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Estimulación del lenguaje en niños menores de 3 años

Es importante que los padres puedan darle el lugar de “apropiación de la palabra” a sus niños, que el ambiente sea favorecedor y generador de pequeñas conversaciones. Es importante que los padres puedan darle el lugar de “apropiación de la palabra” a sus niños, que el ambiente sea favorecedor y generador de pequeñas conversaciones.

La idea de este artículo surge debido a la mayoría de las consultas recibidas en el transcurso de los últimos años en el consultorio.

Desde mi experiencia personal, sentí la necesidad, hace dos años, de comenzar con charlas a jardines de infantes y/o maternales (a modo preventivo) sobre: “La estimulación del lenguaje, desde el juego, en casa”, dirigida a los padres de niños menores de 5 años.

Noté con gran asombro, que la gran mayoría no jugaba con sus niños. Los proveían de juguetes, pero no compartían con ellos la experiencia misma “de jugar”, “de hacer como sí”, “de simbolizar”.  Otros, en cambio, jugaban un ratito con la Tablet y/o el celular, pero al indagar, solo estaban siendo los proveedores de esa tecnología.

Tras las charlas, surgían preguntas, inquietudes varias y luego de un asesoramiento en general y tras sucesivos encuentros, noté que a algunos padres les costaba hablar con esos niños, a incluirlos en las actividades de la vida diaria. Esta constante se daba más que nada en la población menor de 3 años y muchos argumentaban que era porque hablaban poco o mal y casi no les entendían.

Hoy les quiero compartir algo de esa experiencia, para que la pongan en práctica en casa, con los elementos que tengan al alcance de su mano, con la rutina diaria.

 Siempre les digo a los padres, que no son recetas de cocina, son sugerencias “flexibles”, que si ellos entienden lo que les quiero trasmitir y lo que tienen que lograr con cada una de ellas; son libres de cambiarlas según sus costumbres y/o sus necesidades.

 

Algunos tips para poner en práctica:

  • Es importante darle tiempo al niño para que hable, que responda a alguna pregunta, a que pida algo, a que demande.
  • Favorecer los señalamientos al usar palabras como: “allá, acá, ahí, éste, ese, aquel”.
  • Asentir y negar: “si” y “no” con gesto y con palabras al mismo tiempo.
  • Mirarlos directamente a los ojos al hablarles.
  • Ponerse a su nivel al hablarles, si es necesario, arrodillarse o ponerse en cuclillas para quedar a su altura.
  • Prestar atención cuando ellos son los que hablan y mirarlos a los ojos.
  • Debe quedar claro que “la palabra” es importante. Por eso si se habla no se hace otra cosa al mismo tiempo (ejemplo: si le hablo no miro el celular mientras lo hago).
  • Cumplir lo que se dice. Ahí estamos asignándole “valor” a la palabra.
  • Prestar atención a lo que se dice: “vamos a dormir” no es “anda a dormir”. En muchas culturas es común decir: “vamos” incluyendo al adulto que habla en la actividad cuando en realidad no lo es.
  • Buscar frases cortas para favorecer su memorización, al momento de pedirles algo, por ejemplo.
  • Utilizar las actividades de la vida diaria para estimular el lenguaje. (Ej.: momento del baño, desayuno, vestirse, etc.).
  • Estimular a que ayuden en pequeñas cosas del hogar. (Ej.: llevar ropa a lavar, guardar juguetes, clasificar algo, poner la mesa, etc.).

 

Es importante que los padres puedan darle el lugar de “apropiación de la palabra” a sus niños, que el ambiente sea favorecedor y generador de pequeñas conversaciones.

Un ejemplo práctico:

El momento del baño (si tienen bañera es ideal para meter juguetes acuáticos en ella), favorece el reconocimiento de las partes del cuerpo ya que mientras los bañamos podemos decir:

- A ver, a ver… ¿Dónde hay una mano? Tengo espumita para una manito… a ver, a ver… ¿hay alguna mano por acá? Tengo espuma para una mano.

La idea es que ambos disfruten y que el adulto ponga emoción en sus palabras, festejando particularmente sus logros. En caso de que el niño, que puede suceder, no levante su mano y muestre su pie, por ejemplo:

-Ups!! ¿eso es una mano? Me parece que es un pie… a ver a ver.

El adulto puede agarrar el pie del niño y decir:

 - ¡tiene dedos! ¿cuántos hay? 1,2,3,4 y… 5 (siempre se espera unos segundos para que el niño pueda completar la frase, caso contrario continua hablando como si nada).

-Yo quería una mano. Una mano para ponerle espuma (muestra la espuma, por ejemplo). Y se espera la reacción del niño. Se festejará si lo hace bien y le pondrá la espuma prometida en su mano. Caso contrario seguirá a modo de juego mostrando las diferencias entre la mano y el pie. El adulto, podría descalzarse y mostrarle al niño su propio pie diciendo:

 - Este es mi pie, se parece al tuyo. Mi pie es grande y este es igual pero chiquito. Mmmm (como pensando) Es un pie, no una mano… te ayudo, ¡¡a ver… a ver… Acá hay una mano!! La encontré. (agarrando una de las manos del niño).

La estimulación del lenguaje en casa es lo mas enriquecedor para el niño, y cuantas más rutinas acompañemos con lenguaje mejores resultados notaremos. Repito que no son recetas, pero les aseguro que resultan, son ejemplos que deberán adaptar a su cotidianeidad.

 Los niños pueden colaborar acomodando juguetes y nombrarlos, contarlos, mencionar los colores, ayudar a poner la mesa y trabajar así órdenes simples y/o complejas como ser: dale a papi; llevalo a la mesa; tomá la cuchara; llevala al comedor; buscala en tu habitación; arriba de la silla fíjate; etc.

Las rutinas son ideales, porque como su nombre lo indica, son repetitivas: trabajamos partes del cuerpo, vocabulario, colores, números, ordenes simples y complejas, el “si” y el “no, nociones espaciales y/o temporales.

Trabajamos sin darnos cuenta, moldeando su lenguaje, favoreciendo a modo de andamio para que complete su idea.

Turnos de habla, capacidad de espera, tolerancia a la frustración, atención, memoria, un sin fin de ejemplos, podría darles, pero no quiero marearlos, solo darles una idea de la importancia de apoyarlos “desde el lenguaje” y darles el lugar que se merecen en este mundo parlante.

No pedirles que repitan es algo sumamente importante. Lo recomendable es “buscarle la vuelta disimuladamente” y que lo repitan sin darse cuenta. Otro ejemplo práctico y común: el nene dijo “pato” jugando y la felicidad es tal, que cada vez que llega un familiar a la casa, la mama dice: -mostrale a la abuela como decís “pato”, ya dice “pato”, le sale re bien. El nene, huye o bien se niega.

Muy distinto y mas efectivo seria buscar la manera de proponerle un juego, de granja para este caso vendría genial y armarla en el piso: coloco los animales mientras los nombro, pero sin pedirle ayuda. Solo lo invito a jugar a la granja y le anticipo que voy a ir poniendo los animales que más me gustan.

Una opción sería algo así: - Uy!! Me falta un pato. ¿viste un pato por acá? O hacer hablar a los personajes e incentivarlo a que lo mencione sin darse cuenta. Que se saluden entre sí. Ir creando diálogos tentadores que estimulen al niño a hablar.

 De paso también trabajo onomatopeyas, saludos, animales, vocabulario en general, nociones espaciales (arriba, abajo).

No quiero explayarme mas porque es un tema que me apasiona y no es mi intención ejemplificar todo. Espero les sirva, les guste y lo pongan en práctica. Algo que no quiero dejar pasar es que disfruten de sus hijos, de su lenguaje, de su comunicación y que jueguen como si ustedes fueran niños, casi de igual a igual. Que tengan en mente estimular su lenguaje, pero que puedan disfrutar el momento, que no dejen de ser papás. Los terapeutas podremos guiarlos, ayudarlos y trabajar más específicamente. Ustedes deben disfrutar de ser padres y obviamente colaborar en esta “explosión de lenguaje” que buscamos.

La palabra es importante, pero se comunica con mucho mas que eso, con gestos, miradas, posturas. Me gusta hablar de “intención comunicativa”.

 Quiero que el niño comunique, si es con palabras, mejor. Pero me conformo con eso en un principio. La intención de comunicar es el motor que busco para que aflore su lenguaje.

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