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Lo que la lingüística NO enseña ¿Quién lo hace?

Toda palabra debe sopesarse antes de articularla o pronunciarla, porque cada palabra  puede producir en el mundo, mucho de útil,  o,  mucho daño. La palabra dura siempre nos persigue y nos cae, más tarde,  sobre el quien la pronunció como un “rayo de venganza”.

Hoy por hoy esta ciencia del lenguaje es manejada por unas pocas profesiones  que tienen que ver con la comunicación. La mayoría desconocen o NO conocen el ámbito de acción de esta ciencia del lenguaje y cómo ésta influye en el desarrollo profesional de cualquier índole. Donde más relevancia tiene es en aquellos campos relacionados con la formación de profesores de lenguas (castellano, inglés, etc.), por excelencia en fonoaudiología, algo en los profesores de educación diferencial (audición y lenguaje), y periodismo. Otras también como en el ámbito del Derecho, Economía, la Medicina, Ingenierías, Política, Relaciones Públicas, etc.

H. Maturana, nuestro biólogo y filósofo, acuñó la expresión “vivimos en el lenguajear”, “el lenguaje crea realidades” ignorando la cantidad inmensa de áreas afines que han estudiado ampliamente la relación entre lenguaje y pensamiento, entre otros desde la antropología Whorf, Sapir, Luria, Vygosky. AJuriaguerra, Azcoga, Piaget desde la neuropsicología. Brocá y Wernicke desde la neurología, Jerome Bruner desde la educación/aprendizaje. W. Lavob, D. Hymes, Halliday desde la sociología (el lenguaje como semiótica social), coinciden en que ES LO OPUESTO  a lo planteado por el insigne biólogo y filósofo: la realidad crea el lenguaje si vamos al campo de los orígenes del lenguaje veríamos lo contrario (tema para otra columna). J. Adoum enseñó que las  “formas de hablar delatan al verdugo”. C. Kramsch, Emérita en Departamento de Lingüística de la Universidad de California, Berkely EE.UU. plantea en “Language as Symbolic Power”  que el lenguaje no solo es una herramienta de comunicación sino un poder simbólico cuando dice “hablo, luego soy”. Pensemos un poco en la relación médico-paciente, abogado-cliente, vendedor-cliente, economista- auditor (charla, conferencia, exposición). O el periodista en un panel de radio-TV, en la lectura de noticias.  Cada cual no se bajan de su escenario respaldado por su profesión y por el manejo del conocimiento en su especialidad.

En la Ciencia de Hermes o Filosofía Oculta (revelaciones de los supremos secretos) encontramos sobre la importancia de desarrollar las virtudes contenidas en el alto  sentido de responsabilidad en el uso de la palabra. En el antiguo Egipto los neófitos que aspiraban a ser admitido en esta “ciencia” o conocimiento eran probados  en el sabio uso del verbo ya que así se podía medir la “calidad humana”, o nivel ético de la persona y los logros alcanzados en las formas de comunicarse con los demás. Dentro de este mismo campo, son muchas las ideas que se pueden rescatar con el fin de valorar el hecho de ser “homo loquens” , hombre con la facultad del lenguaje articulado, pero no le prestamos mucha atención.

Es urgente, hoy más que nunca, comprender la belleza de lenguaje; es necesario que nuestras palabras lleven  en sí mismas la “substancia de la sinceridad”. Jamás debemos usar palabras arrítmicas, inarmónicas (taquilalia), groseras o absurdas. Cada palabra debe ser una verdadera sinfonía y llena de belleza espiritual (como lo apreciamos en la poesía). Toda palabra debe sopesarse antes de articularla o pronunciarla, porque cada palabra  puede producir en el mundo, mucho de útil,  o,  mucho daño. La palabra dura siempre nos persigue y nos cae, más tarde,  sobre el quien la pronunció como un “rayo de venganza”. El mal uso de la palabra crea “larvas y desgracia”. Hoy duele cómo se abusa de la palabra  llenando de dolor al mundo en los discurso de los líderes del mundo. La maledicencia es la peor de las blasfemias, debemos realizar la perfección del lenguaje. Leadbeater (1996 ) dice en “The Inner Life” (La Vida Interior) que debemos “aprender a manejar el órgano sexual del verbo”  pues podemos crear cualquier cosa con el pensamiento  y materializarla por medio de la palabra.

Sobre lo precedente, si Ud. es filósofo, o científico o persona de sentido común, podemos combatir teorías, pero jamás hablar de la vida privada de su exponente. Es tan malo hablar cuando se debe callar, como callar cuando se debe hablar; hay silencios delictuosos, y también palabras infames; uno debe hablar cuando debe hablar, y callar cuando debe callar es la “sabiduría de la palabra”, sostiene J. Adoum.  Hemos perdido la noción de sinceridad, por lo mismo el ser humano sufre y se mueve más y más en “este valle de lágrimas”. Las palabras humanas están llenas de mentiras e hipocresía; las palabras embusteras “engendran monstruos”, es el karma de la palabra falsa pronunciada en existencias anteriores (budismo: a una Isla Blanca jamás podría llegar un mentiroso). La palabra debe salir del corazón, no de los distintos agregados psíquicos que en nuestro interior cargamos. Si brotara la palabra de la esencia, ésta sería pura y perfecta, pero como hemos desarrollado tantos egos o agregados psíquicos cuesta mucho tener confianza con quien hablamos.

Concluyendo, reflexionemos sobre una anécdota que le ocurrió a Sócrates relacionada con el “cuidado de la palabra”:

               “¿Te has enterado, Sócrates?...

                  Un momento amigo – interrumpió el filósofo - ¿supongo que lo que vas contarme es

                  cierto?

                  No, pero me lo contaron otros.

                  Entonces no valdría la pena repetirlo, a menos que se tratara de algo bueno ¿Satisface

                  los criterios  de bondad?

                  No, todo lo contrario…..

                  Ah! Y dime ¿es necesario que sepa yo para evitar el mal a otros?

                  Realmente no

                  Bien, en tal caso – concluyó Sócrates – olvidémoslo.. ¡Hay en la vida tantas cosas

                  que valen la pena! ¿Para qué molestarnos con algo tan despreciable, que ni es verdad

                  , ni es bueno, ni útil?

       VERBUM EST LEX

 

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