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El problema de la lateralidad y la actividad física. (Parte IV)

En la caracterización realizada a la población objeto de la investigación desde el punto de vista de los niveles de dominancia hemisférica motriz, se apreció una clara división entre sujetos que manifiestan predominancia lateralizada y los que muestran latencia en su dominancia. Es significativo el alto porciento de la muestra que manifiesta índices de latencia en la dominancia hemisférica motriz, y la gran cantidad de niños que manifiestan condiciones objetivas para la ambidextría.
En general, en todos aquellos deportes, sobre todo psicomotrices, en los que la dificultad en el aprendizaje de sus movimientos se pueda ver favorecida por una práctica sistemática que incluya la ejercitación de ambos lados con fines, esencialmente, de transferencia hacia el lado preferente.

Sobre este aspecto concreto, U. Wenger (1988) ya había revelado que en diversos experimentos, incluso en deportes como los que demandan la utilización de raqueta, se había demostrado que el entrenamiento con la mano contralateral mejoraba el rendimiento de la mano preferente.

A similares conclusiones han llegado otros autores como W. Starosta (1992), quienes atribuyen a las sensaciones cinestésicas la principal razón de que los deportes deban ser ejercitados tanto el lado preferente como el no dominante, sobre todo en la fase inicial, ya que de esta manera se "refrescarían" las citadas sensaciones cinestésicas.

Respecto a otras disciplinas deportivas como la Gimnasia Artística, también se han realizado estudios (J. López Bedoya, 1990; J. López Bedoya, J. Gil & M. Vernetta, 1992) en los que fueron formuladas diferentes hipótesis en el sentido de si podría ser más efectivo el aprendizaje de movimientos deportivos específicos que implicaban rotación en el eje longitudinal, cuando el sentido de rotación se mantenía al lado preferente o si se cambiaba al lado no preferente.

Se concluyó, por tanto, que el entrenamiento era el factor decisivo en la performance de los giros longitudinales, y no la preferencia en el sentido de rotación, lo que abre un importante campo de trabajo respecto a las demandas que exigen otros deportes, como puede ser el Judo.

También resultaría ventajosa la transferencia en todos aquellos deportistas que, por causa de cansancio, intensidad o volumen de carga, lesión o incapacidad transitoria o permanente del hemilado preferente, deban excluir la ejecución por ese hemicuerpo, de forma temporal o definitivamente (Judo, Esgrima, Tenis, etc.)

Asimismo, en todas aquellas situaciones en las que, una vez que haya sido confirmado a través de estudios experimentales, se pueda asegurar que el mecanismo de la transferencia puede favorecer la consecución de los objetivos previstos.

En el ámbito deportivo, ha sido muy común efectuar estudios relacionados con la lateralidad, tanto respecto a su influencia en la adquisición o reeducación de la técnica como en el análisis de las consecuencias referidas a la simetría o asimetría de sus intervenciones.

Entre ellos destacamos W. Starosta, (1977, 1989, 1992) sobre el Patinaje, S. Grondin, M. Trottier & C. Houle (1994), sobre Hockey hielo, J. Solin (1990b) y R. Chanon (1990, 1991), sobre corredores de vallas, P. Olislagers (1984), J. López Bedoya (1990) y J. López Bedoya, J. Gil & M. Vernetta (1992), sobre Gimnasia Artística, A. Soares (1981), sobre Gimnasia Rítmica,...

Las consideraciones más significativas vertidas sobre estos estudios parecen sugerir que la transferencia es posible y recomendable en un amplio espectro de disciplinas deportivas y en muy diferentes ámbitos de intervención.

Asimismo, lo más sorprendente resulta ser la formulación de la hipótesis que sugiere que los resultados obtenidos son independientes de la preferencia lateral inicial, siendo el proceso de aprendizaje-entrenamiento el principal responsable de los logros y las adquisiciones en materia de dominancia respecto a la ejecución lateral.

No obstante, todavía subsiste la hipótesis de si la extrema preferencia por un hemisferio cerebral, es decir, lo que se conoce como "hemisphericity" podría influir en el aprendizaje de una destreza motriz.

Sobre esta cuestión, los resultados de un estudio (M. Fairweather & B. Sidaway, 1994) referido a los efectos de diferentes estrategias de enseñanza hemisférica sobre una destreza deportiva como el swing de Golf en escolares diestros entre 14-15 años (n=40), que no presentaban extrema preferencia, sugieren especial atención.

En el experimento se asignó, al azar, un tipo de enseñanza dirigido al hemisferio izquierdo, otro al derecho y un tercero a ambos, para el aprendizaje y ejecución de la mencionada destreza.

Los datos revelaron que el grupo del hemisferio derecho y el interhemisférico aprendió y ejecutó la destreza más eficientemente que los del hemisferio izquierdo; asimismo, los dos primeros ejecutaron y presentaron una adquisición de forma similar pero el grupo interhemisférico mostró mejor retención de la destreza, por lo que se concluyó recomendando este tipo de estrategias.

En relación a la transferencia y a la simetrización de los movimientos deportivos, consideramos que se trata de un método útil y eficaz en la mejora de la coordinación motriz global y una técnica de intervención poco explotada hasta el momento, la cual puede ser empleada tanto en el más alto nivel como en las etapas iniciales de aprendizaje, siendo más evidentes las adquisiciones en estas últimas.

En investigación realizada por el autor del presente artículo, donde se aplica un experimento con un diseño de tipo cuasiexperimental con preprueba-postprueba y grupos intactos (uno de ellos control) (Campbell y Stanley, 1965), y en el cual se compara la influencia de diferentes tratamientos al desarrollo de la dominancia hemisférica motriz en la enseñanza de una acción motriz deportiva, se destacan como resultados más significativos:

En la caracterización realizada a la población objeto de la investigación desde el punto de vista de los niveles de dominancia hemisférica motriz, se apreció una clara división entre sujetos que manifiestan predominancia lateralizada y los que muestran latencia en su dominancia. Es significativo el alto porciento de la muestra que manifiesta índices de latencia en la dominancia hemisférica motriz, y la gran cantidad de niños que manifiestan condiciones objetivas para la ambidextría.

Existen diferencias en relación con las ejecuciones de forma bilateral entre los niños que manifiestan latencia y los que manifiestan predominancia lateralizada en su dominancia hemisférica. Los mejores resultados se expresan en los sujetos que presentan latencia en su dominancia hemisférica motriz, lo que corrobora el planteamiento de que las mejores posibilidades de ejecuciones bilaterales se muestran en aquellos sujetos que tienen un gran nivel de comunicación ínterhemisférica.


Conclusiones.

Por lo que es criterio del autor del presente, abordar el estudio de la dominancia motriz como un proceso de carácter relativo, no resultado de un proceso fijado estructuralmente sino de un equilibrio neurofisiológico dinámico, en el que su adquisición ha de expresarse a través de la cantidad de experiencias (aprendizajes), las que asumen un papel relevante en la determinación de las asimetrías o simetrías laterales entre miembros homólogos en función de las particularidades psicofisiológicas individuales

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