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El Diario de lecturas: Estrategia efectiva para desarrollar las competencias de redacción y la comprensión lectora (Parte I)

“He comenzado a escribir buscando una interacción activa con el lector. Tratando de que el lector de alguna manera participe en la historia, en la propia escritura o que esté como yo asomado a una ventana viendo a sus personajes, pero que pueda en alguna medida, al menos, modificar o actuar su mirada, su punto de vista”
Hilda E. Quintana | 1/09/2006
El Diario de lecturas: Estrategia efectiva para desarrollar las competencias de redacción y la comprensión lectora. (Parte I)

Tema: La lectura y la escritura en el nivel superior.

Las investigaciones realizadas por Britton y su grupo de investigadores en la Universidad de Londres ha guiado mi práctica pedagógica desde la década de los noventa cuando empecé a enseñar redacción. Considero importante tomar en cuenta sus investigaciones para lograr una enseñanza efectiva de la comunicación escrita, nos sólo en la clase de redacción, sino en cualquier materia. En su libro "The Development of the Writing abilities” (1975), Britton establece las funciones de la expresión escrita de la siguiente forma: la redacción personal o expresiva, la transaccional o académica y la poética o creativa.

La redacción personal, que es la que nos atañe en este trabajo, es la expresión más cercana a nuestro pensamiento, es informal, reflexiva, íntima, es una forma de hablar con uno mismo (Britton, 1975). Esta forma de expresión es fundamental para el desarrollo de las ideas y para promover las destrezas de pensamiento. Este tipo de expresión es la que utilizamos más frecuentemente y es la que nos sirve de base para los otros tipos de expresión escrita. La redacción personal juega un papel muy importante en el desarrollo de nuestras ideas, pues lo que escribimos se convierte en un primer borrador que en todo momento puede trabajarse más y evolucionar en una redacción académica y creativa.

Los estudios de Britton y sus colegas revelaron la importancia de la redacción personal en la escuela, pues es la base para lograr tanto la redacción académica como la creativa. La ausencia de la redacción personal en el currículo de las escuelas denota el poco conocimiento que se tiene de cómo funciona el lenguaje (Martin, 1976). Además, indica Britton que el uso casi exclusivo de la redacción académica en las instituciones educativas no ha sido positivo, pues este tipo de redacción no promueve el desarrollo de todas las destrezas del pensamiento crítico. En muchos casos, saber escribir significa saber transformar la prosa del escritor (personal) en la prosa del lector (académica, creativa). Freisinger (1982) insiste en que depender excesivamente la función de académica del lenguaje puede ser responsable de la inhabilidad de nuestros estudiantes de pensar críticamente.

Es sumamente importante recordar que para escribir para otros (escribir ensayos, monografías, cuentos, etc), para comunicar un mensaje, debemos primero escribir para nosotros mismos. Por lo antes expuesto, se recomienda que en el caso de los principiantes, la redacción personal (lo que se escribe para uno mismo) es la más apropiada para iniciarlos en la redacción.

De todas estrategias para promover la redacción personal, sin lugar a dudas, los diarios (“journal”, en inglés) son el núcleo de estas prácticas, pues fomentan que el estudiante empiece a “hablar consigo mismo por escrito.” Uno de los diarios más utilizados es lo que he denominado Diario de lecturas. Éste es un cuaderno en el que el estudiante reflexiona sobre las lecturas que se discuten en clase durante el curso. Cuando se asigna regularmente en clases, ha probado ser muy efectivo (García del Toro y Quintana, 1997). En el mismo, el estudiante relaciona lo leído con sus experiencias previas: tanto personales como las vividas durante su proceso de aprendizaje, con otras obras leídas, con películas, etc. Al finalizar el semestre, se convierte en un importante documento en el que tanto el estudiante como el docente podrán leer los comentarios, análisis y reflexiones sobre los textos leídos, estudiados o asignados. Sirve también como estrategia para promover el aprendizaje y la práctica de la escritura, sin que el estudiante se sienta presionado porque las convenciones del idioma, pues la redacción personal no obedece a reglas o formatos específicos. No toman en cuenta las necesidades del lector. Su propósito es “promover una relación personal y reflexiva con los libros y dar poder para colaborar con el autor en la creación de un significado único y personal: (Fuhler en Torija de Bendito ( 1999).

Hay muchas formas de llevar un diario de lecturas. El docente indicará cuál (o cuáles) es la más adecuada para el curso. El Diario puede constar de diversas hojas con tareas de redacción y comprensión lectora diferentes, de acuerdo con el tipo de texto. Para un ensayo expositivo o argumentativo es recomendable utilizar aquella hoja en la que el estudiante escribirá las ideas, pensamientos o pasajes del texto que le han llamado la atención en una columna y posteriormente, en otra columna, escribir su reflexión sobre las mismas. Mientras que para una narración, es más conveniente utilizar una hoja en la que se resume lo leído y luego, escribe un comentario, una respuesta literaria de la misma. También se puede ofrecer a los estudiantes una serie de preguntas que guíen sus escritos en los diarios, dependiendo de la edad y grado que cursan, tales como: ¿Existe alguna semejanza entre la obra y mi vida o con la de alguna persona conocida?, ¿Qué preguntas me gustaría hacerle al autor de la obra?, ¿La recomendaría a un amigo?, ¿Quiénes deberían leerla?,¿Por qué?, ¿Qué emociones me despertó?, entre otras.

Al redactar, el estudiante debe anotar siempre la fecha en que escribe. Si lo hace sobre una lectura adicional o para un trabajo especial, debe identificarla como tal en su diario. Se debe recomendar a los alumnos que escriban inmediatamente después de leer, para que puedan recordar mejor lo leído. Es aconsejable que se escoja el momento más adecuado del día para leer y escribir en el diario, a menos que se use como actividad en el salón de clases.

El Diario de Lecturas no solamente es una estrategia para desarrollar la comunicación escrita de nuestros estudiantes, sino también la comprensión lectora. A tales efectos Britton y su grupo de colegas investigadores de la Universidad de Londres señalan en su libro “The development of the writing abilities”, 11-18 (1975) que cuando las personas escriben sobre información e ideas nuevas, además de escribir, hablar y escuchar, aprenden y entienden mejor. Sabemos que las investigaciones resaltan la importancia de correlacionar la enseñanza de la lectura y la escritura. Smith (1983) postula que no se puede tratar por separado la lectura y la redacción, así como tampoco su enseñanza. Los estudiantes aprenden a leer, a escribir, al aprender los usos posibles del lenguaje escrito. Todo lo que se aprende acerca de la lectura le sirve para convertirse luego en escritor. Todo lo que se aprende sobre la redacción contribuye significativamente al desarrollo de su habilidad lectora.

Al igual que en el proceso de la redacción, en el proceso de la lectura, el estudiante aprende a descubrirse, a revelarse, a aprender. No podemos olvidar que lo que conocemos o sabemos debe poder ponerse por escrito. La lectura, al igual que la redacción, también es un proceso: un proceso de comprensión, un proceso para aprender. El proceso de pensar permite que la página escrita cobre significado y que leer no se convierta meramente en un proceso de decodificación. La lectura como proceso para pensar persigue la comprensión de ideas, y la lectura como proceso para aprender se convierte en una manera para obtener información y aprender sobre la misma. De esta forma el acto de leer o escribir se convierte en un acto de conocimiento en el cual una destreza refuerza la otra.

Es precisamente esa la experiencia que he que he tenido en mis salón de clases al utilizar los Diarios de Lectura. Los estudiantes le pierden el miedo a escribir y su comprensión lectora mejora. La interacción activa entre el lector y el escritor de la cual habla el escritor cubano Senel Paz se da en muchos de mis estudiantes: “He comenzado a escribir buscando una interacción activa con el lector. Tratando de que el lector de alguna manera participe en la historia, en la propia escritura o que esté como yo asomado a una ventana viendo a sus personajes, pero que pueda en alguna medida, al menos, modificar o actuar su mirada, su punto de vista” [1].

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