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Influencia de los reforzadores positivos en la estimulación de las habilidades pragmáticas (Parte III)

El  lenguaje  tiene  muchos  subsistemas  relacionados  con  el  sonido, la gramática,  el  significado,  el  vocabulario  y  el  saber  cuál  es  la  forma correcta  de  decir  algo  en  determinada  ocasión  para  lograr  un  fin específico. El conocimiento del lenguaje implica el conocimiento de su fonología, morfología, sintaxis y semántica, así como sus reglas sociales, o pragmática.

2.2.4. Dimensiones del lenguaje

Puyuelo (2000), citado por Gutiérrez (2014), refiere que:

El análisis del lenguaje de un sujeto se basa en el estudio del contenido, forma y uso combinado interactivamente”, agregando que “Cada uno de los apartados se corresponden con aspectos lingüísticos diferentes: Forma (fonología, morfología y sintaxis), contenido (Semántica) y uso (pragmática y aspectos interactivos). (p. 31).

Puyuelo y Rondal, (2003), indica que el aprendizaje y desarrollo del lenguaje están influidos por los aspectos contextuales, en la vida del ser humano. Indicando que se presentan adaptaciones a la forma, refiriéndose a que los interlocutores usan estructuras más sencillas, voz elevada, etc., cuando se dirigen al niño. Adaptaciones del contenido, en las que los interlocutores adaptan también el contenido seleccionando los temas sobre los que el niño ve u oye, y adaptaciones al uso, donde se adapta a las necesidades del lenguaje del niño, comunicando por medio de una respuesta física o verbal y motivando al niño para continuar el intercambio social.

2.2.5. Niveles del lenguaje

Aizpún et al. (2013) hace referencia a los niveles del lenguaje, clasificándolos en:

· Nivel semántico: la semántica abarca los procesos de codificación y decodificación de los significados del lenguaje. A nivel de la recepción, implica la comprensión del lenguaje a partir de nuestro sistema simbólico. A nivel de la expresión, supone la elección adecuada tanto del vocabulario como de la estructura del lenguaje para transmitir significado, el cual obedece al contenido e intención de lo que se quiera comunicar. A su vez se referencia que, a partir de los 18 meses los niños, aprenden entre 9 y 10 palabras nuevas por día tasa que se mantiene más o menos estable a lo largo de los años, indicando que este número de palabras es mayor al que sus padres o maestros intentan enseñarles.
· Nivel morfosintáctico: el sujeto cuenta con una sustancia sonora/gráfica que deberá ser analizada subsecuentemente hasta alcanzar las estructuras fónicas/grafémicas y las relaciones intra e intercláusula que permitan conformar las representaciones morfosintáctica y conceptual correspondientes.
· Nivel fonológico: el input del habla natal actúa como reorganizadora de la sensibilidad al estímulo, facilitando procesos atencionales hacia los rasgos fonéticos de la lengua, permitiendo con ello la identificación y emisión de los fonemas y la configuración de palabras.
· Nivel pragmático: se refiere al uso del lenguaje, enmarcado en el lenguaje verbal y no verbal, lo cual explica que hablamos con palabras acompañadas de gestos, de expresiones faciales, de entonaciones adaptadas a cada situación o estado de ánimo.

Por su parte, Berko y Berstein, (2010), refieren que:

El lenguaje tiene muchos subsistemas relacionados con el sonido, la gramática, el significado, el vocabulario y el saber cuál es la forma correcta de decir algo en determinada ocasión para lograr un fin específico. El conocimiento del lenguaje implica el conocimiento de su fonología, morfología, sintaxis y semántica, así como sus reglas sociales, o pragmática. (p.19).

Este autor define los niveles del lenguaje de la siguiente manera:

· Fonología: “Los niños tienen que aprender a reconocer y producir los fonemas de su propio idioma y combinarlos en palabras y frases con el tipo de patrón de entonación pertinente” (p.20).
· Morfología: “Se encarga del estudio de los morfemas, los cuales son “la unidad de significado más pequeña que tienen un idioma” (p.21).
· Sintaxis: “Incluye las reglas para combinar las palabras en enunciados y oraciones aceptables y transformar unas oraciones en otras” (p.22).
· Semántica: “Incluye nuestro diccionario mental, o lexicón. Las palabras están relacionadas entre sí en redes complejas, y el ser consciente de l as palabras se produce después de que se empiecen a usar” (p. 22).
· Pragmática: “Hace referencia a la utilización del lenguaje para expresar intenciones y conseguir cosas en el mundo” (p. 23).

2.2.6. Pragmática del lenguaje

Entre los usos o habilidades pragmáticas del lenguaje podemos denotar su uso social (saludar) de aprendizaje (informar o pedir información) y control (retroalimentar, turnos de conversación, iniciar o mantener una conversación) (Puyuelo y Rondal, 2003). El niño con alteraciones en el uso del lenguaje “a menudo habla de algo que está fuera de su contexto de comunicación, puede ser repetitivo sin tener en cuenta a su interlocutor, tiene mala fluencia de comunicación, pocas habilidades conversacionales y pobres habilidades sociales, no verbales” (p. 106).

Para delimitar este tipo de alteraciones es necesario conocer cómo se desarrolla la pragmática en los niños.

2.2.6.1. Desarrollo de la pragmática en niños
El niño después de las primeras palabras aprende a usar el lenguaje con otros propósitos tales como llamar la atención, expresarse, e interactuar con otros, además de diversas funciones extra (Puyuelo y Rondal, 2003). De acuerdo con Acuña y Sentis, (2004).

El uso interpersonal del discurso requiere tipos de conocimientos que no corresponden a las reglas de la gramática de la lengua, sino que se trata de habilidades relacionadas con la conversación, entendiendo a esta última como el modo predominante de interactuar a través de la actividad alternada entre participantes mediante el lenguaje (p 55).

A la edad de 6 años en adelante las habilidades pragmáticas del niño están más consolidadas permitiéndoles comprender y producir estructuras lingüísticas complejas, sin embargo la adquisición del lenguaje no está completa (Puyuelo & Rondal, 2003) y ya a los 12 años el niño “usa adverbios, conjunciones y otras formas complejas a nivel morfológico y sintáctico” (p. 101)

2.2.6.2. Dimensiones de la pragmática

De acuerdo con Aizpún et al. (2013) la pragmática cuenta con tres dimensiones principales: pragmática enunciativa, textual y receptiva.

2.2.6.2.1. Pragmática enunciativa

Según Fernandez, Díaz, Moreno, Lopez, y Simon, (2015) son “categorías que surgen por la consideración de cada enunciado como una acción intencional por parte de un hablante, es decir, los actos de habla y los significados inferenciales”. (p. 38) esta dimensión está centrada en la enunciación desde el emisor (Aizpún et al., 2013). Los componentes de esta dimensión son los actos del habla y el significado inferencial.

2.2.6.2.2. Pragmática textual

Fernandez et al. (2015) la definen como “categorías específicamente vinculadas a la naturaleza gramatical del mensaje que construye el hablante, y que para tener tal valor de mensaje debe tener cohesión (adecuación léxica y cadenas correferenciales, estructuras morfosintácticas, conectores) y coherencia (superestructuras textuales)” (p.38). estos se dividen en la superestructura textual (forma sintáctica de la oración) y en el tópico o tema (Aizpún et al., 2013).

2.2.6.2.3. Pragmática receptiva

También llamada pragmática interactiva y hace referencia a las “categorías pragmáticas que surgen al considerar que todo mensaje se dirige a un receptor” (Fernandez et al., 2015, p. 38). Su énfasis se encuentra en la toma de turnos, los solapamientos, las interrupciones, los silencios, las secuencias y cuando existen más de tres hablantes los cruces y escisiones en la conversación (Aizpún et al., 2013).

2.3. Tratamientos para el trastorno del lenguaje
2.3.1. Tratamiento conductual

La perspectiva conductual según Aizpún et al. (2013) asume la planificación intervencionista, implementando recursos cuyo ritmo y presentación sean dirigidos por el fonoaudiólogo, quien asume la provisión unidireccionada de la estimulación. Se emplea la estrategia de modelado para que desarrolle su lenguaje oral de acuerdo a palabras y frases propuestas por el terapeuta.

Otra estrategia conductual está orientada al uso de reforzadores positivos. El reforzador positivo de acuerdo con Bados & García (2011), es un estímulo cuya presentación contingente a una conducta da lugar a un aumento o mantenimiento de esta. Estos autores distinguen diferentes tipos de reforzadores positivos:

· Reforzadores primarios: son aquellos que no requieren de experiencias de aprendizaje para funcionar como reforzadores, por ejemplo: comida, bebida y otros que sean comestibles.
· Reforzadores Secundarios: Son aquellos que adquieren su capacidad reforzante mediante la asociación con otros reforzadores.
· Reforzadores generalizados: Son reforzadores condicionados asociados con diferentes reforzadores primarios y/o secundarios, por ejemplo: afecto, atención, puntos con economía de fichas.
· Reforzadores naturales: son aquellos que se emplean habitualmente en el medio de la persona para reforzar la conducta deseada, por ejemplo: elogios verbales.
· Los reforzadores artificiales: Son aquellos que se emplean habitualmente en el medio de la persona para reforzar la conducta en cuestión, por ejemplo: paseos en bicicleta o juego libre.
· Los reforzadores sociales: Incluyen la atención y los elogios o aprobación.
· Los reforzadores tangibles: Un reforzador tangible es el que se materializa en recompensas reales, físicas; tales como juguetes, dinero u objetos deseados.

El tratamiento conductual para Bados y García (2011):

Consiste en otorgar el reforzador por una reducción en la ocurrencia de la conducta meta. Como consecuencia, la conducta disminuye. Los reforzadores pueden ser entregados por una reducción en la frecuencia global de la conducta dentro de un periodo de tiempo determinado o por un incremento en la cantidad de tiempo que hay entre las ocurrencias de la conducta (Martin y Pear, 1996/1999) (p. 18).

2.3.2. Otras alternativas de tratamiento fonoaudiológico

Desde la perspectiva ecológica o naturalista, la cual parte de las observaciones de las necesidades comunicativas del niño desde su contexto, incorporando en la intervención a los padres y será el fonoaudiólogo quien facilite los medios para establecer una comunicación inteligible entre las partes (Aizpún et al., 2013). De acuerdo con estos autores, el entorno es primordialmente lúdico, y se recuperan vivencias del niño para trabajar contenidos y formas con anclaje representacional, atendiendo a las situaciones de la vida diaria en las que se requiera de la interacción comunicativa.

Otro enfoque de intervención, es el interactivo, el cual se configura a través de la integración del contenido, la forma y los usos lingüísticos. El niño es el actor principal, es él quien propone, a través de sus necesidades espontaneas de comunicación, el eje sobre él se irá estructurando la tarea facilitadora del fonoaudiólogo para alcanzar una comunicación efectiva (Aizpún et al., 2013).

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