la experiencia” (Morris Tagle y David L.)

    Utilizar el método de observación antes de realizar un trabajo terapéutico permite al terapeuta ver al paciente y su mundo interior a través de sus ojos. “Somos capaces de observar el mundo interno de la persona” Y la observación da la posibilidad al terapeuta de “ver con”  de “sentir con” pero también, sentimos “con” pero no actuamos “por”. La empatía no es simpatía es una suerte de entonamiento, de corrección ocular con la óptica del paciente. (Kohut).

     

  5. INTERVECIÓN. PROCESO DE ACCIÓN.
  6. Buscar un método para la comunicación.

    Se inicia un camino incierto, vivencial y experimental sobre las dificultades que sufre una persona con Afasia; no hablar y no ser entendido. Pero sobre todo ¿cómo integrarlo en un grupo tan dispar entre ellos y mostrarle el camino para que encuentre una identidad en ese grupo? Desde este punto de ausencia de identidad de R y mi identificación con el caso, nos acercamos para empezar un proceso creativo en arteterapia.

    Antes había que encontrar un modo de comunicación para poder entendernos. Primero se realizaron algunos ejercicios de logopedia, los cuales permitirían comprobar el grado de entendimiento y compresión del lenguaje de R. Esto nos facilitó hallar un método de comunicación para encontrar un punto de inicio en el trabajo artístico.

    La primera sesión.

    El objetivo principal de esta sesión era crear un código de comunicación entre los dos, experimentando con varias posibilidades a través de diversos ejercicios.

    El primer ejercicio fue mostrarle una ficha donde aparecía el nombre de cada color y palabras  como “me gusta” “no me gusta” el “si” y el “no”. Al mismo tiempo, respetando su tiempo de respuesta, le hago unas series de preguntas cortas para comprobar si entiende lo que le muestro.

    R. no tiene problemas en señalar las respuestas de la ficha a mis preguntas cortas “¿te gustan los colores?” indicando el “si” y el “no”. Sin embargo tiene dificultades en asociar el color con la palabra correspondiente, por ejemplo “¿te gusta el color rojo?” contesta “si”. Posteriormente le pregunto “¿y en la ficha dónde está el nombre del color rojo?”. No lo identifica y se muestra confuso y nervioso.

    Así que decido mostrarle simplemente otra ficha de colores sin palabras. Este hecho será revelador para ambos en el aprendizaje de nombrar los colores e identificar cada uno de ellos. Habíamos encontrado su primera herramienta de trabajo. 

    El segundo ejercicio fue prepararle una paleta de colores exactos a los que le aparecían en la ficha para así poder averiguar si podía relacionar el color del plato con el de la ficha.

    Figura 1

     

    Fue sorprendente como R. iba señalando cada color de la ficha relacionándolo con el color correspondiente en el plato. Su principal dificultad estaba en nombrarlos, pero el hecho de que los reconociera significaba que era capaz de identificarlos.

    En el tercer ejercicio le presento el pincel, le invito a que me observe, haciéndole una pequeña demostración de cómo cogerlo. Le invito a que observe el pincel e intente cogerlo con la mano que tiene movilidad. Lo intenta siendo capaz de mantenerlo en su mano. Era importante comprobar la movilidad de su mano izquierda con el pincel ya que era diestro. Hacemos otro ejercicio conjuntamente, con movimientos suaves manteniendo el pincel durante cinco minutos. Se trataba de que su mano se adaptara al pincel. Él me observa atentamente con cierto asombro a lo que yo le estaba ofreciendo. Se adapta rápidamente al pincel. Llegaba el momento de que mojara el pincel en la paleta y lo llevara al papel. R. es muy disciplinado y observaba mi movimiento en este gesto. Se atreve y lo hace produciéndole una sensación extraña cuando el pincel tomaba contacto con la pintura. Toma confianza y lo lleva al papel permitiéndose desplazar el pincel sobre el papel. El gesto en su cara cambia, me mira, le asiento con la cabeza comunicándole con ello ¡está bien adelante! Estábamos actuando con una conducta no verbal, como “un intercambio dinámico, cara a cara, de información mediante claves que no son palabras” (De Paulo y Friedman)

    Ese intercambio fue fundamental en la información que nos trasmitíamos, él poniéndose en mi lugar para entenderme y yo en el suyo para adaptarme a lo que me expresaba. Un trabajo interpersonal en la interacción del movimiento. Un aprendizaje a través de la observación e imitación.

    Diferentes estudios de neurociencia descubrieron hace dos décadas unas neuronas llamadas Neuronas Espejo, situadas en diferentes regiones del cerebro. Éstas se activan al realizar una acción pero también al ver a otra persona realizándola. Gracias a nuestra imaginación podemos comprender los estados mentales de los demás, simulándolo en nuestro cerebro, sintiendo lo mismo, a esto se le llama la imitación y es la base de las relaciones humanas.

    “La imitación nos permite ser empáticos con los otros, es la manera de conocer el mundo que nos rodea” (Marco Lacobini). En dichos estudios se menciona como este hecho puede beneficiar en la comunicación con personas sin habla.

    En el caso de R. estaba imitándome, empatizando con un lenguaje gestual. Ello nos permitía interactuar para encontrar el modo adecuado de iniciar nuestro aprendizaje de comunicación.

    Para poder comunicarse con personas que sufren afasia, hay que tener en cuenta que tienen dificultades de expresar sus ideas y pensamientos. Ellos saben lo que quieren decir pero no les sale o sale otra palabra. O la falta de comprensión varía, desde no entender las palabras o un discurso. Por ello, es importante dejar que se expresen sin interrumpirlos. Por nuestra parte, debemos hacerles preguntas cortas, breves y sucesivas. Preguntas pronominales como por ejemplo: ¿Qué? ¿Quién? ¿Dónde? ¿Cuándo? Y para confirmar que han entendido nuestro mensaje es bueno preguntar ¿me sigues? ¿me entiendes? Si la persona ha entendido suele contestar con señales de reconocimiento y atención como: “Si” “No” “mmm” o utilizar algunos gestos. Los gestos facilitan a las personas con afasia reforzar su lenguaje, sustituir la palabra o transmitir que no han terminado de expresar algo que quieren decir. Es importante concederles el tiempo que necesiten para expresar respetando sus silencios. En el caso de R. cuando no podía expresar con alguna palabra, su gesto era  ponerse el puño de la mano en su boca con un movimiento estereotipado, mostrando nerviosismo por no poder hablar.

     

    La primera obra de R.

    En el cuarto ejercicio le ofrezco otro papel. R. se toma su tiempo para empezar a pintar, experimentado las sensaciones que este hecho le producía ya que era algo nuevo para él.

    Me atrevo con la ficha de colores a preguntarle con mucha calma R. ¿Si fueras un color qué color serías? Eligió el color azul. Desde entonces siempre se representaría con él.  Coloca el color azul en un extremo rodeándolo con otros colores como si quisiera protegerse. Llama mucha la atención los intentos de conexión entre los círculos pequeños. Buscaba una estructura a su alrededor o posiblemente un cierto orden en su modo de expresar. Nuestro último ejercicio en esta sesión fue comprobar la capacidad para escribir su nombre. Le cuesta mucho, así que yo se lo escribo en otro papel y él lo copia. El poder escribir su nombre en su primera obra, fue abrir una pequeña puerta a un número de posibilidades aún intactas en él después del accidente.   

    Figura 1

          

                               

     

     

          

    Las primeras etapas del proceso creativo

    Seguíamos avanzando en el modo de comunicarnos estableciendo nuestro propio código gestual antes de empezar una sesión.

     

     

     

    ¿Cómo estas hoy R?

     

     

     

     

    1. Si está bien
    2.  

    3. Si está mal
    4.  

    5. Si está regular

     

      Respuesta gestual de R.

     

     

    Abre los brazos en cruz

     

    Cruza los brazos

     

    Hace un gesto con la mano, así, así.

     

     

    La escucha clara, activa y significativa del otro, la comprensión sensible  y empática son una respuesta. Como analizante es un diálogo muy particular: un encuentro entre dos textos, entre dos subjetividades, en las que se va construyendo sucesivamente un vínculo”. (Mirea Bassols Soldevilla). Esta autora hace referencia sobre la opción metodológica que tomamos en la práctica arteterapéutica, basada en la atención a la diversidad. Donde la relación que establecemos  es de ayuda y acompañamiento a través de las producciones artísticas generando la posibilidad de un autodescubrimiento de la persona para crear otro lenguaje, en este caso, un lenguaje silencioso lleno de simbolismo.

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