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“Cuentan y no paran de contar...” (Parte II)

Cuando leemos un libro, la elocución tiene que ser clara, fundamentalmente, para ello debemos modular bien, evitar un tono monótono y lineal. Nos podemos acompañar con gestos, caras expresivas que sinteticen alguna escena del cuento, tener algún recurso en la manga, por si nos olvidamos algo, salteamos alguna página.

Si los niños y niñas preguntan, las respuestas no se deben dejarse esperar, pero si no conocemos o no estamos seguros de la respuesta, también lo tenemos que hacer notar y dejar claro que la buscaremos y no dejaremos ese pozo vacío, sin respuestas.
 
También es útil hacer conexiones con situaciones reales que viva el niño o niña, su entorno familiar, sus amigos, sus juguetes, sus juegos, los colores, etc. Ello hace que contextualice más su mundo, lo descubra, lo valore y le haga fusionar la realidad con la ficción.
 
Cuando leemos un libro, la elocución tiene que ser clara, fundamentalmente, para ello debemos modular bien, evitar un tono monótono y lineal. Nos podemos acompañar con gestos, caras expresivas que sinteticen alguna escena del cuento, tener algún recurso en la manga, por si nos olvidamos algo, salteamos alguna página. El encanto y el ritmo del cuento, no se debe romper bajo ningún concepto.
 
El humor puede hacer que cuento crezca a puntos de incentivación inimaginable. La risa relaja, destensa en el amplio sentido de la palabra, crea entusiasmo, inquietud y compenetra más aún, en lo que estamos leyendo o narrando.
 
La narración, se puede apoyar de diferentes recursos, por ejemplo: marionetas, títeres de dedos, incluso con algún disfraz o máscara. Nada está vetado a la hora de contar un cuento.
 
Hay muchas formas tradicionales de iniciar un cuento: “cuentan y no paran de contar”, “en un país muy lejano”, “había una vez”, “Erase una vez en una tierra olvidada…” cualquiera de estas fórmulas puede ser la apertura del telón mágico para disfrutar de la narración.
 
También hay fórmulas para cerrar el cuento, como por ejemplo: “cuento contado, cuento acabado”, “colorín colorado, este cuento se ha acabado”, “y así se rompió una taza y cada uno a su casa…”, “esta es la verdad y así te lo cuento”.
 
A los cuentos, les podemos sacar mucho partido. La simbología que encierran permite abordar los miedos, potenciar las fortalezas y transformar situaciones que provocan desconocimiento, intriga, incerteza.
 
Cuando son muy pequeños, las nanas, las canciones infantiles, las rimas, suelen llamar mucho la atención de los bebes. Tal vez, sean estos recursos, los más indicados a la hora de introducir las narraciones.
 
Cualquier momento puede ser oportuno para leer un cuento. Se necesita tranquilidad, un espacio relajado donde no se den las distracciones. Muchos expertos, coinciden que para conciliar el sueño, el cuento tiene su momento álgido.
 
Lo móviles, la televisión son los máximos distractores. Por ello, hay que desconectarlos.
 
La repetición de los cuentos, forma parte de su evolución, se pone en acción la memoria, el lenguaje y los nuevos procesos de aprendizaje. Volver a repetir un cuento, les da seguridad, ya que conocen al pie de la letra, que va a suceder, pueden anticipar e incluso pueden cambiar el final a su gusto.
 
Los adultos debemos apreciar el momento en el que el niño o niña quieran leer solos el cuento. Esta acción les llena de orgullo, hace que su autoestima se desplace por los cuatro costados de sus cuerpos. Les da soltura para hablar en público, ya que muchas veces, pueden hacerlo extensible a otros miembros del núcleo familiar, como hermanos, primos e incluso amigos. 
 
En este punto debemos dar el máximo de nuestro apoyo y soporte para que se explayen y sean capaces de narrar solos. La aventura de leer ya tiene su barco y es momento de soltar amarres y velas…

 

 

Referencias

 Educamos en prejuicios o educamos en valores. Educaciónoctubre, (pp. 63-73), Madrid. 2002.
Los cuentos siguen contando. Algunas reflexiones sobre los estereotipos, Cuentos infantiles y Proyecto Jugar sin barreras, Fundación FASAD,
Las mujeres protagonistas de los cuentos, en Cuadernos de literatura Cuentos infantiles, alas abiertas: con equidad e igualdad. Panamá.
Una semilla de luz. Alfaguara, 2002.
¿Quién ayuda en casa? Ricardo Alcantará Edelvives. 1994.
El hombrecito vestido de gris y otros cuentos. Fernando Alonso Alfaguara.1983.
La princesa listilla. Barbette Cole Destino. 1995.
El príncipe ceniciento. Barbette Cole Destino. 1988.
Federico y Federica. Virginie Dumont Lumen. 1999.
Lucía no teme a la oscuridad y Camino con dos bastones García Gago. Ed. Llibros del Pexe.
Los fantásticos mundos de Lucía. Ana Manrique Ediciones Tao. 2002.
 

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