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El intérprete de lengua de señas en la integración de niños sordos a instituciones educativas comunes.(Parte V)

Abrir el debate y analizar las prácticas profesionales del intérprete de lengua de señas en el ámbito educativo, en una tarea necesaria para mejorar la competencia de todos los actores comprometidos en el proceso de integración.

La practica profesional comprometida del intérprete en las instituciones educativas comunes
 
Al hacer referencia al papel que le toca al intérprete dentro del acto educativo, se hacía mención a este como un sujeto que se inserta en la tríada didáctica y a su vez tiene una función de mediador entre dos lenguas y entre dos culturas. Por lo tanto, tal como lo menciona Famularo (2009) “Los intérpretes de LS-LO que hacen de la interpretación su actividad habitual, constituyen un grupo profesional, empírico o titulado, vinculado con al menos dos comunidades, dos lenguas y dos culturas”.
 
Es por eso, que el compromiso y la responsabilidad del intérprete en su práctica es fundamental, ya que no valdrá de nada ser competente en la lengua si no se hace real el ideal ético del que se hacia alusión anteriormente.
 
Ante esta situación, es necesario abandonar algunas prácticas que pueden instaurarse –de forma conciente o no- en la labor cotidiana dentro del aula, enmarcadas en el proceso de integración de niños sordos.
 
Dichas prácticas implican ir mas allá de la función específica y comenzar a ocupar roles destinados a otros actores responsables en el proceso de integración. Un ejemplo de ello, es el caso del intérprete que traduce los intercambios comunicativos entre docente – alumno o entre el alumno sordo y sus compañeros oyentes, pero también le ofrece al sujeto sordo, información que el docente no esta diciendo. Esta es una precaución que se debe tomar, ya que ante el afán de que se comprenda adecuadamente el mensaje en una situación comunicativa inmediata, se opta por dar respuestas a consignas o ayudas extras que son intervenciones poco adecuadas si se busca que el sujeto sordo sea independiente en su proceso de aprendizaje.
 
Por otro lado, están aquellos momentos en donde el intérprete se convierte en maestro integrador del alumno sordo dentro del aula. En este caso, es preciso tomar precauciones, ya que en algunos lugares los intérpretes no tienen una formación pedagógica que los habilite para llevar a cabo esta tarea. Dicha función está destinada a profesores de sordos o de educación especial especializados en la materia. También el hecho de que el trayecto de formación del intérprete en ciertas provincias, no demande la presentación de un certificado de finalización de estudios del nivel medio para comenzarlo, agrava más aun la situación, ya que se puede acceder al estudio de la lengua de señas y estar capacitado para ejercer la interpretación, pero de ninguna manera estar preparado para mediar el proceso de enseñanza y aprendizaje.
 
Aquí se puede advertir la importancia de delimitar y clarificar una función dentro de las aulas comunes, para ejercerla con compromiso y responsabilidad.
 
Sin embargo, pueden darse otras situaciones, como es el caso de los intérpretes que tienen también la tarea de ayudar a los alumnos oyentes en sus actividades, ejerciendo el rol de docente auxiliar. Aquí es válido trascribir y tomar como propia la pregunta que enuncia Famularo (2009) “¿Qué pasa cuando se le pide a un intérprete que vaya a sacar fotocopias para el profesor cuando el estudiante sordo está haciendo un trabajo escrito o cuando se le pide que se quede en el aula con los estudiantes porque el profesor está ausente?”. La respuesta a este interrogante es clara: en este caso se esta delegando una responsabilidad que no le compete al profesional.
 
Todas las situaciones analizadas y otras que puedan originarse, están relacionadas con el carácter reciente de esta profesión, con unos límites todavía difusos no solo para los que la llevan a cabo sino también para la comunidad escolar que de a poco va comprendiéndola.
 
 
Conclusión
 
Abrir el debate y analizar las prácticas profesionales del intérprete de lengua de señas en el ámbito educativo, en una tarea necesaria para mejorar la competencia de todos los actores comprometidos en el proceso de integración. Esta debería ser una constante para propiciar el perfeccionamiento de la tarea que se realiza, ya que parafraseando a Burad (2008) el propósito de la labor desempeñada, es la primacía del bien común sobre el bien particular y del interés general sobre el interés privado.
 
El bien común hace referencia no solo a los alumnos sordos hablantes de lengua de señas integrados a escuelas comunes, sino también a sus padres y al personal de la institución en la que se trabaja y en la que se debe ejercer comprometidamente la tarea. En consecuencia se desarrollará, con la mediación del intérprete, un exitoso proceso de enseñanza y aprendizaje conducente a una verdadera integración.

 

 

Referencias

- BURAD, Viviana (2008). Deontología para Intérpretes de Lengua de Señas. Publicación recuperada de www.cultura-sorda.eu
- DOMÍNGUEZ GUTIERREZ, Ana Belén y ALONSO BAIXERAS, Pilar (2004). La educación de los alumnos sordos hoy. Perspectivas y respuestas educativas. Ediciones Aljibe. Málaga.
- FAMULARO, Rosana (2009). Roles y actores en la escuela inclusiva: el caso particular del intérprete para sordos. Publicación recuperada de www.cultura-sorda.eu
-  MACCHI, Marisa y VEINBERG, Silvana (2005). Estrategias de prealfabetización para niños sordos. Noveduc. Buenos Aires. Argentina.
- MARCHESI, Álvaro. (1998). El desarrollo cognitivo y lingüístico de los niños sordos. Alianza. Madrid.

- PEREZ DE LARA, Nuria (1998). La capacidad de ser sujeto. Más allá de las técnicas en Educación especial. Laertes. Barcelona.  

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