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Abuso sexual infantil. (Parte III)

Acabar con los abusos sexuales es responsabilidad de todos. Los programas de prevención en el marco de la educación sexual, la sensibilidad social y profesional hacia el tema son necesarios para un abordaje profundo.


Los niños que son víctimas de abusos sexuales distinguen claramente este tipo de contactos de las caricias afectivas que reciben en otras circunstancias. A pesar de la actitud seductora del agresor, el niño percibe claramente, aunque no entienda muy bien que está pasando, que la situación no es clara. Miradas insinuantes, toques insistentes, secreto, confidencialidad, presión, atenciones desproporcionadas, son algunas de las artimañas que el niño tiene que sortear.


Las conductas sexuales que se dan en los abusos sexuales se pueden clasificar en:

a) Directas:

- Contacto genital o anal entre niño y adulto.


- Penetración anal, vaginal u oral.


- Manipulación del cuerpo por debajo y por encima de la cintura.


- Masturbación.


- Otros actos de gratificación sexual del adulto: frotterismo, eyaculación sobre el menor, etc.


b) Indirectas:

- En el caso de los niños, intentos de penetración anal y prácticas de sexo oral hacia el agresor, seguido de masturbación al agresor y con muy poca incidencia la observación de conductas sexuales o material pornográfico.

- En el caso de las niñas, las conductas más comunes son tocamientos en zona vaginal, con menor frecuencia se dan las prácticas de sexo oral al agresor, masturbación e intentos de penetración vaginal. Finalmente y con menor incidencia aparecen intentos de penetración anal, observación de conductas sexuales o material pornográfico y sexo oral hacia la menor. Es muy raro que nos encontremos con conductas donde se ha llevado a cabo penetración vaginal y, cuando esto ocurre, suele ser en menores de más edad (púberes o adolescentes). Suponemos que la penetración vaginal esta condicionada al desarrollo físico de la menor.

LA PREVENCIÓN DE ABUSOS SEXUALES, RESPONSABILIDAD DE TODOS

Acabar con los abusos sexuales es responsabilidad de todos. Los programas de prevención en el marco de la educación sexual, la sensibilidad social y profesional hacia el tema son necesarios para un abordaje profundo. Conseguir sistemas de detección serios y eficaces que permitan la atención preventiva sobre estos casos son los objetivos que tenemos que promover. No podemos olvidar que son muchos los profesionales involucrados: médicos, enfermeros, profesores, fiscales, jueces, abogados, psicólogos, pedagogos, asistentes sociales. Estas personas por su relación privilegiada con los niños juegan un papel fundamental unos en la detección y prevención de los abusos sexuales y otros, en hacer más llevaderas las consecuencias judiciales que pudieran tener las denuncias. Cada vez existe una mayor preocupación por la victimación secundaría que supone para el niño el proceso judicial. La legislación de medidas que acaben con esa victimación secundaria es una tarea pendiente por la que tenemos que seguir trabajando, además de promover programas de prevención de abusos desde el marco más amplio de la educación sexual y por supuesto contemplando la prevención de los abusadores. Las campañas alarmistas en las que se trata el tema fuera de contexto, en ocasiones no hacen más que confundir y crear una alarma desproporcionada.

Por otro lado el gran reto que tenemos es informar sin alarmar, actuar como profesionales responsables, alejándonos del tono morboso que desafortunadamente utilizan algunos medios de comunicación. En la tabla 4 aparecen algunas de las recomendaciones que podemos hacer a los padres preocupados por este tema.

Los abusos sexuales a los niños se dan en nuestra sociedad, a veces en la propia familia y tenemos que hacerles frente. Pero mucho cuidado con que esto suponga satanizar la sexualidad, como frecuentemente se hace con cualquier excusa. Prevenir contra los abusos no es prevenir contra el disfrute y el placer sexual. La sexualidad no es mala, las prácticas sexuales coercitivas son las negativas. Las agresiones tienen unas circunstancias y unas características precisas como ya hemos comentado y no tiene nada que ver con la satisfacción que nos puede proporcionar acariciar, besar, abrazar a nuestros niños. Los menores necesitan nuestro afecto, nuestro contacto y nosotros el suyo. Sembrar caricias en los niños es una de las mejores maneras de educarlos en la convivencia, en el amor, en la sexualidad.

Como profesionales debemos evitar a toda costa que los casos de abusos sexuales se conviertan en la coartada para crear desconfianza, hostilidad y paranoia hasta el extremo de que los padres no puedan ni acariciar a sus hijos sin temor a verse denunciados. Debemos cuidar que la información que nos llega no se magnifique y la prevención no se convierta en evitación del contacto físico.

El contacto con los niños y la comunicación con ellos incrementan su autoestima y favorece el afecto. A más caricias menos abusos, podría ser el lema de un mundo más habitable para todos los niños y especialmente para las niñas, que son las víctimas más numerosas de este secreto sufrimiento. Este es el mensaje que como profesionales de la salud y la educación debemos transmitir.

El acercamiento a este tema desde la perspectiva integradora que nos ofrece la sexología, contemplando aspectos médicos, psicológicos y sociales, puede servir de gran ayuda para ofrecer respuestas globalizadas a un tema interdisciplinario y complejo como son los abusos sexuales a menores.

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