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No Agresión en los niños preescolares

La regulación emocional es una parte normal del desarrollo psicosocial infantil. Los niños que no aprenden los límites del comportamiento apropiado y los que tienen un control pobre de la experiencia y la manifestación de sus emociones pueden adquirir problemas emocionales.

Durante la etapa preescolar, los niños comienzan a comprender quienes son ellos mismos y que lugar ocupan en un mundo social particular; aprenden las normas, las reglas y los significados culturales de su sociedad, lo que contribuye para que desarrollen un autoconcepto que quizás subsista durante toda la vida.

 

Durante los años preescolares, la socialización de los niños es algo compleja, ya que deben aprender a enfrentar en forma aceptable emociones como la ansiedad, además deben desarrollar conceptos cada vez mas complejos, tales como lo que significa ser niño o niña, hermana o hermano, conceptos que a su vez cumplen una función importante en la dirección de la conducta infantil, pues aprenden a ajustar su comportamiento a los esquemas de género aceptados.

De los dos a los seis años ocurre un crecimiento en el autocontrol del niño, pues aunque desde los dos años poseen todas las emociones básicas, las expresan de manera inmediata, impulsiva y directa; no pueden esperar a ver sus deseos satisfechos y no son capaces aun de expresar su enojo verbalmente. En cambio, los niños de seis años son mucho mas verbales, reflexivos, estallan con menos rapidez y controlan su conducta.

 

El sentido de la identidad personal y cultural que se forma entre los dos y seis años está acompañado de fuertes sentimientos que los niños deben aprender a integrar a sus propias estructuras de personalidad. La regulación emocional es una parte normal del desarrollo psicosocial infantil. Los niños que no aprenden los límites del comportamiento apropiado y los que tienen un control pobre de la experiencia y la manifestación de sus emociones pueden adquirir problemas emocionales.

 

Los niños aprenden pronto que la exhibición de sentimientos negativos es inaceptable en lugares públicos; sin embargo, aprender a manejar las emociones no es lo mismo que no tenerlas nunca.

 

En el proceso de aprender a autorregular sus sentimientos, los niños de dos años y medio o tres frecuentemente golpean, dan puñetazos, patadas o mordiscos. A esta edad, los niños utilizan la agresión como un instrumento para alcanzar una meta; por ejemplo, el niño tiene una sola idea sobre algo que quiere, y hace gestos amenazantes contra cualquier persona que trate de quitárselo. A este comportamiento se le llama agresión instrumental.

 

Entre los dos y medio y los cinco años es normal que el niño presente algo de agresión, pues es un paso necesario en el desarrollo social. A medida que los niños pueden expresarse mejor con palabras, la agresión disminuye.

 

Sin embargo, no todos los niños aprenden a controlar su agresión; algunos se vuelven más y más destructivos. Esto puede ser una reacción a problemas graves en la vida del niño.

 

Los mecanismos que activan la agresión en la vida temprana incluyen:

Refuerzo del comportamiento agresivo: el castigo puede reforzar el comportamiento agresivo ya que algunos niños prefieren lograr una atención negativa a no tener ninguna; sin embargo no siempre es bueno desconocer la agresión y permitirla sin interferir porque puede comunicar un sentido de aprobación.

 

Frustración: puede ser el resultado del castigo, los insultos y el miedo. Un niño frustrado puede ser más agresivo que uno satisfecho. El bloqueo de una meta, y en general cualquier frustración, tarde o temprano  lleva a alguna forma directa o disimulada de agresión hacia la fuente de la frustración, o bien, desplazada hacia otro objeto o persona.

 

Efectos de la violencia por televisión: hasta los niños que no ven modelos agresivos en la vida real si ven muchos de ellos en televisión. Los niños que ven violencia por televisión se comportan con más agresividad, pues imitan lo que ven y comienzan a ver la agresión como un comportamiento aceptable.

 

Los niños con menor nivel de agresividad tienen padres que manejan el mal comportamiento con razonamientos y reiterándoles su aprobación para crear una conciencia fuerte en el niño. Los pequeños a quienes se golpea, amenaza o quitan privilegios presentan una mayor tendencia hacia la agresividad; mientras que los niños golpeados sufren frustración, dolor, humillación, además de que ven un comportamiento agresivo en un adulto con el que se identifica.

 

De acuerdo a las investigaciones realizadas, se ha encontrado que los padres con mayor riesgo para ser violentos actúan pensando que:

Es por el bien de los hijos: creen que el castigo y la violencia son formas adecuadas para educar y aprender.

A mi me educaron así: padres que golpean a sus hijos han sufrido malos tratos y falta de afecto en su niñez.

 

Debes hacer lo que yo digo: los padres creen que los hijos les pertenecen y que tienen un derecho absoluto sobre ellos y su destino.

Son incapaces de controlar sus emociones: los padres que golpean presentan baja tolerancia a la frustración, expresiones inadecuadas de rabia, falta de habilidades paternales, se sienten incompetentes o incapaces como padres.

Actúas así para molestarme: por ejemplo, lloras para que yo no pueda dormir.

No tenemos quien nos ayude

No me siento bien: se ha encontrado cierta relación entre la infelicidad, el sentimiento de inadecuación y la baja autoestima con el maltrato físico.

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