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La interdisciplinariedad y la retroalimentación de saberes y prácticas en la atención temprana de niños sordos (ParteI)

Es importante considerar que la sordera no afecta exclusivamente a la comunicación y el lenguaje sino a la maduración de la persona en forma global, debido a que los desarrollos cognitivo, comunicativo-lingüístico y socio-afectivo están íntimamente relacionados y se influyen mutuamente.

Resumen

Este trabajo se enmarca en las actividades propuestas dentro del Proyecto de Investigación Consolidado: Inclusión de personas con discapacidad. Accesibilidad. Interrelaciones entre salud y educación, de la Universidad Nacional de San Luis, Argentina.

En el mismo se busca realizar un análisis de las características actuales de la atención temprana de niños sordos y los posibles abordajes en esta población tan heterogénea. Por otro lado, se plantea la importancia del trabajo interdisciplinario que permita la retroalimentación con el fin de lograr una atención integral de la población mencionada.

Introducción

La Atención Temprana (AT) es una disciplina muy joven, con alrededor de seis décadas de historia. Es lógico, por tanto, que aún deba evolucionar y encontrar nuevos enfoques para el desarrollo de prácticas y programas cada vez más efectivos.

Una de las mayores preocupaciones que han marcado la breve historia de esta disciplina, ha sido encontrar la manera de integrar la atención a las necesidades del niño con la atención a las necesidades de su familia y el entorno. Fruto de esa evolución, en la actualidad estamos viviendo un acercamiento a la utilización de prácticas centradas en la familia.

En ese sentido, los documentos europeos e internacionales publicados en los últimos 20 a 30 años, relacionados con los conceptos, principios y métodos de la AT, muestran una evolución en las ideas y las teorías. Las aportaciones de varios autores (Bailey et al., 1993; Casado, 2006; De Linares & Rodríguez, 2004, 2005; Espe-Scherwindt, 2008; Millá & Mulas, 2005, Perpiñán, 2009, Shonkoff & Meisels, 1990; Watts, McLeod & McAllister, 2009a, 2009b) desde distintas perspectivas teóricas han contribuido a la evolución de los conceptos y, consecuentemente, a la de la práctica. Podemos dividir sus contribuciones en dos ejes centrales:

1. el desarrollo de un nuevo concepto de AT, en el cual la salud, la educación y las ciencias sociales (psicología), están directamente involucradas.

2. el cambio que se ha realizado en las propuestas de trabajo. Desde planes centrados primordialmente en el niño, a los que plantean enfoques cada vez más amplios, implicando no solamente al niño, sino también a la familia, al entorno y profesionales intervinientes (Peterander, 2000; Blackman, 2003).

Asimismo, este cambio conceptual que describimos implica una visión globalizadora de atención. Como consecuencia de esa reconceptualización se va imponiendo un cambio terminológico: la estimulación precoz va dejando lugar a la atención temprana (Libro Blanco de la Atención Temprana, 2000; Coriat, L, 2017; Herrera, V., 2006; Perez Sanchez, I., 2006).

Al respecto, el término de AT ya incluye, un conjunto de actuaciones dirigidas al niño, a la familia y al entorno. Este último no se refiere exclusivamente al entono inmediato del infante, sino que se amplía a todas las personas que intervienen e interactúan profesionalmente con él.

En este sentido, en el Libro Blanco de la Atención Temprana (2000), se expresa que “la intervención en Atención Temprana implica a profesionales con distintos itinerarios formativos que deben trabajar en un ámbito interdisciplinar. El concepto de interdisciplinariedad va más allá de la suma paralela de diferentes especialidades y por este motivo, la preparación de este colectivo implica tanto la formación académica en una disciplina específica, con una titulación de base, como la formación en un marco conceptual común a todas ellas. Esta doble vertiente de la formación debe tener su propio espacio de desarrollo a través de la reflexión y el trabajo en equipo, incluyendo una visión integral del niño, su familia y su entorno. La confluencia de los diversos ámbitos del conocimiento permitirá el óptimo ejercicio de la práctica profesional”.

De acuerdo con esto, la interdisciplina consiste en la relación recíproca entre disciplinas en torno a una misma situación o fenómeno concreto. Pero sobre todo implica la transferencia de saberes así también como el intercambio y la retroalimentación de los conocimientos teóricos y empíricos de distintas disciplinas. Según Martínez (2006) se considera lo interdisciplinario como “(…) los estudios que reúnen varios investigadores de diversas disciplinas pero con interacción de términos, enfoques y metodología, lo cuales se integran desde el comienzo, teniendo en cuenta los procedimientos y trabajo de los otros en vista a una meta común que define la investigación”.

Desarrollo

“Cuando hablamos de AT es preciso dar las razones que avalan la intervención de un equipo en un momento tan importante para el desarrollo de un bebé. Cabría preguntarse si es lícito abordar este tipo de trabajo introduciéndose en un ámbito tan íntimo y privado como lo es el núcleo primario del lactante. La respuesta es que muchas son las razones que motivan un tratamiento precoz en el caso de los niños sordos” (Fourcade, 1998).

Al respecto, según Koutlak (1996), se reconoce la importancia de las experiencias tempranas ya que influyen en el desarrollo de las conexiones entre neuronas. De igual manera, investigaciones de Park & Peterson (2003), prueban que la riqueza de experiencias durante los primeros años de vida pueden condicionar positivamente el desarrollo del cerebro. Esto aportaría en el desarrollo del lenguaje, de habilidades para resolver problemas y en la adquisición de diferentes capacidades útiles para toda la vida.

La evolución que experimentan los niños desde el nacimiento –incluso desde la concepción- hasta los primeros años de vida, no se puede comparar con ningún otro estadio de la vida, dado que se encuentra en una etapa de maduración y de importante plasticidad. Investigaciones recientes demuestran que las neuronas, en los primeros años de vida, frente a una lesión o muerte, asumen funciones que les corresponden a otras células nerviosas, estableciendo redes neuronales que paulatinamente irán perdiendo la plasticidad inicial. Por lo tanto, cuanto menor sea el tiempo de deprivación de los estímulos mejor aprovechamiento habrá de la plasticidad cerebral y potencialmente menor será el retraso (Shonkoff, 2000).

Aquellos niños que presentan una situación de privación sensorial, como ocurre con los niños con pérdida auditiva, necesitan mayormente la AT.

Dada la situación lingüística particular de los niños sordos, pertenecientes a una díada heterogénea (en su mayoría hijos sordos de padres oyentes), hace indispensable y urgente una intervención temprana para dotarlos de un código comunicativo que les permita expresar sus necesidades, sentimientos, planificar su conducta e interactuar con los otros y por consiguiente posibilitar el desarrollo del lenguaje; por lo que el entorno familiar es el primer espacio de integración que deben conquistar.

A partir de lo expuesto, en el caso de la población de niños sordos, la AT y la interdisciplinariedad con que se debe abordar, es imprescindible por las características particulares y heterogéneas de la población mencionada.

Es importante considerar que la sordera no afecta exclusivamente a la comunicación y el lenguaje sino a la maduración de la persona en forma global, debido a que los desarrollos cognitivo, comunicativo-lingüístico y socio-afectivo están íntimamente relacionados y se influyen mutuamente. En este sentido, si una persona sorda no dispone de un código que le permita comunicarse y representar la realidad, su desarrollo cognitivo podría comprometerse, ello a su vez interviene de forma negativa en el desarrollo del lenguaje. Del mismo modo, los límites en la comunicación generan inmadurez en el aspecto social y afectivo, dado que la comunicación es una herramienta básica en toda interacción social. La comunicación nos permite formular y comprender ideas, planificar y adaptar nuestra conducta y comprender las de otras personas; como señala Vygotski (1982) el lenguaje es el instrumento de mediación para la acción.

Según estadísticas mundiales el 95% de los niños sordos nacen en familias oyentes. Esta la situación lingüística particular, hace indispensable y urgente una intervención temprana para dotarlos de un código comunicativo que les permita expresar sus necesidades, sentimientos, planificar su conducta e interactuar con los otros y por consiguiente posibilitar el desarrollo del lenguaje; por lo que el entorno familiar es el primer espacio de integración que deben conquistar.

En el abordaje de la AT de los niños sordos, no se debería pensar en un equipo interdisciplinario estanco y permanente en cuanto a los profesionales involucrados en él, ya que las características de la población y la formación disciplinar que se requiere, debe constituir un cuerpo organizado y coherente de conocimientos, formado a través de la colaboración interdisciplinar, nutriéndose de diversos enfoques y modelos que permitan la convivencia de varios círculos científicos.

Al respecto, en el caso de la población sorda y dada la heterogeneidad de la misma, se deben analizar y estudiar las condiciones, características y necesidades del niño y su familia, para seleccionar el equipo profesional interviniente más adecuado para el caso en cuestión.

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