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Desarrollo del lenguaje y detección de sus trastornos en el niño y la niña. (Parte V)

Los padres y los adultos que rodean a los niños pequeños a menudo notan más las dificultades de expresión que de comprensión del lenguaje: “No habla bien, no articula bien, no se entiende lo que dice…” ; preocupándose más por su forma de articular, que por sus niveles de comprensión.
Alteraciones en el desarrollo del lenguaje.

Cualquier defecto de la audición, incluso moderado, repercute en el desarrollo del lenguaje y es por eso que la exploración de las competencias auditivas ha estado asociada a esta primera parte. Por ejemplo a los 6 meses: recepción, el niño se gira hacia el ruido o hacia la voz; expresión, balbucea; interacción, cuando se le habla, responde mediante vocalizaciones.


Los padres y los adultos que rodean a los niños pequeños a menudo notan más las dificultades de expresión que de comprensión del lenguaje: “No habla bien, no articula bien, no se entiende lo que dice…” ; preocupándose más por su forma de articular, que por sus niveles de comprensión.

Sin embargo, el desarrollo del lenguaje puede verse perturbado en sus aspectos de comprensión y/o de expresión a los niveles fonológicos, morfosintácticos, léxicos y pragmáticos.

La capacidad de comprensión del niño es la base del desarrollo del lenguaje y precede a su capacidad de expresión. Cuando el niño pequeño crece, sus posibilidades de comprender siguen precediendo a sus capacidades de expresarse. La observación de la comprensión es por lo tanto primordial.

Entre 12 y 18 meses, el niño debe poder asimilar los mensajes verbales sin apoyarse exclusivamente en lo no verbal. El nivel de comprensión puede fácilmente inducir a error o ser ilusorio. El niño parece comprender una consigna simple, pero de hecho comprende solamente la situación y no el mensaje lingüístico. Ejemplo: “venga, que nos vamos”, de hecho ve a su madre coger su bolso y / o suéter.

Las alteraciones transitorias existen de manera normal en el niño a lo largo de su desarrollo del lenguaje. Hay que diferenciar los trastornos importantes, por ejemplo la no asimilación de ciertos fenómenos, inteligibilidad limitada de la palabra y otros… Trastornos de la palabra: las palabras son deformadas, simplificadas o inacabadas (sustituciones, omisiones y otros…)

Retraso del lenguaje: Se puede hablar de retraso cuando el niño no está en disposición, a una edad determinada, de comprender y/o de expresarse por medio de palabras y de frases en referencia a su edad cronológica habitualmente descrita.

El uso de jergas o de estereotipos nos debería orientar hacia una patología específica del lenguaje.

Consecuencias.

La magnitud de las consecuencias de un retraso del desarrollo del lenguaje está ligado a diversos aspectos, entre los cuales sobresalen:

La naturaleza de las dificultades: palabra, lenguaje, comprensión, expresión y otros …

Origen de los problemas: auditivo, mental, disfunción cerebral, afectivo…

Particularidades de la familia:

La familia puede a veces colaborar en atenuar las dificultades de comprensión y de expresión mediante ciertas conductas (código familiar, mímica, palabras clave, …). Esto evitará o retrasará trastornos de comportamiento y un aislamiento del niño. Por el contrario, la persistencia de tales medios puede sin embargo reforzar el retraso del lenguaje.

Algunas actitudes inadecuadas frente a las dificultades de expresión del niño pueden fijar una patología (tartamudeo por ejemplo…). Si el niño (a) no comprende lo que se le dice, no actúa o no responde en función de la petición de su interlocutor y su respuesta no es adecuada.

Los aspectos sintácticos y semánticos del discurso que el adulto le propone, no están integrados. Por consiguiente, el niño tiene dificultad para expresarse y el factor comunicacional no se realiza.

Los problemas de comunicación repercuten también en la relación: si las iniciativas lingüísticas del niño o de los padres no tienen una respuesta adaptada, pueden aparecer por ambas partes manifestaciones de frustración; en el niño se puede notar una inhibición, una inestabilidad, una hiperactividad, …

El niño es consciente de sus limitaciones de expresión y de sus errores a través de las correcciones de su entorno; si estas son excesivas, puede aparecer un bloqueo con rechazo y cólera.

Por tanto, sin la ayuda especializada (Profesional en Lenguaje), estas dificultades corren el riesgo de producir una repercusión en su lenguaje escrito, ante una falta de detección e intervención oportuna.

Conclusión:

Dificultades auditivas, visuales, neuro-motrices, cognitivas, relacionales, pueden impedir o retrasar el desarrollo de la palabra y del lenguaje.

Es de vital importancia escuchar y tener en cuenta las inquietudes de los padres – madres y realizar trabajos en el área de prevención y detección temprana, hacer pruebas específicas e indispensables para confirmar o invalidar el diagnóstico.

El niño hablará si su entorno se comunica con él, si ve los gestos, si entiende y comprende las palabras de aquél que le habla, si puede hacer movimientos que induzcan a la palabra.

 

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