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Comunicación Aumentativa y Alternativa en niños con Retraso Inicial del Lenguaje (Parte I)

Existen distintos programas de intervención adaptados a niños con Retraso Inicial del Lenguaje. Estos van desde el monitoreo sistemático del desarrollo del lenguaje y la modificación del entorno, hasta intervenciones enfocadas en el desarrollo de aspectos específicos del lenguaje. Los resultados de la evaluación orientarán la toma de decisiones en beneficio del menor.

Los niños con Retraso Inicial del Lenguaje (también llamados hablantes tardíos o niños con inicio tardío del lenguaje) presentan desafíos muy tempranos en su desarrollo. Quizá lo más evidente para los padres, el personal educativo o los profesionales de la salud sea la ausencia o limitada expresión de las primeras alrededor del primer año de vida. También es posible que, antes de esta edad, algunos pequeños muestren retraso en otras habilidades denominadas prelingüísticas, las cuales con frecuencia pasan desapercibidas por las personas cercanas al menor.

Tras la presencia de estos signos tempranos de retraso, alrededor de los 24 meses la situación suele acentuarse. Algunos niños llegan a esta edad sin decir una sola palabra o con un repertorio muy limitado. Esto puede acompañarse de la ausencia de otras conductas, como el juego apropiado para la edad, la toma de turnos o el uso de la mirada para regular la interacción social, entre otras. Más adelante, también se observa la ausencia de hitos lingüísticos esperados, como la combinación de dos o más palabras.

Cuando se toma la decisión de buscar apoyo profesional, junto con los padres de familia se deben considerar aspectos clave para el abordaje del caso. En primer lugar, es necesario elaborar un plan de evaluación que dependerá, en gran medida, de las características iniciales reportadas por los padres, ya que los perfiles de los niños pequeños son heterogéneos (ASHA, 2026). Se ha encontrado que algunos niños presentan dificultades únicamente en la expresión, mientras que otros muestran dificultades tanto en la expresión como en la comprensión. Diversos estudios describen con mayor detalle estos perfiles (Desmarais et al., 2010).

Los resultados de la evaluación permitirán trazar el camino a seguir en el proceso de intervención. En niños de entre 18 y 35 meses, este dependerá de los hallazgos; por ejemplo, si el menor presenta una condición del neurodesarrollo, una condición médica o dificultades específicas en la expresión, en la comprensión o en ambas.

Existen distintos programas de intervención adaptados a niños con Retraso Inicial del Lenguaje. Estos van desde el monitoreo sistemático del desarrollo del lenguaje y la modificación del entorno, hasta intervenciones enfocadas en el desarrollo de aspectos específicos del lenguaje. Los resultados de la evaluación orientarán la toma de decisiones en beneficio del menor.

Una de las opciones de intervención que con menor frecuencia se considera es el uso de sistemas aumentativos y alternativos de comunicación. En torno a estos existen diversas creencias que han limitado su implementación en niños con dificultades del lenguaje. Una de las más extendidas es que su uso interfiere con la aparición del lenguaje oral; es decir, que si el niño utiliza estos sistemas, no desarrollará el habla. Otra creencia errónea es que si el niño produce algunas palabras, no requiere este tipo de apoyo. Estas ideas han provocado que muchas personas sean privadas de estas estrategias o que su implementación ocurra tardíamente, lo cual puede limitar o ralentizar los resultados de la intervención.

Los sistemas aumentativos y alternativos de comunicación (SAAC), también conocidos como comunicación aumentativa y alternativa (CAA), hacen referencia a todas aquellas formas mediante las cuales una persona puede comunicarse además del habla (ASHA, 2026). Por su parte, ARASAAC (2026) los define como “formas de expresión diferentes del lenguaje hablado que tienen como objetivo aumentar el nivel de expresión (aumentativo) y/o compensar (alternativo) las dificultades de comunicación”.


Los SAAC han sido ampliamente utilizados en diversas poblaciones, como personas con síndrome de Down, discapacidad intelectual, parálisis cerebral y autismo. Es en el ámbito del autismo donde han tenido mayor difusión en los últimos años; sin embargo, su uso es amplio y se ha extendido a personas con diversas dificultades comunicativas, sean secundarias a otros eventos o propias del desarrollo comunicativo, tanto temporales como permanentes, en distintas etapas del ciclo vital.

La Asociación Americana del Lenguaje, Habla y Audición clasifica los los SAAC en dos grandes grupos los sistemas de comunicación sin ayuda y con ayuda. Los primeros no utilizan equipo electrónico, ni salida de voz, mientras que los segundos corresponden a los dispositivos electrónicos con o sin salida de voz. Simmons et al. (2021) mencionan que “Los sistemas CAA tradicionales abarcan un continuo de complejidad tecnológica y especificidad de uso.” De este modo estarían, en cuanto a complejidad de la tecnología; no tecnología (uso de gestos, lenguaje corporal, entonación vocálica, entre otros), baja tecnología (uso de objetos del entorno y apoyos visuales, intercambio de imágenes), tecnología media (dispositivos generadores de voz con pantallas estáticas o fijas) y alta tecnología (uso de dispositivos de voz sintetizada y pantallas dinámicas).

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