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La autoestima un aprendizaje actitudinal en la Orientación (Parte II)

Se considera a la adolescencia una etapa crítica, entre otras razones, porque la persona necesita construir una identidad autónoma, que implica una serie de interrogantes acerca de la vocación, los primeros trabajos o la independencia de la familia y la construcción de una propia, incluso el aumento de las demandas en el plano social.

El adolescente y las problemáticas vocacionales  

La adolescencia constituye un periodo de transformación caracterizado por una serie de cambios físicos, avances en el desarrollo cognitivo y socioemocional. A estos cambios se le unen un constante esfuerzo por encontrar un yo y un lugar en la sociedad.

Se describe asimismo a la adolescencia y juventud como un proceso transicional en la vida de las personas, vinculado a una etapa crítica, que presenta requerimientos socioculturales especiales tanto para el sujeto mismo como para los adultos que se hacen cargo de su acompañamiento vocacional o profesional.

Se considera a la adolescencia una etapa crítica, entre otras razones, porque la persona necesita construir una identidad autónoma, que implica una serie de interrogantes acerca de la vocación, los primeros trabajos o la independencia de la familia y la construcción de una propia, incluso el aumento de las demandas en el plano social. Esto se constituye, así como una problemática vocacional, en donde las relaciones entre la persona, los grupos e instituciones son en muchas ocasiones contrapuestas o disarmónicas.

Muchos jóvenes superan esta etapa crítica sin grandes problemáticas, logrando así una adultez saludable, otros, sin embargo, padecen dificultades que pueden tener importantes consecuencias para su vida adulta. Entre los riesgos de este período destacan las conductas violentas y antisociales, el fracaso escolar, los accidentes, la depresión, el suicidio, entre otros problemas emocionales como la anorexia y la bulimia, embarazos no deseados, consumo de drogas etc. (Quiles J y Espada J, 2010, pág. 51).

Según Piaget (en Delgado, 2009), el pensamiento adolescente supone la culminación del razonamiento lógico-formal, que produce significativos avances cognitivos que merecen conocerse y que resultan necesarios para entender ciertas características intelectuales típicas de esta etapa, como el llamado egocentrismo adolescente, la audiencia imaginaria y la fábula personal entre otras. Sin embargo, estas conquistas lógicas no constituyen la totalidad del desarrollo adolescente. Es importante aborda la adolescencia desde una dimensión afectivo social, de manera especial en los cambios y continuidades que se producen en el autoconcepto y en la autoestima. Escenario nuevo donde las relaciones interpersonales serán la fuente de experimentación y nuevos desafíos con el grupo de iguales (amistad, el amor y la sexualidad) que influyen de forma importante tanto en el autoconcepto como en la autoestima en el proceso de búsqueda de una verdadera identidad. La familia, el contexto escolar y las nuevas tecnologías seguirán jugando un papel importante en la construcción de su identidad (Delgado, 2009. pág. 95).

Igualmente, la construcción de la identidad, en el adolescente según Erickson (en Delgado 2009), se enfrenta a cambios físicos y demandas sociales que le harán dudar sobre quién es. Marcia (en Delgado 2009), por otro lado, indica que el adolescente puede pasar o no por una crisis de identidad, entendida esta como momento de búsqueda y exploración de diferentes alternativas y, por otro lado, el haber adoptado compromisos vocacionales, ideológicos o personales (pág. 118).

El resultado de este proceso de construcción de la identidad, es una nueva reorganización crítica en la manera de apreciarse, lo que supone una modificación en su autoconcepto y su autoestima en el desarrollo cognitivo y afectivo social del adolescente en especial en las problemáticas vocacionales.

Harter (en Rojas L 2007, pág. 71) indica que, en los primeros años de la adolescencia, las autovaloraciones están basadas en: atributos físicos y psicológicos (apariencia y la inteligencia), en las aptitudes para las relaciones interpersonales, el éxito escolar, el trabajo y los talentos artísticos o creativos. Los autoanálisis de estos adolescentes tienen que ver con el autoconcepto ¿qué pienso de mí? Y con la autoestima ¿cómo me siento conmigo mismo? Y siempre que opinan de sí mismos, van acompañados de un tono emocional coherente, de forma que relaciona un pensar, sentir y actuar.

Asomarse al mundo adolescente, es entrar en un terreno de diversidad en el que sólo es posible estudiar ciertos patrones generales. Pese a lo cual, la opinión que tienen de los adolescentes, la mayoría de, padres, educadores y personas adultas, se relaciona con una idea negativa y generalizada de la misma, y observamos que en este modelo de déficit (donde se habla de factores de riesgo para hacer referencia a las circunstancias que aumentan la probabilidad de que surjan trastornos, y de factores de protección para referirse a las que la disminuyen), se mantiene por inercia y, lo que es peor, porque las expectativas acaban cumpliéndose por el hecho de expresarse, en las diversas prácticas educativas formales o no formales (Oliva A. 2015, pág. 34).

En un mundo tan acelerado y complejo como el actual, la introducción del adolescente a las problemáticas vocacionales, asociadas con el qué hacer, en términos de itinerario vital en el área laboral y educativa, están hoy fuertemente atravesados por la incertidumbre en relación al futuro.

Tradicionalmente la elección vocacional estaba muy ritualizada, en la actualidad sin embargo se convierte en un reto, generando una un gran estrés transicional caracterizado por un fuerte despliegue de inestabilidad emocional (en un ir y venir del comportamiento anterior al actual, de actitudes viejas a nuevas).

Las sociedades actuales son sociedades de individuos no de colectivos e insisten, como si fuera una gran suerte, en que cada uno tiene que “diferenciarse” y construir su proyecto de vida y carrera, y en ese aparente respeto a la libertad y autonomía de las personas, invisibiliza la despreocupación por los demás, el deterioro de los lazos sociales solidarios, el desinterés por el bien común (Rascovan, 2020, pág. 30).

Ante estas problemáticas socioculturales es necesario plantearse un nuevo modelo sobre los adolescentes, visualizando esta etapa como una construcción elaborada a partir de factores biológicos y experiencias sociales. Una visión optimista que se manifieste en las prácticas educativas y en especial en orientación psicopedagógica (Marina J. Rodríguez M. Lorente M, 2005, pág. 8).

Si bien la sociedad tiene mayores exigencias para los adolescentes, también tiene más oportunidades. En esta etapa está en juego su futuro, por lo tanto, es necesario orientar desde las condiciones óptimas para la toma de decisiones y el desarrollo integral del adolescente en todos sus contextos.

 

Retomado a Marina J. Rodríguez M. Lorente M (2005, pág. 12) lo que caracterizaría a este modelo optimista adecuado a la orientación es:

  1. La adolescencia tiene como función biológica y social del aprendizaje. Incitando a una vida autónoma y a explorar nuevos lazos afectivos. La maduración psicológica del adolescente depende ante todo en una educación para la responsabilidad.
  2. En esta etapa adolescente es la necesario aumentar nuestras expectativas sobre los adolescentes, y las expectativas de los adolescentes sobre ellos mismos, como una época de oportunidades y una imagen positiva en beneficio de la comunidad y los otros.
  3. La tarea educativa debe dirigirse a realizar con éxito las tareas vocacionales de esta edad. Una adecuada orientación en el pensar, sentir y actuar para ampliar sus posibilidades, apoyarlo a hacerse cargo de su propia vida, aprender a ser autónomo y establecer su propia identidad y sus nuevos roles sociales en el mundo adulto y el mundo activo.

 

Autoestima en adolescentes y elección vocacional.

En este texto argumentario, como lo señalamos anteriormente, nos interesa trabajar la autoestima global como proceso evaluador del autoconcepto y ambos conceptos como elementos del sí mismo o el autoconocimiento. Visualizándola a su vez como un aprendizaje actitudinal necesario en el proceso de elección vocacional de los adolescentes y jóvenes.

Es sustancial indicar la dificultad de definir un concepto tan complejo como el de autoestima debido a diferentes matices conceptuales enunciados en relación al mismo, incluso su transformación a lo largo y ancho de la vida de la persona. No obstante, lo consideramos un factor clave en el desarrollo de la identidad adolescente.

Los determinantes de la autoestima en los adolescentes, según Parra. A, Oliva. A y Sánchez. I (2004, pág. 334), así como Quiles .M y Espada. P (2010, pág. 52) son los siguientes:

  1. Su imagen corporal resultado de los distintos cambios físicos.
  2. El clima familiar.
  3. Las relaciones de apego al grupo de iguales (amistad).
  4. El contexto educativo y las nuevas actividades, roles y red de relaciones comunitarias y sociales.

Verdugo. A (s: f pág. 2), incluye además la influencia de los medios de comunicación y el uso de nuevas tecnologías que intervienen para moldear la autoestima del adolescente, afín a los estándares de excelencia y autoevaluación sociales.

En las problemáticas y el asesoramiento vocacional, y en la construcción del proyecto de vida, la primera dimensión a trabajar es el autoconocimiento como sustento de las otras dimensiones (información del mundo educativo y laboral, toma de decisiones y aproximación del mundo educativo y laboral). Dimensiones que corresponden a factores personales, y a factores del contexto sociocultural (Bisquerra,1998 pág. 240).

 

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