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Pautas en la comunicación con los hijos adolescentes

 Muchas personas pasan en una etapa de sus vidas por mostrarse como personas de carácter difícil. Ejemplo de ello es la etapa de la adolescencia, donde la persona está experimentando cambios continuos, físicos, químicos y mentales a los que debe adaptarse.

 Cuando nos encontramos en una situación similar debemos tomar medidas para defender nuestros intereses, dignidad y autoestima. Si no ponemos freno a este tipo de conductas, nos puede acabar afectando no sólo a la autoestima, sino a nuestro sistema inmunológico e incluso se puede convertir en una obsesión. Algunas de las reflexiones que debemos tener en cuenta para favorecer una óptima comunicación son:


• Reaccionar no es positivo ya que lo que se debe hacer es actuar: detenerse unos segundos, respirar hondo y tener la capacidad de ver si lo que ibas a contestar era procedente o no, y así, tú respuesta será la más adecuada

• Es importante dejar que el hijo muestre sus sentimientos y hable de sus pensamientos sin emitirle juicios

• Un adolescente empieza a caminar en el sendero del mundo adulto y equivocarse o cometer errores le enseña

• Es el momento de dar confianza a ese hijo que hasta ahora se mantenía atado a las raíces del padre o la madre. Tiene que crear sus propias raíces

• Permite que tú hijo no renuncie a la capacidad de elegir, de decidir, ya que el poder que puede llegar a ejercer un adulto controlando en exceso las decisiones de un hijo contribuye a que se den desequilibrios: malestar y enojo que acaba dirigiéndose hacia los demás o uno mismo
• Permítele espacio

• No le evites a tu hijo las dificultades de la vida enséñale más bien a superarlas


• No olvidar, que los adolescentes se suelen resistir a la implantación de límites, pero es un error creer que en esta edad todo es negociable

• Por otro lado las normas para ser cumplidas deben ser realistas y razonables

• Ser madre es cuidar y acompañar, pero también significa saber crear, a medida que los hijos crecen, un espacio para que comiencen a recorrer su propio camino. Se trata de un aprendizaje que implica aceptar que paulatinamente ellos tomarán decisiones que no siempre son de nuestro agrado ni responden a nuestras expectativas

• Es importante que te valores como madre pero también como persona. Para ello haz un esfuerzo para recuperar un tiempo y un espacio para ti

• Buscar espacio que os una, donde a parte de daros compañía poder encontraros en el diálogo, la reflexión sin juicios que infravaloren o ataquen a la otra persona

• Es importante buscar y elegir el momento oportuno para comunicarse

• No atosigar y sermonear creando culpabilidad en el otro

• Cuando se piensa constantemente en los problemas de los hijos y no se logra distinguir entre cuáles es justo que ellos afronten por sí mismos y cuáles, por el contrario, necesitan una ayuda real, entonces con toda probabilidad se está demasiado involucrado y se presta un mal servicio al propio hijo

• Otra señal de excesiva implicación y de hiperprotección es cuando los padres determinan problemas allí donde los hijos no los ven

• La posición preferida de muchos padres es la de hablar en lugar de su hijo, indicando la alternativa correcta, única, la que conocen ellos, pensando que de este modo gracias a esta ayuda que ofrecen a sus hijos les están prestando un buen servicio


• El intento de persuadir llega a través de repetidas e insistentes explicaciones, con las cuales los padres expresan un punto de vista distinto al del hijo, pero que difícilmente es aceptado en primera instancia. Entonces la lógica de hacer más de lo mismo lleva a los padres a repetir aumentando la dosis, convencidos de que obtendrán resultados; pero como sabemos, esto no ocurre y, por lo tanto, se crea la solución intentada de “ponerse a discutir”.

• Muchas veces los padres creen que lo peor que puede suceder después de una discusión es que el hijo no siga el óptimo consejo que se le ha dado. En realidad las consecuencias son más graves, porque la discusión puede dar al hijo el empujón necesario para poner en práctica soluciones contrarias a su interés, que nunca habría siquiera considerado si no hubiese sido por el comportamiento de sus padres

• Es crucial sentarse para comunicarse y entre ambas plasmar, si es necesario por escrito, cuales son las situaciones o comentarios que os desagradan del otro para a continuación buscar soluciones.

 

Referencias

- El pequeño dictador. Javier Urra. Ed. La esfera de los libros
- “Las relaciones sociales en la adolescencia”. Carolyn Meeks (artículo)
- “La autestima en niños y adolescentes”. Wayne W. Dyer (artículo)
- Niños y adolescentes difíciles. Andrea Fiorenza. Ed. Integral 

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